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‘Lorenzaccio’, o la dignidad del disoluto supuesto

junio 27, 2016

LORENCARTEL

Espectáculo en francés

Fruto de una suerte de proyecto de intercambio que propició que la Compañía Nacional de Teatro Clásico representase El Alcalde de Zalamea en Burdeos, ahora el Teatro Nacional de Burdeos en Aquitania presenta una versión de Lorenzaccio, obra de Alfred de Musset que es una de las cumbres de romanticismo teatral francés que ha llamado la atención de grandes nombres galos de los dos sexos, en una producción que dirige Catherine Marnas y estrenada en Burdeos en Noviembre del pasado año.

Lorenzaccio toma como punto de partida las intrigas de la saga de los Medici para centrarse en la figura de Lorenzo de Medici, Lorenzaccio, joven noble que acaba cayendo en desgracia y perdiendo todo su futuro y el respeto de todos cuando decide entregarse a los vicios desenfrenados como su primo Alejandro de Medici. Pero detrás de esta caída al vacío hay una firme voluntad ética y política: Lorenzaccio quiere asesinar a Alejandro, convirtiéndose así en una suerte de héroe del pueblo que defienda la causa liberal, al precio de perderlo todo; desde su reputación hasta su propia dignidad. Alrededor de esta trama principal -el combate encubierto Alejandro-Lorenzo- se inscriben también las intrigas políticas -la de la familia Strozzi, enfrentada a los Medicis por una causa que encuentran más justa, y duramente castigada por el tirano- y diversas intrigas amorosas que implican a los distintos personajes, y que habitualmente tienen que ver con el gusto por el vicio de Alejandro de Medicis -será precisamente el vicio lo que le acabará llevando a la perdición-; o incluso con luchas internas de poder -la ambición del Cardenal Cibo por medrar y cómo usa a la Marquesa de Cibo para conseguir sus propósitos-.

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Lo más interesante de este texto -que se ubica evidentemente en los presupuestos típicos y tópicos del teatro romántico en más de una y dos ocasiones- es que dibuja una serie de personajes llenos de aristas y carcomidos por la duda, que evolucionan a lo largo del relato; un relato que además traza una audaz radiografía política que es perfectamente extrapolable a la situación española. Pero, además, el retrato del protagonista -que pasa de disoluto a héroe del pueblo, y de héroe del pueblo a mártir castigado por una mayoría que se arrima al sol que mejor calienta- es una de las grandes bazas del texto: rara vez se asiste en una pieza del romanticismo a la existencia de un protagonista que es a la vez héroe y villano, (anti)héroe, disoluto redimido por sus actos y castigado luego por quienes primero le odiaban y después le admiraban. Es ahí, en ese retrato de Lorenzaccio que es un canto a la dignidad colectiva desde la dignidad personal donde está una de los puntos cumbre de este texto: en la riqueza del conflicto del protagonista y sus consecuencias finales. De la misma manera, la contraposición entre la clara voluntad de rebelión de Pedro Strozzi y las dudas del patriarca, Felipe permiten que la trama secundaria tenga también un arco amplio y de indudable interés. Además, obviamente se ha de ver la intriga sita en Florencia como una alegoría de la Francia de la época. Así, se puede ver cómo este texto es multicapa y pasa por toda una serie de lugares -a nivel dramático, a nivel histórico y a nivel simbólico- que hacen que tenga un interés indudable: esto es algo más que una mera obra del romanticismo.

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Catherine Marnas se lanza a la piscina con todas las consecuencias. En una función de 2 horas y 30 minutos sin pausa, a pesar de que se afirma haber empleado la tijera con generosidad -¿se han fijado la cantidad de funciones largas que se están montando esta temporada sin intermedio?-, la directora opta por una ambientación neutra, que trae a la actualidad las orgías de Alejandro de Medicis, pero mantiene ciertos detalles historicistas en el vestuario. Se vale de apenas un omnipresente sofá y un juego de alturas presidido por un cortinaje -no he podido evitar pensarlo al ver el montaje: cambien sofá por cama y recuerden el reciente Hamlet de Miguel del Arco-, en una puesta en escena muy básica de la que la iluminación saca sin embargo gran provecho; para crear una función que sorprendentemente lo resiste todo. Sabe hallar el equilibrio entre el desenfreno contemporáneo y la solemnidad de algunos soliloquios en los que Marnas da prioridad a la palabra, resiste a la ocurrencia de los micrófonos -otra función en la que hay micrófonos-, resiste a la ocurrencia de las voces amplificadas en interno.., resiste al musicón maquinero a todo trapo, resiste a la boutade de los travestismos en las orgías,. y se acaba imponiendo como una propuesta que avanza con ritmo implacable, y basa algunos de sus momentos cumbre en la fuerza de los actores. Se le pueden poner pegas, se puede afirmar que recuerda a otros montajes -a otros montajes de grandes nombres, eso sí-; pero no aburre a pesar de lo extenso de la duración y la ausencia de entreacto -y eso es siempre un logro- y acaba enganchando pronto como lo que es: un notable espectáculo de teatro.

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El elenco es, en líneas generales, también notable. Se luce el protagonista de Vincent Dissez que sabe dibujar perfectamente ese arco de personaje del que antes hablaba, en una interpretación de gran fuerza expresiva que se dispara cuando crece hacia la melancolía más dolorosa después del desenfreno inicial: gran actor. También el Cardenal Cibo de Frèdéric Constant pisa el escenario con fuerza y dota al personaje de una personalidad arrolladora, de la misma manera que Franck Manzoni encuentra bellos momentos reflexivos en su exposición de Felipe Strozzi. Puede que el resto del elenco quede un punto por debajo de estos tres nombres -al Alejandro de Medicis de Julien Duval, por ejemplo, puede que le falte un punto de exceso dado el personaje que es, y que la vocalización del Pedro de Yacine Sif El Islam sea mejorable. Además, el reparto femenino en general encuentra menos ocasiones de brillar-; pero todo ello siempre en unas líneas generales de notable que marcan la tónica del montaje.

El público recibió con calidez esta propuesta invitada que, con todos los peros que se le puedan poner, posiblemente sea el espectáculo más redondo que se haya presentado en la CNTC esta temporada que termina -y es una producción invitada, qué cosas…-: es comprensible, por el interés del texto y por el notable nivel de una propuesta que aún podría redondearse si Marnas renunciase a ciertas modernidades que ya son cada vez más frecuentes y distan de ser una sorpresa. Pero, con todo, funciona como un mecanismo de relojería. Y, debo insistir: dos horas y media del tirón -y en francés- pero apenas hay instantes para el aburrimiento.

H.A.

Nota: 4/5

Lorenzaccio”, de Alfred de Musset. Con: Vincent Dissez, Frèdéric Constant, Julien Duval, Zoè Gauchet, Franck Manzoni, Catherine Pietri, Yacine Sif El Islam y Bénedictine Simon. Dirección: Catherine Marnas. TEATRO NACIONAL DE BURDEOS EN AQUITANIA.

Teatro de la Comedia, 19 de Junio de 2016

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