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‘Los Nadadores Nocturnos’, o maneras de combatir el desasosiego

octubre 26, 2015

Precedida de un importantísimo éxito de crítica y público –que culminó el pasado mes de Mayo con el Premio Max al Mejor Espectáculo Revelación- llegó al Festival Internacional Outono de Teatro de Carballo Los Nadadores Nocturnos, una función en la que está implicado gran parte del equipo que después presentaría en la capital la recordada Fortune Cookie. El debut gallego de esta pieza de Jose Manuel Mora se produjo pocos días antes de su triunfal regreso a Madrid, donde permanecerá por algo menos de una semana en el Teatro de la Abadía.

Los Nadadores Nocturnos plantea una situación pre-apocalíptica pero actual, en la que el desencanto se ha adueñado de todo y de todos en nuestro país. Jan Ge, antiguo profesor expulsado de su puesto de trabajo tras ser acusado de pederastia por uno de sus alumnos, cree en una revolución nacida del sacrificio colectivo como única herramienta posible y crea para ello la orden de los nadadores nocturnos, en la que recluta a seres rotos, dolidos, incompletos, incomprendidos o sumidos en profundas crisis de identidad, que se ven todas las noches en una piscina para nadar y tener salvajes relaciones sexuales. Nadar y follar para combatir la soledad y el desasosiego. Porque, como dice el texto: “Cuando oscurece siempre se necesita a alguien”. Así, el espectador asiste a las historias fragmentadas de seres que deben enfrentar vacíos sociales o personales más o menos graves y que encuentran en el refugio nocturno el profesor un recoveco de calma, paz y comprensión que solo tiene, sin embargo, una salida posible: la de la inmolación para la regeneración del sistema en un futuro en el que tal vez se vislumbre la esperanza de una vida mejor. A través de una muerte tal vez heroica, tal vez prematura como la de tantos otros nombres que aparecen homenajeados aquí por esta sociedad sectaria.

Tiene el texto de Jose Manuel Mora una fuerte carga simbólica, social y poética, que alcanza en sus historias fragmentadas –retazos representativos de una sociedad, o mejor dicho de una masa- momentos bellos tanto en la escritura como en la implicación emocional que se quiere transmitir al espectador. También a través de toda una miscelánea de estilos –porque aquí conviven junto a lo poético la danza y hasta la música, con versiones que van desde Depeche Mode hasta Radiohead- se consigue generar un espectáculo de un atractivo visual innegable, que habla por encima de todo de la necesidad de amor para combatir la soledad y de la dificultad de conseguirlo de lo que al fin y al cabo son un grupo de outsiders sociales más que unos meros antisistema. Pero en el haber, quizá haya que apuntar también esa cierta sensación de collage inconexo consciente que no termina de profundizar en todas las historias por las que transita, provocando un cierto distanciamiento del espectador salvo en las escenas que están o bien mejor servidas por ciertos actores o sencillamente mejor escritas. Y también es verdad que el espectáculo empieza avanzando con pulso firme pero amenaza con perderse a la hora de resolver –quizá por esa atmósfera de fragmentario que posee-.

Es innegable que Los Nadadores Nocturnos comparte con su ‘hermana pequeña’ Fortune Cookie buena parte de los presupuestos narrativos, estéticos y de temática social que abordan una y otra –si bien ambas hablan de la sociedad desde puntos de vista bien diversos-, como es innegable que a mí personalmente Fortune Cookie me parece un producto con mejor acabado –y personalmente me fascinó más estructuralmente- que el climáticos que se alcanzan en esta función. Es cierto que parece que gran parte del público que ha visto ambas se siente más atraído por esta que por aquella; como también es cierto –y eso puede influir- que yo las vi en el orden inverso, con lo cual puedo echar en falta en Los Nadadores Nocturnos ese factor sorpresa que sí tuve en Fortune Cookie en su día. Ahora bien, quién sabe si de haberlas visto en el orden previsto, el impacto que me hubiese producido Los Nadadores Nocturnos tal vez fuese mayor.

Hay que reconocer el indudable acierto estético del montaje, estupendamente dirigido por una Carlota Ferrer que sabe bien cómo integrar todas las disciplinas que forman parte de él –danza, texto, música en directo-, sin que nada chirríe y haciendo que el ritmo fluya en lo visual, en lo estético y en lo climático. Quizá me sobren los micrófonos –¿se han fijado que últimamente usar micrófonos no como medio de amplificación, sino como elemento dramatúrgico empieza a ser una curiosa constante?- pero no se puede negar que la puesta en escena es uno de los grandes ganchos de la propuesta, que cuenta con acertadas coreografías, que remarcan lo mucho que de onírico y poético tiene esta historia, runa sugerente iluminación de José Espigares.

En el nutrido reparto lo primero que hay que aplaudir es esa capacidad multidisciplinar de todo el elenco –porque hablan, cantan, bailan y deben vestir ropa de baño que seguramente no sea lo más cómodo para lucir durante una función-; y una vez comentado esto es de ley destacar la fuerza desgarrada que muestra Esther Ortega en la Mujer Rota –por tono e intenciones es seguramente la mejor del conjunto-, y el ingenuo encanto que aportan en sus intervenciones tanto El Chico con el Cuerpo Equivocado de Jorge Machín como La Chica de Buena Familia de Cristina Subirats –que no obstante aún puede y debe crecer en la parte musical-. Cumplen sin problemas tanto Paloma Díaz como Ricardo Santana en sus respectivos cometidos; mientras que la dicción de Joaquín Hinojosa en Jan G. podría ser más clara; y al Chico Normal y Razonable de Alberto Jo Lee puede que le falte un punto de implicación dramática que –puesto que se trata de una sustitución- seguramente irá llegando conforme vaya sumando más funciones. Muy  en su sitio la intervención grabada tan puntual como fundamental del niño Enrico Barbaro.

Los Nadadores Nocturnos es pues una propuesta bella, estimulante y con personalidad, a la que quizá le falte terminar de pulir el acabado para redondear un resultado que empieza muy arriba, pero baja inevitablemente el pistón hacia el último tramo, sobre todo a la hora de resolver. Con todo, una muestra ambiciosa de la dramaturgia actual.

H. A.

Nota: 3.5 / 5

“Los Nadadores Nocturnos”, de José Manuel Mora. Con: Esther Ortega, Joaquín Hinojosa, Alberto Jo Lee, Jorge Machín, Cristina Subirats, Paloma Díaz, Ricardo Santana. Voz: Enrico Barbaro. Dirección: Carlota Ferrer. DRAFT INN.

Festival Internacional Outono de Teatro de Carballo, Pazo da Cultura de Carballo, 16 de Octubre de 2015

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2 comentarios leave one →
  1. Aliseda permalink
    octubre 27, 2015 12:39

    La mejor obra del panorama. Yo pienso repetir la experiencia de nadar entre personajes y sueños posibles.

Trackbacks

  1. ‘Blackbird’, o lo mediático desde la esfera de lo íntimo | BUTACA EN ANFITEATRO

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