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‘El Retablo de las Maravillas’, o el collage

abril 22, 2016

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A pesar de que desde Morfeo Teatro afirman que la coincidencia con el cuarto centenario de la muerte de Miguel de Cervantes es mera casualidad, viene como anillo al dedo a esta versión de El Retablo de las Maravillas, que toma el entremés cervantino como punto de partida -e incluso diría que como mera excusa- para crear un espectáculo que es una suerte de collage en torno al autor del Quijote.

Desde un estilo de teatro clásico, con ecos barrocos que son ya seña de la compañía, se ofrece el entremés que da título al espectáculo en un espacio que une el barroquismo de vestuario e iluminación con ecos de otro tipo de artes: porque la escenografía evoca claramente el cubismo del Guernica de Picasso y la música oscila del  Manuel de Falla del Retablo de Maese Pedro a las músicas de Juan del Enzina. Así, durante escasamente media hora, se escenifica el entremés -seguramente con más medios a nivel visual y estético, pero sin tanto acierto ni tanta chispa como tenía la versión del mismo entremés que se incluía en los Entremeses que escenificó el pasado año el Teatro de la Abadía-. En un punto determinado de la función, irrumpe a través del retablo -esta vez aparentemente real…- la figura del mismísimo Cervantes en persona; y es ahí donde se demuestra cuál es el objetivo principal de la función: ubicar el pensamiento cervantino a través de toda una miscelánea de textos del autor que se integran en un diálogo entre Don Miguel y las gentes del pueblo, incluyendo toda una serie de citas a obras como Don Quijote de la Mancha, El Coloquio de los Perros, El Juez de los Divorcios e incluso a ensayos cervantinos, que buscan conformar una muestra del pensamiento del autor aplicado a las gentes del pueblo en que transcurre la acción.

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Uno piensa en un primer momento que la idea es audaz -lo es-; pero, sin embargo, tras un inicio prometedor de esta premisa -cuando reconozco que empezaba a inquietarme porque creía que apenas pasada la primera media hora el espectáculo no iba a dar más de sí…- el montaje acaba entrando en un bucle difícilmente consigue superar, dando vueltas sobre sí mismo como para prolongar la duración -1 hora 50 minutos- e introduciendo momentos muy pasados de rosca -en un montaje de estética en principio historicista, al final acaba habiendo micrófonos y pasodobles…- que no consigue resolver de ninguna manera. Y es una pena, porque -como ya he dicho- la premisa tiene cierta originalidad, pero da la sensación de que se ha querido sobrecargar tanto el conjunto que el resultado final se acaba desvirtuando. Y es una pena: creo que, aplicando debidamente la tijera, la cosa hubiera quedado en una curiosidad mucho más interesante.

Visualmente el resultado es impecable. Tanto por el diseño de Francisco Negro -que consigue una estética en equilibrio entre el barroco y el cubismo ciertamente original en el conjunto entre escenografía y vestuario- como por el grupo de actores, todos de probada solvencia y haciendo lo que se les marca. Creo, sin embargo, que se cae en ciertos excesos de farsa en el tono -sobre todo a la hora de escenificar el entremés- que hacen que la comicidad intrínseca se pierda -insisto: comparen esta versión con la de la Abadía y verán por dónde van los tiros…-; esto es una cuestión más de dirección que de interpretación, indudablemente. En el elenco destaca el rotundo Cervantes de Joan Llaneras por intenciones y presencia; y cumplen sin problemas Francisco Negro, Mayte Bona, Felipe Santiago, Adolfo Pastor, Santiago Nogués y Mamen Godoy, que se reparten los roles de los embaucadores dueños del reparto y los distintos habitantes del pueblo. Que el tono general caiga a veces en el exceso –e incluso en el chiste fácil, lo que hace que la cosa pierda enteros- no se ha de achacar tanto al elenco como a una mera decisión de dirección: marcar los límites de la farsa a veces es complicado. Insisto en que la producción de José Luis Gómez para la Abadía era mucho más eficaz con muchos menos elementos, básicamente por una mera cuestión de tono.

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A fin de cuentas, lo que se obtiene aquí es un espectáculo sobresaliente en formas, cuidado y estética; pero que pincha en el desarrollo de una idea que se promete original, pero sin embargo no consigue pasar de anécdota que deja el poso de las ocasiones perdidas. Queda el valor del gusto por lo estético muy bien plasmado -emborronado si acaso por un par de concesiones de dudoso gusto y necesidad-, pero a pesar de todo uno no puede dejar de pensar que esto tiene mucho de buena ocasión perdida, aunque haya que valorar muy positivamente la estética de la puesta en escena.

H. A.

Nota: 2.5 / 5

 

“El Retablo de las Maravillas”, de Miguel de Cervantes. Con: Joan Llaneras, Francisco Negro, Mayte Bona, Felipe Santiago, Adolfo Pastor, Santiago Nogués y Mamen Godoy. Dirección: Francisco Negro. MORFEO TEATRO

Teatro Colón, 9 de Abril de 2016

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