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‘Unhas Poucas Picadelas’, o poética del maltrato

noviembre 14, 2015

Espectáculo en lengua gallega

A veces en la sencillez está el gusto. Y creo que precisamente en esa sencillez, esa honestidad y esa falta de pretenciosidad que desprende esta propuesta de Teatro de Ningures residen las claves que hacen de Unhas Poucas Picaldelas –un texto de Laila Ripoll que en el original en castellano lleva por título Unos Cuantos Piquetitos, en referencia a la pintura de Frida Khalo- un espectáculo que engancha y da en el clavo a la hora de conectar con el espectador. Porque desde esa sencillez tan efectiva, lo cierto es que la propuesta es ciertamente inatacable.

La violencia de género tratada desde un caso real, pero mezclada al mismo tiempo con ecos de fábula que por momentos hacen creer que otro desenlace tal vez sea posible. Un matrimonio que se llena de grietas poco a poco; puede que a partir del alcoholismo de él, que acaba derivando en una violencia no solamente física –que también-, sino más bien psicológica. Mientras la historia transcurre imparable hacia el clímax –salpicada con los ecos de una fábula que se narra de manera paralela al caso, y en la que parece que la mujer puede tener salvación-, el destino de los dos personajes principales –Él y Ella, genéricos, tal vez porque al fin y al cabo representan a toda una sociedad envuelta en una problemática- se precipita hacia lo inevitable… La mujer –que lucha por mantener su dignidad- se ve presionada no solamente por la figura del marido, sino también por los ecos de una radio de otros tiempos –la de los consultorios sentimentales y el manual de la buena esposa-, que intenta recordar a esa mujer resistente que tal vez su destino sea dejarse llevar y plegarse… ya saben: resignación.

Tiene el texto de Laila Ripoll –en una traducción al gallego de Xosé Manuel Pazos que intuyo muy lograda- el acierto de focalizar el relato mucho más hacia el terreno de la violencia psicológica que hacia la violencia más física y visible: un recurso que –bien aprovechado como está aquí- juega mucho en favor de la poética del relato, tanto a nivel narrativo como a nivel de generador de temperatura. Además, el elemento fabulario –culminado en un epilogo ambivalente que me parece ciertamente audaz- termina de redondear un texto extremadamente bien escrito, que aborda un tema que ya se ha tocado mucho en ficción de todos los ámbitos, pero desde un lugar que favorece la poética por encima de todo: siento que en la historia que nos cuenta Ripoll, lo que importa no es tanto el caso como el clima, la sensación, el aire que se busca que el propio público respire, evocado a través de una serie de elementos –realistas o no pero siempre muy bien expuestos y equilibrados- que hacen que la historia avance en tensión con lo que podríamos denominar –aprovechando incluso esa cierta contradicción de los términos- una suavidad imparable e implacable.

Como la que tiene el montaje de Teatro de Ningures, que Etelvino Vázquez dirige utilizando muy pocos medios pero con ingenio y elegancia suficientes como para que todo lo poco que está a la vista del espectador tenga un sentido, juegue un rol y aporte algo a la manera de contar las cosas. Hay soluciones verdaderamente ingeniosas –la sencillez a la hora de separar espacios, o la manera de plantear esa duplicidad que sugiere el desenlace-, pero siempre planteadas desde lo sencillo; lo que demuestra que en teatro no hay como tener una idea y saberla plasmar, sin dar vueltas ni palos de ciego. Algo tan sencillo –y a la vez tan difícil- como eso, simplemente eso; y eso es lo que aquí ocurre. Puede que me sobre un elemento concreto de la propuesta escénica –el altavoz a la vista-; incluso que el plano inclinado no aporte gran cosa más allá de una cierta incomodidad para los actores, pero por lo demás la propuesta es bastante intachable.

También está muy bien equilibrado el trabajo actoral. Primero porque Machi Salgado tiene el acierto de construir un maltratador que no cae ni en la caricatura de supervillano de telenovela de sobremesa ni en la parodia. Salgado aborda un personaje de la calle, un tipo aparentemente normal –con todo el componente machista perfectamente integrado en esa rutina de tipo normal, claro- al que sencillamente a veces se le cruzan los cables, probablemente sin que ni él sepa muy bien por qué, como si realmente no fuese consciente de su propia violencia: es difícil llevarse el personaje a este punto –el más honesto, porque le busca una dignidad incluso donde aparentemente no debería haberla-; pero Salgado lo hace admirablemente. En perfecta balanza con él, Casilda Alfaro trabaja desde una eficacísima contención expresiva –lo que podría llamarse ‘efecto todo para dentro’-, que aún cuando esconde violencia tal vez reprimida por el terror, huye de lloriqueos o plañiderismos baratos; pero que hace a su vez que la tragedia del personaje femenino llegue con más fuerza si cabe al espectador: a un espectador que, sin quererlo, llega a empatizar no solo con ella, sino a veces también con él –porque, pese a ser un salvaje, tiene también sus puntos de tío simpático…-: en el equilibrio entre ambos radica otro pilar del éxito del espectáculo. Completa el reparto Pepa Barreiro –encargada de ser la voz de la radio, pero siempre visible en escena, quien sabe si desde otro tiempo u otra realidad-, con el adecuado distanciamiento emocional frente a lo que sucede a pocos centímetros de ella: yo hubiera relegado el rol a una mera voz en off, pero hace lo que se le pide.

En suma, estamos ante un espectáculo sencillo, de mediano formato; pero tremendamente honesto, tremendamente eficaz, que se ve con agrado y que lleva al espectador exactamente hasta donde quiere, sin estridencias ni efectismos ni juegos baratos que no hubiesen llevado a ningún lado… Tal vez no sea un espectáculo memorable, pero sí es desde luego hermoso. Enhorabuena.

H. A.

Nota: 3.75/5

“Unhas Poucas Picadelas”, de Laila Ripoll. Con: Machi Salgado, Casilda Alfaro y Pepa Barreiro. Dirección: Etelvino Vázquez. Traducción: Xosé Manuel Pazos. TEATRO DE NINGURES.

Salón Teatro (Santiago de Compostela), 4 de Noviembre de 2015

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