Skip to content

‘La Imaginación del Futuro’, o se le(s) fue de las manos, señor Presidente

julio 28, 2015

La compañía chilena La Re-Sentida presentó en la Mostra Internacional de Teatro de Ribadavia su espectáculo La Imaginación del Futuro, una polémica propuesta que trata desde un ángulo decididamente satírico y farsesco la situación de un Santiago de Chile corrupto, podrido y revuelto desde la época de gobierno de Salvador Allende hasta la actualidad, a modo de radiografía basada en una comedia excesiva que lleve a la reflexión. ¿Se equivocó Allende en su manera de llevar el gobierno? ¿Podría haber corregido sus errores de haber escuchado a quienes le rodeaban? ¿Se podría haber evitado la dictadura de Pinochet? ¿Está Allende a tiempo de corregir el devenir de los acontecimientos? Estas son algunas de las claves que trata este espinoso texto, siempre en clave de farsa –de manera que, claro, la polémica está servida-. Salvador Allende se halla rodeado de todos sus ministros y de su asistente de prensa y comunicación, que preparan una comparecencia por televisión en la que el presidente ha de dirigirse a sus conciudadanos. Descontrol total. Las cosas no salen como la gente desea, el discurso se repite una y otra vez, y la ira descontrolada del equipo de Allende –violenta, pero al tiempo torpe y cómica- interrumpe la disertación una y otra vez; hasta que el presidente decide que llegó la hora de echarse la siesta. En este momento el espectáculo se detiene argumentalmente durante media hora de reloj –lo que dura la siesta del presidente-, y la compañía realiza una serie de escenas –muchas veces en los límites entre la farsa y el mal gusto- para reflejar la convulsa situación social chilena. Pasada esa media hora, resta una tercera parte del espectáculo para tratar con el último asalto y la caída de Allende.

Está claro que La-Resentida –y Marco Layera en las labores de dirección escénica- trabajan desde un lugar y desde un lenguaje arriesgadísimos que no dejarán indiferente a nadie, porque han escogido contar su radiografía socio-política de Chile desde un tono que obliga al nutrido elenco a estar constantemente en lo alto de la catarsis interpretativa: aquí no hay lugar para arcos, para evolución emocional; y todo se pone al servicio de una farsa exagerada constante, en la que la movilidad es frenética y muchas veces elude directamente lo meramente coreográfico –para que se hagan una idea: lo salvaje de las interpretaciones provocó caídas poco aconsejables, e incluso rotura de parte del material escénico sin que estuviera previsto…-. Además, el tono empleado se mueve constantemente en esa farsa que en un par de momentos se vuelve francamente incómoda por lo prolongado de un par de situaciones de corte más bien efectista –una actriz increpando en la platea a un público al que ni se le da opción a defenderse, la historia de un niño de la calle sin futuro, condenado a morir en unos años víctima del fuego cruzado que personifica un hombre recién salido de la tradición cabaretera, en un momento que en mi opinión puede llegar a herir, espero que conscientemente, la sensibilidad de cualquier persona implicada con el conflicto chileno …- que bien podrían revisarse. De la misma manera, el gobierno aparece reflejado en una manera que pronto supera la mera farsa para colocarse en unos límites de parodia constante, decididamente empujada hacia el exceso: ese exceso que domina todo el espectáculo.

Es precisamente en el exceso donde una propuesta como esta –potente, polémica y no exenta de cierto interés- no termina de descollar. La sensación con la que uno se queda cuando ve La Imaginación del Futuro es que todo es constantemente demasiado –demasiada energía, demasiada gente en escena, demasiado movimiento…- y que esta sensación de exceso no siempre aporta algo como debería. Creo que a Layera y su compañía se les va el espectáculo de las manos en más de una ocasión –desde el punto que hay actores que se dañan visiblemente, y partes de la escenografía que se rompen, hay que tener en cuenta que las coreografías no están todo lo bien ejecutadas que se debería…-. Además, el exceso constante acaba por robar potencia a la parodia misma –de acuerdo en que los ministros consuman cocaína, pero hacen toda la función desde tan arriba que pareciera que aunque les vemos consumir esa cocaína bien transcurrida una hora, perfectamente podrían haberla tomado desde antes de empezar… y no es eso-. Creo que haber dibujado de algún modo un crescendo dramático progresivo que hubiese ido a favor de un espectáculo en absoluto exento de interés, pero en el que todo se desgasta precisamente a base del exceso: los primeros minutos sorprenden, pero según uno se acaba habituando al frenesí generalizado éste va perdiendo interés, por más que siga habiendo algunos momentos simpáticos aquí y allá. Pero, de alguna manera, acaba quedando el regusto de que, como dice el dicho: “la potencia sin control no sirve de nada”.

Una vez que asumimos el lugar desde el que trabaja Marco Layera hay que reconocer que, pese a que los actores no lo tienen –ni muchos menos- fácil, responden entregadísimos a esta pequeña locura. Destacan el extraordinario trabajo de Rodolfo Pulgar –el único que encuentra momentos de cierta poética dialéctica en su discurso- con el presidente Allende, en un gran trabajo de caracterización; así como los trabajos sólidos y entregados de Benjamín Westfall y Carolina Palacios, encabezando un equipo de ministros que completan con acierto Carolina de la Maza, Diego Acuña, Pedro Muñoz, Benjamín Cortés y Luis Moreno, decididamente entregados como pocos podrían a una labor francamente extenuante que acometen sin esfuerzo aparente.

A pesar de que la propuesta no deja indiferente por su potencia, uno no puede dejar de pensar que el exceso hace que en algunos momentos el exceso desmesurado general se les vaya de las manos –como se le fue a Allende el gobierno, qué ironía…-, y que una propuesta valiente pero irregular, que se queda en niveles de potente curiosidad hubiera podido ser mucho más útil relajando el tono general, recortando –que no eliminando- algunos pasajes y haciendo que las situaciones estallen en un crescendo dramático, no en la euforia generalizada que hay aquí. De haberlo hecho así, se habría dejado además un espacio para que el público reflexionase  como es debido: pero a la velocidad de crucero que transcurre esto, la reflexión apenas cabe; salvo en un par de momentos que –como ya he dicho- en mi opinión sencillamente se pasan de efectistas. Y es que todo son caminos, y siento que este espectáculo de La Re-Sentida se ve oscurecido por el –por otra parte, valiente- dominio del exceso.

H. A.

Nota: 3/5  

“La Imaginación del Futuro”, de La Re-Sentida. Con: Rodolfo Pulgar, Benjamín Westfall, Carolina Palacios, Carolina de la Maza, Diego Acuña, Pedro Muñoz, Benjamín Cortés y Luis Moreno. Dirección: Marco Layera. LA RE-SENTIDA. XXXI Mostra Internacional de Teatro de Ribadavia, Auditorio do Castelo, 24 de Julio de 2015

Anuncios
No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: