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‘A House in Asia’, o jugar como niños

julio 27, 2015

Espectáculo en inglés

En un mundo y en un momento en que cualquier lenguaje tiene cabida dentro del teatro, sorprendió mucho la audaz propuesta de la Agrupación Señor Serrano A House in Asia: lo que podríamos denominar como un espectáculo de “teatro 2.0”, que integra todo tipo de técnicas –lo audiovisual, la imagen en directo, la imagen pregrabada…- y referencias para crear una narración que demuestra, ante todo, que el teatro está más vivo que nunca y abierto a nuevas tendencias siempre y cuando esas nuevas tendencias vengan puestas al servicio del espectáculo, como ocurre aquí.

Una gran pantalla de cine y varias maquetas dispuestas por el escenario. La filmación en directo de esas maquetas –sobre la que se incluyen imágenes previamente filmadas- nos sirve para contarnos la historia de un sheriff, el hombre que mató a Jerónimo, un poderoso terrorista islámico implicado en los atentados del 11-S. Matar a Jerónimo es pues un hecho histórico, el sueño de todo buen policía americano, el sueño de todo buen patriota. Y ese es nuestro protagonista: un hombre de ley que mató a Jerónimo por su patria. Todo está basado en tres casas: la casa en la que se ocultaba Jerónimo en Pakistán, una réplica exacta de esa casa sobre la que opera la policía y una tercera casa –otra réplica- en la que se rueda una película sobre la muerte de Jerónimo. Partiendo de esta anécdota –y siempre desde su lenguaje tan particular- lo que sirve este espectáculo es un western rabiosamente contemporáneo, lleno de acidez y formado por una miscelánea de referencias que provocan un viaje irresistible hacia una historia imaginada en la que ni todo es verdad ni todo es mentira. Hay todo un cúmulo de referencias icónicas de las más diversas índoles, que viajan desde el inolvidable monólogo final de Blade Runner, hasta la música de Take That, el Risk, las películas de los hermanos Marx, los mejores westerns de la historia y –por qué no decirlo- también un tipo de western más moderno de esos que rozan peligrosamente –pero de manera siempre consciente- el cliché del telefilme. Varios niveles de acción que se superponen y se solapan para construir una narración que sorprende al espectador a cada segundo.

¿Es todo esto una frikada? Pues seguramente ¿Es un espectáculo generacional en el que hay que tener claras una serie de referencias para poder gozarlo en plenitud? También. Pero lo cierto es que lo que ofrece la Agrupación Señor Serrano es una propuesta llena de encanto, con una personalidad que hace imposible que no nos dejemos arrastrar. En este juego metateatral-cinematrográfico todo funciona, con una narración que sorprende por la audacia, por la ironía y por cómo toda una serie de elementos que a priori no casan ni con cola aquí se unen para formar un todo que encaja para crear un espectáculo gamberro, atrevido, irónico; que realiza una audaz crítica no ya del hecho terrorista sobre el que se apoya, sino más bien –y esto es lo importante- una crítica de toda una parte de la cultura pop americana ligada a un tiempo, en un espectáculo tan irresistible como difícil de explicar si no se ha visto, precisamente por todo ese cúmulo referencial que cabe en él.

Hay mucho espacio para el humor en A House in Asia, y hay de hecho diferentes niveles de humor, partiendo de esos sobretítulos que reinterpretan con total libertad las frases y los sentidos del texto inglés –quién sabe si en un acto de crítica decidida hacia el mundo de las traducciones y el doblaje-. Pero de todos los niveles de humor presentes, el mejor es precisamente ese humor que nos lleva directamente de la mano a examinar en qué se ha convertido esa América donde el cine lo puede todo, donde el country es una cultura de masas, donde las películas son el motor de ser de la sociedad. La América de lo comercial, la que todo lo magnifica: la América del sombrero de vaquero, el pub y la hamburguesa y la que provoca que el único recuerdo válido para configurar una historia sea el que quede a través de una ficción que no tiene por qué asemejarse a la realidad, sino más bien –y cuanto más mejor- a la épica. La América de la imagen, en definitiva: esa es la imagen que aparece reflejada de forma audaz –y tremendamente irónica- en esta función, que en ningún momento pretende dar lecciones de política ni de Historia, ni buscar respuestas al hecho histórico sobre el que trata: aquí -con acierto- los tiros van en otra dirección.

Es cierto que el teatro está ya de vuelta de todo, y que todo está visto: este tipo de teatro –un teatro de objetos, un teatro ‘cinematográfico’, un teatro visual- se ha hecho muchas veces antes –ahí está por ejemplo Mi Gran Obra, que esta misma temporada se vio en Madrid- pero creo que lo que hace la Agrupación Señor Serrano en este espectáculo va un paso más allá: porque han conseguido no solo armar una perfecta dramaturgia a partir de un lenguaje que a priori podría ser acusado –erróneamente- de poco teatral, sino que además han apostado decididamente por todo un universo, un imaginario lleno de personalidad: un imaginario con todas las papeletas para estrellarse, pero que sin embargo sale triunfante a través de todo el conjunto. Como público, resulta imposible no engancharse, no seguir el devenir de los acontecimientos con una perplejidad deliciosa que nos lleva a unos mundos en los que todos hemos vivido cuando fuimos niños: los soldaditos, las pistolas de juguete, los playmobil y las maquetas integradas en una narración decididamente épica. Todos hemos querido jugar a eso e imaginar eso alguna vez, y Agrupación Señor Serrano lo ha hecho, salpicándolo además con símbolos que permanecen en la memoria de todos –algunos, como Take That, tendrán que ir a buscarlos a sus profundidades mentales, pero les aseguro que ahí siguen-. Esa es la clave que diferencia este espectáculo de otros de la misma índole, y esto es lo que convierte esta propuesta en una gamberrada audaz de máximo interés.

Por no hablar de lo impecablemente realizado que está todo el espectáculo, todo perfectamente ensamblado sin la menor posibilidad de fallo, y con todos los lenguajes integrados en perfecta armonía, mientras los tres performers –Álex Serrano, Pau Palacios y Alberto Barberá– no solo no dudan, sino que además dan imagen clara de estar disfrutando como niños, de estarlo pasando en todo momento en grande. Aquí gay no solo una imaginación desbordante, sino también un trabajo duro, concienzudo y perfectamente ejecutado, tanto a nivel dramatúrgico como a nivel de plasmar esa dramaturgia en un escenario.

Da gusto asistir a espectáculos como este, que demuestran que el teatro es un género vivo, en constante diálogo y en constante evolución; pero que el rigor, la imaginación y la seriedad no están reñidos con ese concepto de ‘rabiosa novedad’. Todo ello aparece en esta deliciosa frikada consciente que acaba arrastrándole a uno sin remedio y que lleva de la mano directamente a la infancia: a esa infancia en la que jugábamos como niños, como ahora juegan los adultos de esta compañía. Compañía española y brillante que –por cierto- se prodiga muy poco en España, mientras sí se nos venden otros productos de dudoso gusto como ‘novedad’: para revisar, porque Agrupación Señor Serrano debería estar en todas las grandes programaciones patrias por derecho propio.

H. A.

Nota: 4.25/5

 

“A House in Asia”, de Agrupación Señor Serrano. Con: Álex Serrano, Pau Palacios y Alberto Barberá. AGRUPACIÓN SEÑOR SERRANO.

XXXI Mostra Internacional de Teatro de Ribadavia, Auditorio do Castelo, 23 de Julio de 2015

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