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‘La Mirada del Otro’, o el teatro de la necesidad

marzo 21, 2016

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Desde su estreno, mucho y muy bueno se ha escrito acerca de La Mirada del Otro, la pieza que María San Miguel y Chani Martín, con la compañía Proyecto 43:2 ha escrito para abordar la temática del terrorismo de ETA desde un caso real sucedido en 2010, cuando apareció en la cárcel de Navanclares de la Oca (Álava) una carta en la que presos de la banda terrorista vasca solicitaban reunirse con las familias de sus víctimas. La presente función aborda uno de estos encuentros, entre la hija de un hombre asesinado por ETA varios años atrás de un tiro por la espalda; y su asesino, un terrorista de ETA que cumple condena y espera llegar a reformarse. Entre ambos, una mediadora dirige el proyecto que ha de llevar a víctima y victimario a un lugar mejor, de paz consigo mismos si es que tal cosa es posible.

Hay en la escritura de María San Miguel una clara vocación de teatro documental -gran parte del texto de la función está tomado de declaraciones reales, y ha trabajado en el tema a fondo-, y se nota. Pero en este caso el teatro documental juega como arma de doble filo: es, sí, una función valiente por poner en la mesa tabúes, temas espinosos pero existentes, necesarios, que están y con los que nos podemos identificar. Valiente porque hace que el espectador se plantee cuestiones incómodas, y valiente porque en su contenido -aunque de corte evidentemente pacifista- no intenta dar más lecciones que las que cada uno quiera sacar en claro. Huye de lo panfletario en el discurso -y eso ya es algo que se agradece-; pero también siento que en esa vocación de teatro documental la función deja de lado gran parte de su valor meramente teatral: en otras palabras, creo que La Mirada del Otro tiene más valor como fenómeno social que como artilugio teatral, y esa es una de las claves: llama a la reflexión, pero pierde la oportunidad de convertirse en una función teatral poderosa.

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Porque el montaje -ya sea por el sucinto espacio escénico, que se queda en nada en la inmensidad de este teatro, o por unas transiciones mal resueltas que no terminan de ayudar a que el discurso fluya- se queda en nada, con soluciones de una pobreza que preocupa; y porque a los actores les falta temperatura teatral en sí misma. No olvidemos un detalle: lo que nos cuentan es suficientemente duro como para que la sala enmudezca -hay momentos de silencio que cortan la respiración-; pero el teatro, aún cuando esté tratando un tema real, debería ser algo más que eso: hay que medir los clímax dramáticos, hay que crear momentos de tensión más allá de la situación -los diálogos deben ser poderosos- y hay que hacer en definitiva que el hecho teatral trascienda el hecho social. Es muy valiente tener los ovarios de presentar este tema en las tablas de un teatro, pero ya que estamos bien podríamos no habernos quedado ahí: hay que ir a por todas, hay que ir más allá.

Y eso echo a faltar en esta propuesta: esa tensión, incluso diría esa capacidad de identificación con unos personajes que resultan acartonados, fríos y distantes. No hay tensión entre el terrorista de Pablo Rodríguez y la víctima de María San Miguel; pero creo que es más por la falta de fuerza de los diálogos que por las actuaciones en sí mismas. Ante la dureza de la situación, uno desearía que saltasen chispas… pero esas chispas no saltan. Lástima: es uno de los grandes lastres de la función si queremos mirarla como ejercicio teatral. La mediadora de Estíbaliz Curiel -se ha incorporado recientemente al montaje sustituyendo a otra actriz- sencillamente aún no lo tiene seguro: duda reiteradamente con el texto y la vocalización es muy mejorable.

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Muy poco público en el teatro, largo coloquio con la compañía al final de la función -casi con más peso que la función en sí misma- y la sensación de que estamos ante una representación de doble rasero: muy necesaria por la valentía de subir a escena un tema espinoso, pero que pierde la ocasión de ser además una gran función de teatro. Es, eso sí, una gran función social y un teatro necesario por lo valiente, eso no se le discute y es un punto muy a favor; pero ambas cosas son igualmente necesarias cuando se trata de teatro.

H. A.

Nota: 2.75 / 5

“La Mirada del Otro”, de María San Miguel y Chani Martín. Con: María San Miguel, Pablo Rodríguez y Estíbaliz Curiel. Dirección: Chani Martín. PROYECTO 43-2

Teatro Rosalía Castro, 11 de Marzo de 2016

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