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‘La Respiración’, o soltar lastre

febrero 9, 2016

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El tiempo que transcurre ente que uno ve una función y se sienta a escribir sobre ella puede jugar a favor o en contra del resultado final, porque se acaba escribiendo sobre un poso, sobre el recuerdo, sobre la memoria que te haya dejado el espectáculo. En este caso concreto, vi La Respiración –lo último de Alfredo Sanzol- hace exactamente una semana y en este tiempo el impacto no ha parado de crecer dentro de mi cabeza, a pesar de que he de reconocer que salí bastante descolocado del teatro en un principio. Buena señal, supongo.

Ya he dicho muchas veces que a mí el Alfredo Sanzol que más me gusta es el de los sketches surrealistas de sus primeros tiempos: el de Sí, pero no lo Soy –todavía recuerdo aquella escena memorable del turista pamplonés en el crucero lamentándose por perderse los Sanfermines-, el de Días Estupendos; o incluso el de aquella astracanada llena de ingenio que fue Romeo y Julieteta –hace unos meses en aquel invento de Teatro de la Ciudad que fue Entusiasmo, un concepto que se debería recuperar-. A pesar de todo, en general no termino de conectar con sus historias ‘largas’ –me aburrí como una ostra en ¡Aventura!, me falló en la resolución La Calma Mágica y aún estoy intentado digerir su particularísima versión de Edipo Rey…-; pero he de decir que encuentro que La Respiración tiene algo verdaderamente especial: porque es una historia ‘larga’ –de planteamiento, nudo y desenlace-, que no renuncia sin embargo al humor absurdo y surrealista que respiraban los sketches del principio. Pero, sobre todo, La Respiración se ríe de temas muy serios, que están mucho más a la orden del día de lo que pueda parecer y deja hermosas definiciones –puede que improbables para el pensamiento, pero hermosas y certeras- sobre el amor, el cariño, el sexo y las diferentes maneras de querer a alguien: vamos, que, disfrazada de comedia, es difícil que La Respiración no nos arañe el corazoncito entre carcajada y carcajada.

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Nagore, de unos 40 años, se ha separado hace un año de su marido porque él se ha ido con otra. No lo supera, no sale del bache; así que decide irse una temporada a casa de su madre, Maite. La madre le aconseja a Nagore que suelte lastre, que se reordene los recuerdos y deje entrar cosas nuevas en su vida; se la lleva a clase de yoga, y ahí le presenta a un grupo de amigos: Andoni –un profesor de yoga-, su hijo Mikel –un preparador físico- e Íñigo, un fisioterapeuta que es respectivamente hermano de Andoni y tío de Mikel. También entra en liza Leire, la joven novia de Mikel. Al integrarse en las clases de yoga, Nagore descubre espantada que su madre tiene relaciones paralelas con los tres hombres al mismo tiempo, y que los tres hombres lo consienten como lo más normal del mundo: es el punto de partida de un enredo que hará que Nagore se cuestione toda una serie de cosas relativas al sexo, a los esquemas de pareja y al amor como concepto; que le servirán para abrir la mente y como improbable terapia contra esa soledad que no deja que respire; y esto lleva a nuestra protagonista a unos grados de liberación casi terapéutica… Pero no se me confíen, que como siempre en los textos de Sanzol, hay sorpresa.

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Dice Alfredo Sanzol que ha escrito esta obra para superar su reciente ruptura sentimental, y que Nagore es –hasta cierto punto- su alter-ego. Vista la función, no sé muy bien cómo encajar este dato; pero lo que sí es cierto es que Sanzol ha conseguido realizar un análisis muy lúcido de las relaciones de pareja en casi todas las variantes posibles a través de una trama delirante. Como toda buena comedia, La Respiración está construida en torno a una gran tragedia –la depresión y la pérdida de autoestima en la que está inmersa Nagore, atrapada en el recuerdo de una relación tan muerta como tóxica-; pero Sanzol va un paso más allá, porque pone en boca de sus personajes reflexiones sobre el amor que son certeras, dan en la diana y nos remueven –¡qué maravilla, qué belleza y cuánta verdad esconde el monólogo de Leire sobre cómo se siente, cómo se da y cómo se recibe el amor!: está enfocado desde el costumbrismo, pero dice algo tan hermoso y tan certero que es inevitable emocionarse; como también es un momentazo la escena en la que uno de los personajes cuenta lo que sintió al ver a su expareja besando a otro en la Cuesta de Santo Domingo-. Es ahí, en el perfecto equilibrio entre la astracanada de la comedia delirante y lo hondo de algunas reflexiones expresadas con una prosa tan hermosa donde reside la genialidad de este texto, en el que realidad y fantasía –como casi siempre en Sanzol, en este caso la fantasía liberadora de Nagore- se dan la mano de forma insospechada. Parece una comedia, es una comedia; pero también tiene un poso que permite capas de lectura mucho más profundas, a veces sobre temas que están ahí aunque puedan resultar aparentemente espinosos. Se agradece. Solo dos detalles: el final me parece excesivamente precipitado –y hasta puede que un poco almibarado en exceso para lo que es el resto de la función, como ya me pasaba en La Calma Mágica– y me sobran absolutamente las canciones; pero por el resto me parece de los textos más logrados de Sanzol en tiempos recientes –la escena del sacacorchos, puro exceso y puro delirio, parece verdaderamente un sketch de una de sus obras del principio…-.

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No es una función fácil para los actores, y sin embargo el reparto me parece excepcional. Nuria Mencía en Nagore da un recital tragicómico de primer nivel, capaz de pasar de la depresión a la neurosis en menos que canta un gallo: pasa por muchos lugares en poco tiempo, el papel es extremo y Mencía lo expone de manera plenamente convincente. Gloria Muñoz en esa madre liberada y abierta es puro Almodóvar, y lo borda en un registro completamente diferente a cualquier cosa que le hubiese visto antes: es sin duda un ciclón, una de las más grandes actrices del panorama nacional actual, y esta Maite es otra muestra. Como Camila Viyuela, que expone a su Leire llena de frescura y descaro, y se roba la atención en su monólogo –que lleva de la carcajada a la reflexión más profunda y Viyuela dice con un desparpajo impagable-, que es una de las perlas del montaje: decir que es una actriz llamada a hacer cosas grandes sería mentir, porque ya está haciendo; es una de esas actrices que tienen el gen. Maravillosa: de casta le viene al galgo… A Martiño Rivas –siendo yo gallego, lo tengo que decir: ¡eureka, ya se anuncia en Madrid como Martiño y no como Martín!- le ha vuelto a tocar el papel de macizo en el que está más o menos encasillado; pero sin embargo se integra perfectamente en los particulares códigos de la comedia sanzoliana, demostrando una vis cómica insospechada. Siento que los papeles de Pau Durá y Pietro Olivera ofrecen menos lucimiento, creo que no tanto por los actores, sino por cómo están escritos –creo que la cosa es que no tienen escenas digamos ‘carismáticas’, cosa que sí tienen los otros cuatro personajes-. Pero sigo diciendo que la función es cualquier cosa menos fácil, y que el reparto –que no es de actores habituales de los montajes de Sanzol- está especialmente inspirado: las carcajadas y el estupor invaden la sala a partes iguales.
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Quizá la puesta en escena –que firma el propio autor- me haya gustado bastante menos, y creo que está por debajo de la calidad del texto y de la calidad de los intérpretes: el espacio escénico –de Alejandro Andújar- es tirando a feo –como lo eran los de Aventura y La Calma Mágica– y, sobre todo, siento que Sanzol a veces no termina de saber muy bien qué hacer con sus personajes, cómo moverlos, dónde situarlos. Como digo, la propuesta escénica está a años luz de todo lo demás. Ahora bien, con este texto y estos actores, la cosa remonta sin demasiado problema.

Un texto notable, atrevido, que sobre todo ha sabido equilibrar el divertimento con la reflexión sobre temas muy serios. Una comedia, por supuesto, pero no solo eso: de lo mejor que nos ha dado Sanzol últimamente.

H. A.

Nota: 4/5

 

“La Respiración”, de Alfredo Sanzol. Con: Nuria Mencía, Gloria Muñoz, Pietro Olivera, Pau Durá, Martiño Rivas y Camila Viyuela. Dirección: Alfredo Sanzol. TEATRO DE LA ABADÍA / LAZONA

Teatro de la Abadía (Sala José Luis Alonso), 31 de Enero de 2016 (19.30h.)

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