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‘Othelo’, o lo bueno si breve…

noviembre 5, 2015

Como mínimo curiosa la propuesta que presenta la compañía del argentino Gabriel Chamé: tomar el Othelo de Shakespeare –una de las tragedias más conocidas, versionadas y recordadas del bardo de Stanford- y replantearla, respetando las líneas generales del texto y muchos de los versos shakesperianos, como un espectáculo a medio camino entre una parodia de culebrón y un espectáculo circense de clown. Y todo ello, insisto, respetando tanto el sentido de la tragedia –enfocada desde la comedia pero sin modificar ni una referencia, ni una coordenada-, a la que la propuesta de Chamé salpica de altas dosis de ironía, acidez y momentos de gran plasticidad, con apenas unos pocos elementos escénicos y tan solo cuatro actores que se multiplican para dar vida a todos los personajes de la tragedia, en un frenesí de entradas, salidas y cambios de vestuario que no deja respiro al espectador.

Chamé, en su peculiar montaje, explota al máximo las posibilidades de un elenco tremendamente orgánico, para dibujar un divertimento que baila casi mano a mano con la astracanada y que se apoya tanto en la tecnología –hay una cámara grabando en directo- como en la estridencia consciente –porque el espectáculo desprende una descarga de energía contagiosa-; así como en una gestualidad por momentos decididamente excesiva –directamente tomada del universo del clown-. Sin embargo, en todo este caos bien organizado, que provoca la hilaridad del espectador, tampoco se renuncia a remarcar con la debida seriedad algunos de los más célebres parlamentos de la tragedia de Shakespeare para demostrar que, por encima de todo, los actores de Chamé son no solo grandes comediantes dominadores del gesto; sino también grandes actores de texto, capaces de moverse con igual acierto en la estridencia de la comedia de astracán que en el aliento dramático.

Se estarán preguntando cómo convertir una tragedia como Othelo en una comedia hilarante en clave de farsa, respetando gran parte del verso de Shakespeare: más allá del uso de la gestualidad casi microscópica y el lenguaje del clown como elemento expresivo, la propuesta de Gabriel Chamé tiene ideas y momentos de gran comicidad, como los churros de piscina que sustituyen a las espadas, esa tela que hace las veces de mar y a la que se arroja un barquito de papel para simbolizar la nave del moro; ese de Casio estética decididamente hípster gafapastil, o la escena de la borrachera –con un Yago que perrea reggaetón en una escena planteada en diagonal para sugerir los efectos de la borrachera-, esa Desdémona maruja a la que le falta decididamente un hervor, esa Emilia –interpretada por un actor- que parece la nana de una telenovela mexicana o esa escena tronchante en la playa que presenta a Yago y Otelo con dos cajas a modo de bañadores mientras discuten casi intentando ver ‘quién la tiene más grande’. Lo cierto es que esta propuesta –que leída puede resultar tan extraña- funciona bien, siempre desde el nervio desmesurado que imprimen los actores a un montaje que no da un minuto de respiro a un espectador que recibe golpes a base de la organicidad de los actores.

Como digo, es un montaje basado en el uso del exceso consciente con todo lo que ello conlleva –solo en la escena final, de la muerte de Desdémona, Chamé otorga un oasis dramático como queriendo enfatizar el desenlace y recordarnos que esto es drama-; y siendo una propuesta hasta cierto punto semejante al Édipo que el mes pasado ofrecía la Companhia do Chapitô, no tiene nada que ver con esta, puesto que si bien ambas toman un clásico dramático para abordarlo desde la hilaridad, ambas usan también propuestas y presupuestos narrativos tangencialmente diferentes entre sí para causar la hilaridad. Y en ambas se consigue. Pero, como todo buen experimento –y sobre todo si se apoya en los excesos de este Othelo-, la duración juega a favor o en contra a la larga: los portugueses contaban la tragedia griega en apenas una hora, y los argentinos abordan la inmortal obra de Shakespeare en casi dos que son puro exceso. Siento que en esta original función de Chamé hay un exceso de metraje que le acaba jugando una mala pasada a un resultado final que, aunque es bueno, no llega a ser brillante porque por momentos se vuelve algo cargant.e a base de ser algo largo y repetitivo… y el caso es que –dado lo original de la premisa y lo notable de la ejecución- siento que algo tan sencillo como acortar la duración hubiese ayudado mucho a redondear e resultado final.

Con todo, hay que aplaudir el dificilísimo y descomunal trabajo de los cuatro actores de la compañía, que demuestran que tienen el espectáculo –como ya he dicho, trepidante- perfectamente medido, y que navegan con igual fortuna en la comedia que en la tragedia. El Yago de Hernán Franco es, desde su gestualidad tan excesiva como expresiva –hay que verlo, no se puede explicar con palabras-, un verdadero monumento al carisma puro y duro; el Othelo de Matías Bassi sorprende cuando muestra los registros más decididamente dramáticos del personaje –es casi al único al que se le permite- como un actor que parece capaz de todo; Martín López se roba la función dando vida a una cantidad inimaginable de personajes, aportando diferenciación dramática y realizando una proeza física que no está al alcance de cualquiera –¿pero cómo puede cambiarse tan rápido?- y Justina Grande es festival de histrionismo en su inesperada Desdémona, tan argentina.

El público en delirio, tronchado de risa y cálido en el recibimiento –y no es para menos dado lo alocado del planteamiento y lo impecable de la ejecución-; pero uno se queda con la sensación de que las casi dos horas de función acaban por lastrar sobremanera el resultado final, que caminaba imparable hacia el éxito. Ya saben que lo bueno si breve dos veces bueno: y lo que esto tiene de bueno le falta, sin duda alguna, de breve.

H. A.

Nota: 3.25 / 5

 

“Othelo”, versión libre de Gabriel Chamé sobre William Shakespeare. Con: Matías Bassi, Hernán Franco, Martín López y Justina Grande. Dirección: Gabriel Chamé. COMPAÑÍA DE GABRIEL CHAMÉ

Festival Internacional Outono Teatro de Carballo. Pazo da Cultura, 30 de Octubre de 2015

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