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‘Cabaret’, o la noche de Frau Schneider

mayo 20, 2016

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Cabaret es de esas cosas que siempre funcionan y siempre apetecen. En la memoria de todos gracias a la transposición fílmica de Bob Fosse, la partitura contiene un buen puñado de canciones que todos conocemos sobradamente. Quizá sea por eso por lo que cada cierto tiempo -de la última producción ha pasado más o menos una década- vuelve a la Gran Vía, siempre con gran éxito de público. Después del anterior montaje de Stage -aquel que puso a Natalia Millán en el punto de mira de todos y que catapultó al estrellato a Asier Etxeandía- ahora es Jaiime Azpilicueta quien presenta un montaje completamente renovado, con un reparto que reúne en armonía a nombres bien conocidos por el gran público -rostros televisivos- junto a algunas de las figuras más relevantes del teatro musical español de la actualidad. Precios altos, como casi siempre en estos espectáculos; y una temporada entera en Madrid con buena ocupación…

Con excepciones honrosas, me siento bastante alejado del tipo de musical que se hace en España -hace tiempo que he dejado de ir a ver productos de Stage Enterteiment, por ejemplo-, manteniendo la creencia de que el género está en España todavía a años luz de lo que se ofrece en Broadway o el West End londinense. Dicho todo esto, he de reconocer que, como espectáculo global y sin escapar de notables altibajos, esta producción de Cabaret -que recupera la esencia de producciones clásicas internacionales, escapando de grandilocuencias de otras propuestas- me parece un espectáculo con sentido del teatro, ritmo y voluntad de entretener. En resumen, allá donde pongo el grito en el cielo con los resultados de algunos musicales españoles tengo que reconocer que esta vez Cabaret me convenció como entretenimiento durante gran parte de sus tres horas de duración.

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El nuevo montaje -que poco o nada tiene que ver con lo que hizo Stage años atrás- tiene el gran acierto de poseer una firme voluntad de teatralidad: tanto en las prácticas escenografías móviles con paneles que vienen y van de Ricardo Sánchez Cuerda -que visualmente acaban por dar el pego mucho más de lo que uno piensa que será a primera vista: puede que la estupenda iluminación de Juanjo Llorens tenga algo que ver con esto…- como en la distribución del espacio en dos pisos para recrear el cabaret y permitir que Emcee hable desde fuera de la acción, como en el variado y vistoso vestuario de Antonio Belart. Todo es sencillo, lejano a la grandilocuencia y cercano al espíritu casi intimista de esta historia, pero a la vez vistoso, agradable a la vista sin caer en excesos ni aglomeraciones. Incluso funcionan muy bien ciertos guiños que el diseño escenográfico ha introducido con vistas claras a lo naif en según qué números –”Money, money”-. Las coreografías fluyen bastante bien; e incluso casi todos los gags sexuales pasados de rosca acacban encontrando su sitio aquí -quizá se cargue demasiado en la idea de la sexualidad ambigua de según qué personajes secundarios, más allá del juego del Emcee-. También es un acierto el no extremar excesivamente el carácter de los personajes, salvo en algún caso concreto que comentaré más abajo: ni presentar villanos de cartón piedra ni caer en la mojigatería edulcorada.

En otro orden de cosas, tiene además la propuesta escénica la virtud de saber torear el siempre incómodo y problemático escenario del Rialto: aquí se ve todo perfectamente, a pesar de que la relación público-escena en este teatro no es la mejor; y si quizá la posición de la orquesta en lo alto del escenario no sea lo más indicado, visualmente es una opción perfectamente lícita de integrarla en el espacio sin que estorbe demasiado al devenir de la acción en un teatro que carece de foso… Hay momentos además muy bien planteados para crear clímax con muy pocos elementos -véase el cierre del primer acto, con la explosión nazi de “Tomorrow belongs to me” o la exposición del desenlace-.

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Se puede concluir que la nueva producción funciona como un mecanismo de relojería en lo visual; y además tiene toda la pinta de ser fácil de girar -quizá habrá que adaptar, reformular o directamente prescindir de las partes altas de los laterales, pero la esencia se mantendría sin problemas. Como digo, todo mantiene ese carácter que no pretende escapar al hecho teatral -vean por ejemplo cómo están resueltas las transiciones: acaso a veces algo faltas de ritmo, pero sin ocultar la esencia teatral del conjunto-, y que escapa así de la pretenciosidad de otras propuestas de este mismo género en España. Será la mano del director, Jaime Azpilicueta, que sabe lo que se hace…

El reparto funciona en líneas generales a buen nivel medio, homogéneo y sin otros altibajos que los que señalaré a continuación. Como Sally Bowles, Cristina Castaño -que ha cantado desde siempre, sea en televisión o en teatro- es, como mínimo, una apuesta arriesgada que tampoco está excesivamente ayudada por la dirección, a pesar de imponer una presencia escénica de esas de rompe y rasga: pisa el escenario con fuerza, de eso no cabe la menor duda. Lo primero y lo más evidente es que vocalmente el papel -muy exigente- le crea más de un problema técnico que no siempre sabe cómo resolver: la línea de canto es suficiente, las intenciones están… pero la afinación no siempre es exacta; y la colocación de la voz -no siempre correcta ni siempre cómoda- provoca algún accidente vocal que la actriz no siempre puede controlar -en mi función, uno muy notorio antes del clímax de “Maybe this Time”-. En otro orden de cosas, creo que el enfoque del personaje que aporta dirección es demasiado mojigato hacia el principio -Sally será una ignorante de muchas cosas, pero de partida es un personaje golpeado por el pasado y el presente…-, y esto hace que solo cuando hacia el final se endurece de golpe permite que la actriz crezca en su composición.

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Sorprendentemente bien desenvuelto por formas y presencia el Clifford de Daniel Muriel, que demuestra que -ya lo he dicho en alguna ocasión- aquí hay un actor mucho más sólido de lo que algunos de sus trabajos podrían sugerir. Tiene aplomo, presencia, intención; planta de galán -el excesivo maquillaje que plantea el montaje juega en contra…- y parece que entona bien lo -poco- que tiene que cantar por partitura. Pero puede que sea la composición más redonda del trío principal.

El siempre sorprendente Edu Soto se lleva la función de calle con el público en una encarnación de Emcee cuya mayor virtud seguramente sea estar en las antípodas de la carismática e inolvidable recreación de Asier Etxeandía en la producción de hace diez años. Soto es más sibilino que payasesco, y no carga las tintas en la identidad sexual de un personaje que es androginia pura. Domina con claridad tanto el histrionismo en el que se mueve el personaje, como esa capacidad de conectar con el público; si bien queda un par de escalones por debajo de lo que era el ciclón arrrollador de Etxeandía -ni por voz ni por presencia ni por tono- años atrás: pero esto no es tanto un reproche como una mera opción de enfoque. Se mete al público en el bolsillo, provoca la hilaridad, realiza un trabajo completo y es uno de los puntales del espectáculo. Después, la imagen que cada uno tenga en su cabeza de lo que debería ser este personaje es personal e intransferible…

Pero, para mi, la noche del 13 de Mayo fue claramente ‘la noche de Frau Schneider’. Una Marta Ribera en estado de gracia y que tiene cuerda en esto de Cabaret -fue Sally Bowles en la gira de la producción anterior- elevó a la categoría de protagonista indiscutible el papel de la dueña de la pensión, el rol que estrenase en su día Lotte Lenya. Tiene tono, garra, gancho, dominio del estilo, tan propio del cabaret berlinés, y capacidad para dibujar el arco de crecimiento del personaje como una mujer que ya ha vivido mucho, enfrenta un conflicto y ha de seguir viviendo tras tomar una decisión drástica. Ribera -que dio en “ What Would You Do?” uno de los momentos estelares de la función por la gran temperatura dramática alcanzada- puso de manifiesto todo el peso del personaje; y dio a la función un empaque que bien merecería que su nombre figurase en los carteles junto al trío protagonista. Demuestra una vez más ser una de esas grandes secundarias que siempre destacan, y posiblemente la artista más importante del panorama musical español -mucho más que otras con más bombo y más cartel…-: honestamente, esta función fue suya.

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Están también muy en su lugar los secundarios. Tanto el Schultz de Enrique R. del Portal -lleno de dignidad y en una de sus mejores creaciones, evitando por ejemplo cualquier tipo de rasgo almibarado con Ribera en un número siempre peligroso como es “Married– como el Ernst de Fernando Samper -muy alejado del supervillano prototípico: quiero decir, no es uno de esos malos que salen a escena con cara de malo desde el primer segundo…-. De entre los múltiples secundarios todo está bastante en su lugar, y tal vez solo apuntaría que “Two Ladies” -otro de los números peligrosos de esta partitura- va un poco pasado de revoluciones en toda su concepción…

No quisiera dejar de apuntar un dato: nunca he entendido muy bien esa necesidad imperiosa de traducir las canciones en los musicales en España; pero al menos con esta traducción -bastante limpia y clara- no duelen los oídos; como sí sucedía en otras producciones del género en nuestro país. En cuanto a la versión, hay algunas operaciones misteriosas en la partitura -la más evidente: ¿por qué se ha cortado un número emblemático como “Mein Herr”?- pero no es nada que no haya ocurrido otras veces…

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A fin de cuentas, un espectáculo honesto, bien planteado, que consigue su función primera -que es la de que el público disfrute-; y que apuesta más por crear un buen espectáculo de teatro que un mero envoltorio deslumbrante si nada por dentro: sigo pensando que a España le queda mucho por hacer para alcanzar la excelencia de otros países en este género; pero, sin duda, este es el camino que se debe seguir con paso firme. No sabría decir si en pretensiones también; pero, desde luego, en resultados reales esto está bastante por encima de muchas propuestas que se hayan presentado en España en este género…

H. A.

Nota: 3.5 / 5

Cabaret”, de Jonh Kander, Fred Ebb y Joe Masteroff. Con: Cristina Castaño, Daniel Muriel, Edu Soto, Marta Ribera, Enrique R. del Portal, Fernando Samper, Pepa Lucas, José C. Campos, Bernat Mestre, José Félix Romero, Álex Chávarri, Oriol Anglada, Pedro Martell, Sarah Schielke, Cristina Alonso, Luciana de Nicola, Michelle Marier, María Hinojosa, Tamara Suárez, Viviana Camino y Alejandro Vera. Dirección: Jaime Azpilicueta. SOM PRODUCE.

Teatro Rialto, 13 de Mayo de 2016 (22 horas).

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