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‘Páncreas’, o amistad contra las cuerdas

diciembre 22, 2015

En una etapa de grandes propuestas en sus dos salas grandes, hay que calificar como mínimo de sorprendente el estreno en una de las salas pequeñas del Centro Dramático Nacional de Páncreas, una ingeniosa comedia negra –negrísima- de Patxo Telleria, un autor que por lo que he podido saber ha dado algunos de los más celebrados textos del teatro reciente en euskera; pero que parece que se prodiga menos en castellano. Con este Páncreas, Telleria ha conseguido una carambola rara vez igualada: ensamblar toda una miscelánea de elementos que raramente podemos imaginar que casarían tan bien, para traernos un texto brillante –¡por fin una comedia, comedia!- en un montaje lleno de encanto y con tres actores en estado de gracia: sin duda una de las comedias de la temporada, por toda una conjunción de elementos… de esas cosas que se ven raras veces.

Tres amigos de toda la vida en plena madurez están dispuestos a aclarar los pormenores de ‘lo que pasó anoche’. Hablan en verso y se conocen desde siempre, se conocieron hace años en una terapia grupal y han sido camaradas durante años. Así, retrocedemos en el tiempo y nos enteramos del meollo: Javilo necesita con urgencia un trasplante de páncreas para evitar un desenlace fatal; Raúl tiene 59 años y lleva años pensando en suicidarse a los 60 para evitar pasar por el sufrimiento de la última etapa de la vida por el que pasaron algunos de sus seres más queridos, y César ve una oportunidad única: si Raúl se suicidase ahora podría cederle su páncreas a Javilo y así salvar su vida en un acto de amistad… total, iba a suicidarse dentro de tan solo un año, y su muerte ahora podría tener un sentido, el de salvar a un buen amigo… Cualquier amigo haría eso por otro. ¿O no? Este es el rocambolesco punto de arranque de Páncreas, una función que bebe de influencias de los más diversos géneros, y que pone sobre la mesa temas como el valor y los límites de la amistad, el concepto de la vida, el derecho a una muerte digna y el destino inevitable; siempre desde unos cánones de comedia pura, una comedia de enredo que se va complicando más y más con mil y un giros argumentales que desembocan en un final tan inevitable como inesperado. Digamos que uno de los temas cruciales que se plantean en esta función es la idea de si nos volvemos más sinceros o vulnerables cuando sabemos con certeza que nos vamos a morir, de si la muerte puede tomarse como desahogo para poner las cosas en su sitio: y es que esa sinceridad –o falta de sinceridad, según el caso- pondrá a nuestros tres protagonistas en más de un brete que deberán solventar. ¿Amigos para siempre? ¿Dónde está el límite de la amistad?

Hay muchas cosas a valorar en el texto de Patxo Telleria. Primero, la capacidad de escribir a estas alturas un texto en verso –normalmente versos de arte mayor, con lo que el ritmo es más fluido- y hacer de esa escritura una virtud que engrandece la estructura de la función. Segundo, haber conseguido mantener en esta traducción al castellano –por lo que sé la función se estrenó en euskera con otro reparto- todo el peso del verso sin que chirríe ni se encorsete: si ya es capaz mantener la versificación en cualquier traducción, imagínense cuánto más lo será del euskera al castellano… Tercero, haber escrito una comedia destinada ante todo a la risa. Porque Páncreas es ante todo comedia: dura 70 minutos y 60 garantizan la sonrisa, la risa o la carcajada, sin más dobleces ni más vueltas que darle; con lo difícil que es hacer reír al público, hay que aplaudir mucho el hecho de que a Telleria le ha salido una función de enredo francamente divertida. Y cuarto, haber conseguido juntar tantos géneros para un todo perfectamente ensamblado: porque aquí hay una escritura que podría recordar al Jardiel de Angelina o el Honor de un Brigadier –que también estaba en verso-, comedia de salón, comedia negra –en la casa en la que transcurre la acción bien podrían haber transcurrido La Soga o cualquier novela de Agatha Christie-, elementos del absurdo –esos sombreros que lucen los personajes al principio e incluso algunos detalles de gestualidad parecen un guiño claro a Beckett…-, e incluso elementos del esperpento, cargado de irreverencia –porque ¿de qué habla esta obra si no de la miseria y la bajeza humana, por más que sea desde la comedia?-. Todo ello lo ha metido Telleria en una coctelera y lo ha agitado: el resultado podría haber sido un verdadero despropósito, pero sin embargo lo que queda es una de las comedias más frescas, divertidas y originales que se hayan presentado últimamente. Y, ante todo, de sonrisa constante.

Y ¿qué decir de la versión? Primero: vaya tres actorazos, perfectos para la función, perfectos en lo que hacen, complementarios como si fueran las tres piezas de un puzzle que encaja perfectamente. Una de las claves del éxito es esa pachorra absoluta con la que afrontan todo el espectáculo; una pachorra que se mete enseguida al público en el bolsillo. También esa capacidad de no quedarse en la mera astracanada –podría ser una posible lectura- y ser capaces de dibujar perfectamente todas las capas que hay en el texto, dejando aquí y allá pinceladas claras de esa pluralidad de estilos que destila la escritura. El Javilo de Alfonso Lara, lastimero en un comienzo que le augura la muerte inmediata, acaba pronto derivando en un personaje que parece primo-hermano del Alcestes del Misántropo de Molière; el Raúl de Santiago Ramos clava a ese calavera que está de vuelta de todo, ya lo ha visto todo y al final de su vida se cree seguro y con el derecho a decidir… hasta que acaba aflorando en él la sombra de la duda ética. Y Fernando Cayo en Carlos es un personaje que es pura doble intención, puramente sibilino en su aparente bondad, con guiños clarísimos del absurdo que convienen mucho al más ambiguo de los tres personajes –al fin y al cabo es él el que empieza todo el lío…-. Perfectos, equilibrados y sirviendo tres actuaciones individuales de primer nivel y una actuación global no menos brillante: difícil imaginar un trío mejor para esta función. Un gustazo.

Me gustó mucho también la puesta en escena de Juan Carlos Rubio, tanto por el tono que imprime a los diálogos –siempre a medio camino entre la mera comedia y otras cosas mucho más serias- como por la genuina atmósfera que respira el todo: el salón que ha diseñado José Luis Raymond es una maravilla, Rubio sabe sacarle muchísimo juego y la iluminación de José Manuel Guerra es también muy sugerente. La atmósfera, ya digo, es como un extraño conjunto a medio camino entre Jardiel, Beckett y Agatha Christie. Tronchantes también unas pinceladas musicales que es mejor no desvelar para que les pillen por sorpresa… Un acierto en su conjunto.

Por la audacia formal, por la variedad de géneros, por la originalidad de la propuesta y por lo logrado del montaje estamos sin duda ante una de las más inteligentes y logradas comedias que se hayan presentado en Madrid este año. Y, sobre todo, por esa capacidad –de la que todos son cómplices- de mantener al público con una sonrisa que se mueve hacia la carcajada durante toda la duración del espectáculo: me imagino que ya sabrán que no es fácil dar con una buena comedia; y Páncreas, sin duda, lo es… Yo, he de reconocerlo, me reí entre bastante y mucho.

H. A.

Nota: 4.25 / 5

 

“Páncreas”, de Patxo Telleria. Con: Fernando Cayo, Alfonso Lara y Santiago Ramos. Dirección: Juan Carlos Rubio. CENTRO DRAMÁTICO NACIONAL / CONCHA BUSTO PRODUCCIÓN Y DISTRIBUCIÓN.

Teatro Valle-Inclán (Sala Francisco Nieva), 15 de Diciembre de 2015

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3 comentarios leave one →
  1. diciembre 23, 2015 17:00

    No puedo estar más de acuerdo con tu crítica. Y veo que le hemos dado prácticamente la misma puntuación a esta obra :). Qué gusto leerte. Felices Fiestas!

    • diciembre 23, 2015 18:11

      Muchas gracias por leerme y por comentar! Me alegro de que te haya gustado la función tanto como a mí. Felices fiestas para ti también!

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  1. Mi 2015 en 10 funciones memorables | BUTACA EN ANFITEATRO

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