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‘Bangkok’, o sin retorno

noviembre 19, 2015

Presenta el Centro Dramático Nacional en la Sala de la Princesa del Teatro María Guerrero Bangkok, un texto de Antonio Morcillo López, galardonado con el Premio SGAE de Teatro 2013, que toma una anécdota de con tintes de thriller para trazar una reflexión panorámica sobre el lugar hacia el que se dirige la sociedad española de hoy, desnortada a juicio de lo que el autor del texto expresa por boca de sus personajes.

En algún aeropuerto en el que hace tiempo que no despegan ni aterrizan vuelos, un Viajero se presenta maleta en mano dispuesto a salir haca Bangkok con un billete que, asegura, ha comprado recientemente. Uno de los dos vigilantes de ese aeropuerto fantasma intenta explicarle la situación: ahí no hay vuelos, luego no puede viajar, e invita amablemente al Viajero a abandonar el lugar. Ante su negativa, Viajero y Vigilante empiezan una conversación que empezará siendo banal; pero que enseguida pondrá sobre la mesa que, por supuesto, nada de lo que sucede en ese momento y en ese lugar es casual.

Lo primero en que pensé cuando leí la sinopsis de Bangkok fue en Cosmética del Enemigo, una novela de Amelie Nothomb, que por cierto se adaptó al teatro hace algunos años –con José Pedro Carrión y Jesús Castejón- y que parte de una premisa semejante –dos hombres se encuentran en una sala de embarque de un aeropuerto y comienzan a conversar, dando lugar a un intenso thriller psicológico con carambola final ciertamente inquietante-. La influencia de esta y las similitudes de partida me hicieron mantenerme alerta y desconfiar acerca de un posible giro argumental semejante al de aquella – ¡qué bueno era aquel giro!-… Nada más lejos. Antonio Morcillo sitúa a sus personajes en el espacio del aeropuerto para hacer que reflexionen sobre sus posturas sobre la situación que atraviesa el país a día de hoy. Ese Vigilante con formación intachable y que sin embargo ha acabado trabajando –suponemos que por un sueldo basura y para mantener a su familia- en un aeropuerto que no produce, cuya función principal es ocuparse de los halcones que sobrevuelan el lugar, es casi una realidad metafórica de tantas personas de hoy; razón por la cual el Viajante –un poco apático de partida, y con pocas ganas de charlar, puesto que lo único que quiere es emprender el viaje…- enseguida va acercando posturas con su interlocutor, como perfectamente concienciado de la perra realidad social de hoy, en una función sobrevolada por temas como la crisis económica, la Ley Mordaza, la conciencia social o la libertad de expresión; en la que lo que se establece es un debate sociopolítico entre ambos personajes sobre la realidad de un país que va a la deriva si nadie lo remedia…  Y como planteamiento de la sociedad actual, la obra funciona… pero siento que de algún modo se queda ahí.

Les hablaba más arriba del giro argumental de la novela de Nothomb, y se estarán preguntando ustedes cómo resuelve Antonio Morcillo este encuentro –en el que por supuesto ambos personajes vienen con sorpresa, como los huevos Kinder…-. Planean en la trama –más que en la intriga, porque la intriga parece aquí una excusa para escribir teatro social, opción perfectamente lícita- un par de supuestas dudas sobre las identidades reales de los personajes –que en ningún momento se acercan a la solución rocambolesca de la novela de Nothomb-. Pensé en el vínculo familiar como primera opción; y una vez desestimada esta posibilidad, esperaba algo verdaderamente sorprendente: y cuando por fin se resuelve la naturaleza del encuentro –hasta cierto punto previsible, dado el tono que ha ido tomando la conversación-, uno espera aún un último golpe, algo que nos deje planchados en la butaca… golpe que nunca llega a suceder. Porque la base de esta historia es un cierto conflicto ético que se genera entre los personajes una vez que se han quitado las caretas –la barrera entre lo que se quiere hacer y lo que se ha de hacer-. Es entonces cuando uno comprende que el verdadero interés del autor es no tanto crear un thriller, sino más bien una reflexión social que es perfectamente válida; pero que creo que hubiera funcionado aún mejor disfrazada de thriller con giro inesperado al final: una cosa no hubiese quitado la otra. Pero no son esas las intenciones del autor.

Sobre un curioso y atractivo espacio escénico diseñado por Paco Azorín –que deja la minúscula sala con el público dispuesto a dos bandas-, Morcillo dirige su propio texto. Poco hay que objetar a la puesta en escena –que tiene el atractivo innegable de haber replanteado el espacio-, si bien quizás se podría haber planteado mejor el crescendo dramático en los diálogos, en la temperatura, en el misterio… Siento que ambos personajes empiezan muy arriba, muy en tensión, muy como dando por hecho que ambos ocultan algo… y ese punto de partida tan evidente no beneficia. Mejor el Viajero de Fernando Sansegundo –que acaba de entrar en la función para sustituir al triste y recientemente fallecido Carlos Álvarez-Nóvoa, intérprete de este personaje en las funciones de Barcelona hace unos meses, y que debía haberlo interpretado también aquí- que el Vigilante de Dafnis Balduz: porque Sansegundo consigue al menos encontrar un equilibrio entre un señor educadísimo dispuesto a escuchar y al diálogo y un señor con mala leche al que se le están empezando a hinchar las pelotas, dibujando bien cierta ambigüedad en su personaje; mientras que en Balduz se intuye que el Vigilante está a la defensiva ya casi desde el primer segundo, como si esa presencia le molestase, como si escondiese algo –vean cómo invita al personaje a abandonar el lugar al poco de empezar la función, cuando aún no ha pasado nada…-. Creo, en suma, que equilibrar más y mejor la tensión de ciertas réplicas de cara a una posible hecatombe final hubiese sumado de cara a potenciar el thriller, y el hecho de que el espectador desconfiase de lo que está viendo… Claro que intuyo que lo que Morcillo quiere contar es, por encima de todo, otra cosa bien distinta y que la puesta en escena navega más en esa dirección de manera perfectamente consciente.

El resultado es un texto que disfraza de thriller una crítica del momento socio-económico que atraviesa España –en lo que parece un viaje sin retorno como el que se plantea en esta función-; y que acierta al dejar una reflexión más o menos interesante, pero al que quizá le falte un punto extra de verdadera teatralidad; envuelto en un montaje visualmente atractivo con dos actores solventes que navegan por la senda que el director les marca –en consecuencia, entiendo, con el espíritu del texto-.

H. A.

Nota: 3/5

 

“Bangkok”, de Antonio Morcillo López. Con: Fernando Sansegundo y Dafnis Balduz. Dirección: Antonio Morcillo López. CENTRO DRAMÁTICO NACIONAL / LA VILLARROEL / GREC 2015 FESTIVAL DE BARCELONA

Teatro María Guerrero (Sala de la Princesa), 13 de Noviembre de 2015

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