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‘Bajo Terapia’, o terapias de doble rasero

septiembre 15, 2015

Como ya viene siendo habitual, el director argentino Daniel Veronese ha presentado en España su último espectáculo, contando con un mediático reparto español de cine y televisión que está llenando la sala. No se trata esta vez ni de un texto propio ni de la revisión de un clásico, sino de la primera obra teatral escrita por Matías del Federico: Bajo Terapia, una comedia dramática con caramelo envenenado incluido sobre el mundo de las terapias de pareja.

Un viernes por la noche en la consulta de una terapeuta. Tres parejas que asisten a consulta regularmente han sido citadas para una sesión conjunta. Pero esta vez serán ellos mismos quienes dirijan la sesión: la terapeuta –ausente- les ha dejado una serie de sobres con distintas instrucciones para que todos tengan el punto de vista de los otros sobre los problemas de cada pareja, se ayuden, se retroalimenten y estén dispuestos a continuar con sus vidas asumiendo sus problemas. Podrán irse cuando se lea el último sobre, pero además son libres de abandonar la sesión cuando lo deseen. Así, van aflorando temas como la manera de cuidar a los hijos, la forma de afrontar la convivencia en pareja o el papel que representa el sexo en las vidas de nuestros protagonistas, de manera que las diferentes posturas de las tres parejas provocan que se genere un conflicto constante en sus maneras de ver el mundo. Cada una de las tres parejas tiene un conflicto inicial más o menos superfluo –Esteban y Carla la reticencia de ella a irse a vivir juntos, Laura y Daniel la manera de educar a sus hijos y Roberto y Marta la supremacía de él sobre ella- detrás de los cuales afloran conflictos mentales y sociales mucho más graves e importantes, que salen a la luz efectivamente a partir de los conflictos de los otros: a medida que cada pareja se implica en las problemáticas de las otras, la tensión crece básicamente porque se entra en una esfera en la que los desconocidos manejan –siempre por las indicaciones de la psicóloga- realidades ajenas a ellos, haciendo que las cosas escuezan; de manera que pronto va desapareciendo la atmósfera de cordialidad y camaradería del inicio para situarse en un entorno mucho más turbio regado de alcohol y café.

Hay pros y contras en el texto que firma Matías del Federico, y resulta complicado equilibrar la balanza, por cuestiones de las que difícilmente se puede hablar sin entrar en spoilers fatales… Primero que cada una de las tres parejas representa estereotipos más o menos marcados de la conducta humana, para completar así cómodamente un mosaico humano en el que los personajes se puedan retroalimentar para generar situaciones dramáticas útiles. Afortunadamente, sin embargo, los diálogos –la versión original la firma Adriana Roffi, revisada en castellano por David Serrano- fluyen con frescura y tienen el gancho suficiente como para que la comedia sea útil para divertir y al tiempo remover conciencias: el texto tiene ingenio y está bien servido los actores. Pero el gran problema de la propuesta de Del Federico es que reserva para el final una supuesta sorpresa argumental que está directamente tomada de –al menos- otros dos textos modernos que han causado sensación: cualquiera que haya visto dichos textos –mejor no citar los títulos para no reventar automáticamente la sorpresa- empezará a sospechar pronto que en esta historia hay el mismo tomate que había en aquellas… y el desenlace acabará por confirmar las sospechas: funciona efectivamente como herramienta aleccionadora para mover a la reflexión; pero falla –y de qué forma…- en esa falta de factor sorpresa que liga esta pieza con otras previas. Un servidor, por lo menos, tardó cinco minutos en verse venir qué ocurría y quince en sospechar quién estaba en el ojo del huracán. Me dejé llevar por el buen ritmo de la acción y por la comedia; pero, quieran que no, tenía la esperanza de que el desenlace verdaderamente reservase una sorpresa no vista antes: algo que le resta enteros a una pieza que –de haber conseguido otro tipo de giro- funcionaría mejor globalmente de lo que lo hace.

A pesar de todo, si algo hay de verdaderamente destacable en esta propuesta es la dirección que firma Daniel Veronese, que firma uno de sus trabajos más delicados en materia de cómo plantear el crecimiento de conflicto, porque consigue buen ritmo sin cargar nunca las tintas en el empleo de la violencia y sabiendo emplear el silencio y la disposición de imágenes como herramienta de narración: pronto focaliza claramente en un personaje más o menos silente, creando una lógica expectativa que termina cobrando pleno sentido en el transcurso de la función. Construye, en definitiva, una propuesta mucho más pausada –pero no por ello exenta de pulso dramático- que en otros montajes recientes del director argentino. Sencillo y funcional el espacio escénico de Elisa Sanz.

Hay en el mediático elenco algunos nombres muy bien escogidos, y esta es otra de las razones de que la función merezca la pena. Se puede decir por regla general que el reparto masculino –impecable y entonadísimo- funciona mejor que el femenino. El machista declarado que firma Juan Carlos Vellido, el machista encubierto del que se encarga Fele Martínez y el ‘guaperas sobrado’ que interpreta Gorka Otxoa brillan porque no dejan pasar por alto ni una sola de las oportunidades que el texto les ofrece para servir las réplicas cómicas provocando hilaridad en los estereotipos que interpretan, volviéndose a confirmar una vez más como los excelentes actores que son  y regalando momentos verdaderamente desbordantes. En el femenino, quien brilla es una impecable Carmen Ruiz, versátil, expresiva y llena de registros en el que probablemente sea el más complejo de los seis personajes, porque calla, observa y genera expectativa la mayoría del tiempo, provocando que nunca la perdamos de vista. Manuela Velasco defiende un personaje de perfil más genérico que no permite demasiadas oportunidades de brillo personal y Melani Olivares, inteligente en la forma de servir las réplicas, aún no esconde sin embargo ciertas dudas con el texto.

En definitiva, una propuesta entretenida, bien dirigida y bien interpretada; que cumple su función de entretener sirviendo comedia a través del gancho de sus diálogos, pero que pincha en el desenlace sencillamente porque es algo que ya habíamos visto antes: y es posible que muchos de ustedes hayan visto alguna de las funciones que comparten la carambola final con esta y le vean el plumero antes de tiempo a esta terapia de doble rasero en la que el factor sorpresa se tambalea, por más que el resultado llame a la reflexión del espectador.

H. A.

Nota: 3.5/5

 

“Bajo Terapia”, de Matías del Federico. Con: Gorka Otxoa, Manuela Velasco, Melani Olivares, Fele Martínez, Juan Carlos Vellido y Carmen Ruiz. Dirección: Daniel Veronese. PRODUCCIONES TEATRALES CONTEMPORÁNEAS / VERTEATRO  PRODUCCIONES / HERALDO 97 S.L.

Teatros del Canal (Sala Verde), 9 de Septiembre de 2015

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