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‘Taxi’, o genio y figura

diciembre 15, 2015

Nuevo proyecto teatral del incombustible Josema Yuste después de muchos –pero muchos, muchos- años de éxito de La Cena de los Idiotas. Esta vez, se ha decantado por Taxi, una versión simplificada del título Run for your Wife, de Ray Cooney, que se ha representado con éxito durante treinta años en todo el mundo, y que está planteada como un autohomenaje a la figura de un Yuste que hará las delicias de sus fans y pondrá nerviosos a sus detractores. Pero es uno de esos espectáculos que ofrece justamente lo que promete: la comedia es fácil, el protagonista saca su arsenal de tics y hace las delicias de su público.

Un taxista bígamo lleva manteniendo una doble vida con éxito durante años: por turnos perfectamente estudiados es capaz de hacer felices a dos mujeres al mismo tiempo con dos casas y dos familias. Pero un accidente inesperado trastocará la logística de nuestro protagonista: sus horarios se descuadran, su accidente trasciende a los medios, las mujeres empiezan a sospechar… y el buen hombre tendrá que vérselas y deseárselas para que no se descubra el pastel que podría terminar con él en la cárcel, haciendo mil y una carambolas; al tiempo que dos policías llegan para atestiguar los –aparentemente dos- accidentes, terminando de liar más las cosas. Y en medio de todo esto, el mejor amigo del protagonista, el único que sabe de qué va la cosa y el que tendrá que cubrirle las espaldas como buenamente pueda –porque claro, es un torpe del copón-.

Hay que decir que la comedia de Ray Cooney sabe construir bien el juego de muñecas rusas en el que en casi dos horas el asunto cada vez se lía más y más, como en una especie de comedia de puertas: no tiene este texto el acabado finísimo de La Cena de los Idiotas –porque este se sirve de situaciones más previsibles de este tipo de comedia que aquel-, pero sí conserva sin embargo esa capacidad de ir a más, y formar un lío del copón para deleite de un respetable que ríe la calamidad de este pobre hombre al que todo se le tuerce más y más por intentar mantener una mentira. Esto es, este texto funciona bien como divertimento, y eso es ya un punto a su favor. La risa, el enredo, el entretenimiento: ni más ni menos.

La versión que firman el propio Josema Yuste y Alberto Papa-Fragomén ha hecho un buen lavado de cara del original, puesto que sitúa la acción en Madrid y modifica todas las referencias a la cultura española: es un camino, pero siento que hay una sobrecarga de gags –que se nos rían constantemente, no sea que se nos aburran…- que hace que algunos sean menos brillantes que otros. Es indudablemente el tipo de humor que le dio la gloria a Yuste con los inolvidables Martes y Trece, y quienes hayan disfrutado de aquel grupo disfrutarán con este espectáculo, en el que Yuste no esconde cierta deuda hacia el humor del trío –o dúo- cómico que le llevo a la fama; incluyendo guiños puntuales a Millán Salcedo –como esa coda final que recupera momentáneamente uno de los números inolvidables de Millán para deleite del respetable-: es sin duda una manera de crear público, divertirá a los fans del dúo –me cuento entre ellos- y funciona como el producto que es; pero insisto en esa sensación de sobrecarga -6 gags por minuto- que siento que resta más que suma al resultado global, precisamente porque algunos gags son de una evidencia que bordea lo sonrojante y no era necesario.

La puesta en escena –de los propios adaptadores- tiene claro lo que hace, y es todo lo trepidante que pide la función, con entradas y salidas por doquier y sin un segundo de respiro: lo que tiene que ocurrir en este tipo de piezas, vamos. Con todo, es un poco confusa la manera de marcar los dos salones distintos –diferenciados en paredes y alturas, pero no siempre en las posiciones de los personajes en escena –a veces están, digamos, fuera del salón que les corresponde-.

La función se la lleva de calle un entregadísimo Josema Yuste, para mayor gloria de sus fans: es el Josema que todos están esperando ver, y el espectáculo está concebido a mayor gloria de su protagonista: se notan las tablas, se roba la función y vuelve a ser el Josema más Josema que nunca –en La Cena de los Idiotas estaba más comedido por el rol que le tocó en suerte-. Todo lo demás está bien, pero a distancia: Alfredo Cernuda –que sustituye a Pedro Reyes, trágicamente fallecido a las tres semanas de estrenar- va creciendo con la función; pero siento que le falta ese algo que le haga ser un antagonista a la altura de un genio del humor como Yuste; Félix Álvarez tiene momentos muy simpáticos –este sí mejor aquí que en La Cena de los Idiotas-, pero la vocalización es conflictiva; Javier Losán parece, verdaderamente, un humorista de la factoría Martes y Trece –es un elogio, claro- y entre las dos mujeres Diana Lázaro como la esposa alocada está más desenvuelta que una Esther del Prado algo encorsetada en su papel de señora seria.

Uno de esos productos honestos que cumplen justo con el rato de diversión blanca que prometen, especialmente recomendable para fans de Josema Yuste -que está, insisto, en su salsa- y/o Martes y Trece, pero que sacará carcajadas a casi todos. Después de La Cena de los Idiotas es bajar un escaloncito, pero se pasa un rato más que agradable: humor blanco, ni más ni menos.

H. A.

Nota: 3.25/5

 

“Taxi”, de Ray Cooney. Con: Josema Yuste, Alfredo Cernuda, Félix Álvarez, Diana Lázaro, Javier Losán y Esther del Prado. Versión y dirección: Josema Yuste y Alberto Papa-Fragomén. COBRE PRODUCCIONES / OLYMPIA METROPOLITANA / NEARCO PRODUCCIONES / PENTACIÓN ESPECTÁCULOS

Teatro Colón, 11 de Diciembre de 2015

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