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‘Voto de Silencio’, o cuento de amor sin palabras

septiembre 20, 2015

cartel VOTO DE SILENCIO p

Guindalera ha comenzado su curso 15/16 con Pinatapai Teatro, una compañía invitada que presenta Voto de Silencio (La Historia de un Beso), una función breve de Verónica McLoughlin que funciona como una especie de cuento de amor sin palabras. Una historia de amor contada a través de retazos, de silencios, de huecos que el espectador debe completar, donde las miradas y los silencios; lo que no se dice y lo que se intuye cobra inaudita importancia.

Un buen día, por algo que no se nos explica, la joven Ana llega metida en una maleta a vivir a casa de Eduardo, un hombre mayor que ella. Es una casa casi desamueblada en algún pueblo pequeño, de esos en los que nunca pasa nada. Desde el silencio –porque no se conocen y casi no saben cómo comunicarse-, a través de la inicial torpeza sentimental de Eduardo, que no consigue terminar de acertar en cómo tratar a la chica y desde la feminidad y sensualidad escondidas y casi se diría que reprimidas de Ana, aparentemente frágil como una figurita de cerámica, se establece una relación callada, basada en el silencio, en la escucha y en la mera necesidad de compañía entre estos dos seres. Una relación que crece y se fortalece como en un cuento, pero un cuento sin palabras; una relación casi telepática, mental, que aumenta progresivamente hasta conseguir unir a dos seres que se miran el uno al otro como en un espejo, y que difícilmente podrán continuar sus existencias –incompletas, vacías, marcadas- el uno sin el otro, en una historia hecha de pequeñas cosas, de momentos, de retazos de vida y de instantes simbólicos –esos sueños de Ana- que terminan conformando un todo cuyo mensaje es que, efectivamente, es posible…

VOTO DE SILENCIO (Lara) foto de PEPE SANCHEZ

Hay, como digo, muchos silencios en el texto de Verónica McLoughlin; pero sobre todo hay muchas preguntas que el espectador debe completar: desde el background de los personajes antes de llegar a ese punto –suponemos que han tenido circunstancias difíciles, hay un momento dado en el que están a punto de salir, pero nunca afloran…- hasta el ‘qué pasaría sí…’ en una serie de situaciones que se intuye que podrían llegar a ocurrir. Hay en Voto de Silencio toda esa influencia del teatro contemporáneo argentino –algo de Claudio Tolcachir, pero fundamentalmente de Pablo Messiez- en el que se plantea, se sugiere un conflicto, y se da al espectador las herramientas necesarias para intuir qué es lo que ocurre; si bien en este caso todo lo que no sea el desarrollo del amor –el amor no solo como sentimiento, sino entendido en el sentido más amplio de la palabra- queda reducido a lo que el espectador pueda dilucidar. A McLoughlin le ha interesado escribir una fábula sobre el poder del amor para modificar a las personas, para servir de balsa, el poder del amor como arma para seguir adelante; y ha dejado en segundo término todo el peso de un drama que –aunque obviamente se intuye- nunca llega a aflorar. De alguna manera, se podría decir que Voto de Silencio crea, bajo una atmósfera de cuento de hadas de príncipes y princesas, una cierta expectativa trágica que amenaza el devenir de las vidas de dos seres que trabajan codo con codo –pero inconscientemente- para construir su felicidad: pero McLoughlin sabe bien la historia que está escribiendo, y prefiere ayudarnos a creer que otra vida, otro mundo y otra felicidad es efectivamente posible. Plantea pues un desenlace que, aunque coherente, deja también cierto regusto de irrealidad –tanta felicidad no es posible más que en el teatro, piensa uno…-, que sin embargo casa muy bien con el género de cuento mudo que sigue la función.

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Poner en escena una obra como esta, que se basa en el silencio y en la mirada casi más que en lo que se dice –y que intuyo que debe tener en el texto unas acotaciones de peso- es un desafío para cualquier director. Aquí dirige la puesta en escena Marianela Pensado, la inolvidable actriz protagonista de obras maestras de Pablo Messiez como son Muda y Los Ojos. En su puesta en escena se nota que bebe directamente de la experiencia adquirida junto al director argentino, en una inteligente forma de administrar el silencio, la mirada, y el uso del gesto para transmitir mensajes no dichos; arte difícil que aquí queda sobradamente dominado, en la que es sin duda la mejor baza del montaje: el dominio de la dirección de actores y la capacidad para llenar esos silencios tan importantes en esta obra. Falta, sin embargo, sentido de la continuidad del ritmo –los fundidos no ayudan y no siempre resultan necesarios a mi modo de ver, y hay una escena formada de estampas, casi a modo de fotografías, a la que habría que ajustarle el tempo- para conseguir un espectáculo redondo. Tampoco la selección musical –siento que a veces bastante alejada del carácter de la función- termina de aportar a la narración y podría revisarse para terminar de redondear una puesta en escena de inteligente sobriedad.

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En el elenco actoral, Lara López Muñiz sorprende muy positivamente con una inusitada capacidad gestual que permite que el público transite por todos aquellos recovecos de Ana que la ausencia de texto nos esconde: desde la poderosa luminosidad de la mirada, López Muñiz sabe transmitir esa mezcla de ingenuidad, coquetería y sensualidad reprimida que el personaje desprende y completa un buen trabajo basado en la comunicación instantánea y directa con el espectador; mientras que Jacobo Muñoz –por su parte- sirve de perfecto contrapunto a una López Muñiz que carga con el peso del espectáculo –de la misma manera que él carga con el peso del texto- en el papel de ese hombre rudo que cae inevitablemente rendido ante el encanto natural de ella. Pero lo verdaderamente importante es que ambos tienen bien asumidos y perfectamente controlados los especialísimos códigos poéticos en los que navega esta función

En fin, una historia que es un canto al poder sanador del amor, escrita con mano firme por una autora que ha sabido llevarla con pulso firme por el camino que ha querido –insisto, creo que ganaría con un desenlace menos amable, aunque transmitiese otro mensaje-, interpretada por un equipo perfectamente solvente y dirigida por una profesional curtida en este tipo de espectáculos, que aún crecerá con el rodaje y ajustes aquí y allá.

H. A.

Nota: 3.25 / 5

 

“Voto de Silencio (La Historia de un Beso)”, de Verónica McLoughlin. Con: Lara López Muñiz y Jacobo Muñoz. Directora: Marianela Pensado. PINTAPAI TEATRO.

Teatro Guindalera, 12 de Septiembre de 2015

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