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‘Los Desvaríos del Veraneo’, o estirar la anécdota

diciembre 21, 2015

Presenta la compañía Venezia Teatro una versión de Le Smanie Della Villeggiatura, comedia de Carlo Goldoni traducida aquí como Los Desvaríos del Veraneo, en un acercamiento más o menos libre que ha permanecido durante un tiempo en Madrid –en varios teatros- con bastante éxito de público y crítica; pero a mi juicio se queda en un producto que, aunque cuenta con un elenco válido, esforzado y entregado, no termina de despegar como debería, por cuestiones varias que conviene observar con detenimiento.

Escribe aquí Goldoni una comedia de clase alta, en el que podríamos decir que todo se reduce a la lucha de dos familias vecinas por ver quién la tiene más grande: una de las familias está en posición de potentados, y otra intenta ocultar un momento económico bastante delicado que pone en riesgo sus vacaciones y hace saltar las alarmas de la hija por el qué dirán; al tiempo que las dos jóvenes de las familias se afanan en poder lucir el trapito más a la última moda, para darle así en las narices a su rival. Sobre estas dos tramas principales, se incrusta también el consabido y esperado enredo amoroso: tibio, casi diríamos que púber; con ingenio pero sin especial malicia ni más complicación que evite llegar cómodos y raudos al esperado happy-end. Una comedia ligerita, ligerita, en lo argumental, que ha de tener la clave en los juegos de ingenio del lenguaje, en lo que no se dice, en lo que se insinúa: una comedia mucho más de sonrisa que de carcajada, vamos.

Ignoro cómo se ha realizado la presente adaptación, sobre todo en lo referente al tratamiento del texto; pero siento que la base del éxito de esta obra ha de radicar ante todo en el uso ingenioso del lenguaje que haya planteado Goldoni en el original. En unos parámetros muy típicos de la comedia clásica italiana, que basarán seguramente el todo en un lenguaje que –intuyo- será mejor cuanto menos se toque. Porque aquí, conflicto real hay al justito. Y, lo primero, me queda la impresión de que una parte de este festival lingüístico se pierde por el camino al traducir la obra al castellano, como si los diálogos sonasen menos brillantes, con menos mordente y menos punch en castellano que en el italiano original, como si algo de ese factor ingenio se perdiese por el camino: esa es una… Pero, sobre todo, siento que la actual versión –que dura 1 hora 50 minutos- tiene un problema de exceso de metraje: para lo vacuas que son las anécdotas en torno a las que gira la obra, la cosa dura demasiado; y se dan vueltas y vueltas sobre el mismo tema sin que la cosa parezca avanzar en varios momentos, estirándose ciertas situaciones como el chicle…. Sinceramente, creo que el resultado global hubiera sido mejor acortando la función en media hora y dejándola en más o menos hora y cuarto, porque la cosa tiene momentos pero acaba resultando demasiado larga.

Y eso que la dirección de José Gómez –sobre un espacio escénico bastante diáfano de cajas, baúles y maletas, que seguramente lucirá mejor en un escenario más pequeño- tiene sus ideas, en una propuesta a medio camino entre lo contemporáneo –por el concepto- y lo clásico –por la vestimenta-, que no renuncia ni a ciertos guiños metateatrales –los personajes/actores están toda la función en escena, e incluso llegan a intervenir en puntuales apartes, ya sea como personaje o como actor- ni a apuntarse a la moda cada vez más extendida del micrófono visible en escena como elemento dramatúrgico –a los micrófonos les confían los personajes sus secretos…- o incluso para introducir morcillas contemporáneas que unas veces funcionan mejor –These boots are made for walking– que otras, y que quizá deberían haberse explotado todavía más, todo ello junto a detalles que, desde una óptica rabiosamente contemporánea –vean ese epílogo con los globos- a veces directamente se dan la mano con la Commedia dell’arte, en un ejercicio tan valiente como extremo y arriesgado.

Y es que, como digo, la cosa tiene sus momentos como espectáculo; si bien por ejemplo a veces se ha extremado en exceso el carácter de algunos personajes, bordeando el histrionismo –pasa particularmente en dos casos: la hermana del galán, al borde de la neurosis; y un personaje digamos tragicómico, que en esta versión pierde aceite de manera tan deliberada como inexplicable, porque siento que no aporta nada a la narración y cae en una comicidad digamos demasiado primaria….- sin que el resultado sea del todo redondo: no por hacer un personaje más histriónico va a mover más a la hilaridad o conectar más con el público. Creo que este abuso del histrionismo –unido a la extensa duración del espectáculo- juega una mala pasada a un resultado que podría ser mejor cortando aquí y puliendo allí; porque hay ideas pero falta el toque de sal y pimienta para que el todo cuaje: ante todo porque creo que esta debería ser mucho más una comedia de texto, de lenguaje, de diálogos; razón por la cual el ritmo frenético de la dirección –me atrevo a decir que va un poco en contra de lo que buscaba Goldoni- hace que perdamos cierta atención a las réplicas. Curiosamente leo que José Gómez ha sido ayudante de dirección de Josep María Flotats en múltiples ocasiones, y este hecho me sirve para una comparativa que encuentro valiosísima a la hora de valorar este espectáculo: salvando las distancias entre Goldoni y Marivaux, si uno revisa, por ejemplo, la versión de El Juego del Amor y del Azar que presentó Flotats el pasado año –no sé si él también hizo la ayudantía de la comedia francesa de Marivaux….- verá cómo en aquella, siendo los intérpretes menos acertados que en esta, el énfasis por el texto y los juegos de ingenio eran mucho mayores que aquí….

Los actores son estupendos, y han de vérselas con ciertas decisiones de dirección, y con esa sensación de que el texto estira las situaciones como el chicle. Pero, una vez asumido esto, están todos bien, haciendo justo lo que se les ha marcado. Brilla con luz propia la joven Macarena Sanz que tiene luz, descaro y charme como para sacar adelante aquello que se proponga; bien secundada por su padre, un Juanma Navas que hace buen tándem con ella. Y junto a Navas, también Vicente León sabe encontrar bien su sitio en un personaje puede que menos cómico y más autoritario: las escenas entre ambos son las que más se acercan al tono general en el que me hubiese gustado que se plantease esta función. Antonio Lafuente y Borja Luna están acertados en los galanes; Helena Lanza es una criada llena de desparpajo que no deja pasar ni una oportunidad de brillar, en buen equilibrio con su contraparte, Andrés Requejo. Por último, Ana Mayo y Kev de la Rosa pagan el pato de dos caracterizaciones que son decididamente histriónicas en exceso: supongo que hacen lo que se les pide y es una decisión de dirección; pero a mí son enfoques que no me terminan de funcionar, ni siquiera en comedia…

En resumen, un espectáculo en el que un honestísimo elenco actoral defiende una versión que peca de extensa, y que parece preferir movimiento escénico agilísimo –lo hay- antes que cuidado en la administración de la palabra, en un texto en el que creo que, sin embargo, la base está mucho más en lo que se dice que en lo que pasa, factor clave que creo que este montaje pasa hasta cierto punto por alto.

H. A.

Nota: 2.75/5

 

“Los Desvaríos del Veraneo”, de Carlo Goldoni. Con: Macarena Sanz, Antonio Lafuente, Juanma Navas, Ana Mayo, Borja Luna, Helena Lanza, Kev de la Rosa, Vicente León y Andrés Requejo. Dirección: José Gómez. VENEZIA TEATRO.

Teatro Fígaro, 14 de Diciembre de 2015

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