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‘Pieza Inconclusa (para sofá y dos cuerpos)’, o choque de estilos

enero 30, 2016

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La figura del autor, actor y director argentino Mariano Rochman está de plena actualidad en España tras el sonado éxito en el mundo del off de Las Hermanas Rivas –miren que estuvo tiempo en cartel, y me la perdí…-. Ahora, regresa al panorama teatral con la reposición de Pieza Inconclusa (para sofá y dos cuerpos), un texto que ya se había visto en España en 2009 y que es ahora objeto de un nuevo montaje, en el que el autor asume además de la dirección el rol protagonista masculino, acompañado sobre el escenario por Blanca Oteyza.

Ascenso y caída de la relación de Diego y Bea, a modo de largo flashback. Al comienzo de la función, Diego nos dice que debe pasar por casa de su expareja para recoger algunas cosas; y es entonces cuando retrocedemos al momento exacto en el que se conocieron casualmente en un tren, para ir revisando los distintos estados de la relación hasta llegar al punto muerto sin retorno en el que está hoy: desde las mariposas en el estómago hasta la frescura de los primeros encuentros; pasando por la incompatibilidad de temperamentos, el tedio de la vida en pareja, el engaño, el desengaño y finalmente la ruptura. Salpicadas en estos episodios aparecen además una suerte de entrevistas –¿visitas a terapeutas tal vez?- en las que los dos protagonistas valoran los hechos y exponen desde un punto de vista más analítico qué fallaba: por supuesto, sus puntos de vista de lo que les pasó tienden a no coincidir… Toda la acción está estructurada, como indica el título, alrededor de un sofá multiusos que lo mismo es cama que sofá que vagón de tren, en un recurso que acaba dando mucho más juego del que pueda parecer en un primer momento.

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Desde siempre, en el mundo del teatro se ha escrito mucho sobre las crisis de pareja en todos los géneros –desde la comedia dramática a la dramedia y el drama más descarnado-. En esta ocasión, lo que Rochman ha escrito es una comedia romántica que pronto se va moviendo hacia la comedia más decididamente dramática. Tiene el acierto de mostrar un discurso reconocible, identificable. Nos reímos de aquello que reconocemos, porque son situaciones que están planteadas de forma que todos sabemos que hemos pasado por ahí en algún momento, y esa es una de las bazas del texto: su cercanía, incluso en los episodios más turbios –incluso hay diálogos oscuros tan cercanos a uno que no he podido evitar escucharlos esbozando una sonrisa…-. Como en cualquier historia de esta índole, lo que nos cuenta no escapa –ni creo que pretenda escapar- al lugar común: pero no olvidemos que, al fin y al cabo, hay episodios de las relaciones de pareja que están inevitablemente construidas a partir de lugares comunes incluso en la vida real… Como digo, después de todo es la frescura del diálogo y lo reconocible de las situaciones lo que hace que el público entre al trapo de lo que ve, se ría y se sienta cómplice: porque lo que vemos resulta reconocible. A veces, incluso, se podría decir ‘asquerosamente’ reconocible. Un último detalle de interés: para evitar a toda costa posicionarse a favor de Diego o de Bea, hay episodios clave -el de los cuernos, por ejemplo- que se repiten de manera idéntica desde los dos puntos de vista, para que no sepamos quién fue realmente el culpable: un acierto.  En mi opinión, el equilibrio alcanzado aquí entre lo cómico y lo dramático es algo de lo que solo un argentino como Rochman podría ser capaz: estoy casi seguro de que este mismo texto lo coge otro autor y lo deja en una comedieta de salón; esto, por momentos, afortunadamente va un paso más allá…

En este montaje camerístico –que seguramente transcurra mejor en la intimidad de una sala off que en la inmensidad del escenario y el espacio del Teatro Colón-, me parece destacable la forma en la que la puesta en escena que firma el propio autor hace tanto con tampoco. Efectivamente la escenografía la constituyen apenas un sofá y un ciclorama al fondo; con tan pocos elementos, Rochman consigue –ya sea a través del uso del sofá, de juegos de luces y sombras, de vídeos o de proyecciones- crear algunas imágenes francamente originales, que demuestran todo el juego que se le puede sacar a un simple sofá cuando se decide que sea el epicentro de una acción: en este sentido, la propuesta escénica de Rochman es tan sencilla como impecable.

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La presente producción se estrenó con Patxi Freytez y Blanca Oteyza –ambos españoles- y ahora es Rochman –argentino- quien asume el rol masculino, mientras que Oteyza continúa interpretando a Bea. Ignoro cómo quedaría la función con Freytez, pero lo que se ve aquí es un choque estilístico de trenes. Me explico: siento que los actores trabajan desde dos códigos distintos, desde dos maneras de actuación, y que eso tambalea de alguna manera el equilibrio del resultado final. La actuación de Mariano Rochman –en esa línea tan típicamente argentina- es pura organicidad, puro nervio; y llena a su Diego de una energía que a veces roza en lo violento cuando debe, equilibrando muy bien el punto en que la comedia romántica de pronto se emponzoña –o, como dirían los argentinos, el punto en el que ‘se pudrió todo acá’-: su lectura funciona y va muy bien a lo que nos están contando. Blanca Oteyza, por el contrario, está mucho más instalada en un registro ‘comedia de salón’ que choca de lleno con la visión de su partenaire: en ella todo está mucho más inclinado hacia lo cómico, incluso hacia cierta impostación –que a veces quiero pensar que es consciente-. Ojo: son dos maneras perfectamente válidas de encarar este texto; el problema es que hubiese sido deseable que ambos actores se moviesen en el mismo registro –el que sea, pero solamente uno de los dos…- porque sino la impresión de desequilibrio es notable, y descoloca frente al resultado final…. Lo diré una vez más para que no haya dudas: no es tanto una cuestión de que uno esté mejor que el otro –yo tengo claro cuál es el enfoque que prefiero para este texto, pero eso ya es asunto mío…-, aquí la clave está en que trabajan en universos distintos.

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En resumen, una función sobre las relaciones de pareja que tiene a su favor la baza de la cercanía –y, en ese sentido, créanme que es de los mejores textos sobre relaciones de pareja que haya visto, en el sentido de que huye de la comedia fácil y no renuncia a moverse al drama cuando las cosas así lo requieren…- pero en la que hay dos actores trabajando en dos códigos diferentes que no siempre conviven en perfecta armonía.

H. A.

Nota: 3/5

 

“Pieza Inconclusa (para sofá y dos cuerpos)”, de Mariano Rochman. Con: Mariano Rochman y Blanca Oteyza. Dirección: Mariano Rochman. DOBLE SENTIDO PRODUCCIONES.

Teatro Colón, 23 de Enero de 2016

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