Skip to content

‘Hard Candy’, o quien hace la ley hace la trampa

julio 14, 2015

Después del reciente éxito de Fortune Cookie, el Centro Dramático Nacional cerró su temporada con otro proyecto nacido en el Laboratorio de Creación de LaZonaKubik. En esta ocasión, Hard Candy, un texto de Brian Nelson que fue objeto de una recreación cinematográfica a cargo de David Slade en 2005, y que aborda el tema de la pederastia en internet como una relectura del cuento de Caperucita Roja, donde las fronteras entre el lobo feroz y la jovencita indefensa no siempre terminan de estar claras.  Una función que hasta cierto punto puede considerarse por su planteamiento y sus características puede recordar hasta cierto punto a Grooming, de Paco Bezerra.

Tras un tiempo chateando por internet, una menor de edad y el pederasta con el que chatea en casa de este, con la excusa de que él le haga unas fotos artísticas. Lo que a priori parece que va a derivar en un encuentro más o menos consentido entre una lolita y un pederasta sin mayores consecuencias que el sexo o un juego de dominación entre amo y sumisa, pronto se convierte en un combate que adquiere visos de llegar a ser una venganza justa: la de una menor que es la justiciera de todas las niñas de las que ese pederasta abusó…. Porque esa niña pija y marisabidilla –que huele a trampa desde el segundo uno- acaba siendo mucho más peligrosa de lo que parece a primera vista… Pero esto es solo el punto de partida, la primera lectura de una historia que pretende ir mucho más allá, profundizando en cuestiones como los límites de la verdad – ¿miente el pederasta? ¿dice la verdad?- o las fronteras que separan cordura de locura y víctima de verdugo. Una historia, en fin, con muchos claroscuros no siempre resueltos que plantean cuestiones que hacen que el espectador reflexione sobre los límites de la naturaleza humana… pero también con agujeros que hacen que nos planteemos cuestiones básicas sobre la veracidad de lo que se nos cuenta: porque igual que en la vida, en el teatro quien hace la ley hace la trampa; y esta historia tiene trampas difíciles de obviar.

A pesar de lo interesante de la premisa –y puede que, hasta cierto punto, al igual que pasaba en Grooming…– en este thriller enseguida empiezan a aparecer situaciones que obligan a tomar dogmas de fe para creernos lo que se nos está contando; dogmas de fe de los que es difícil hablar sin hacer spoilers… Pero podríamos citar al menos un par de ellos: (SPOILERS) resulta increíble no solo tragar con la imagen de ‘cultureta’ de la jovencita; sino además ver cómo se va convirtiendo en una psicópata en potencia con total dominio de la cirugía y del arte de torturar como si lo llevase haciendo toda la vida; de la misma manera que cuesta creer que un hombre fuerte que podría tumbar a la niña con un solo movimiento sea casi incapaz de defenderse… Tampoco se nos aclara de dónde radica la obsesión de la niña por el supuesto asesinato que viene a vengar –y esto es relevante porque adquiere mucho peso en la trama y nunca se aclara…-. Y eso por no hablar del giro finaes ql –sin otro motivo que hacer estallar el factor sorpresa y dejarnos a todos pegados a la butaca…-, que no hay quien se lo crea –¿de verdad nadie ha descubierto eso antes?- (FIN DE SPOILERS). En cualquier caso, se trata de una historia que parte de una premisa muy interesante, pero que prefiere un desarrollo espectacular –sí, por qué no decirlo, muy ‘de película’- antes que profundizar verdaderamente en las miserias de los seres humanos. Curiosamente, todas las funciones que he visto que abordan el tema de la pederastia o del acoso en internet tienden a caer en estos errores de tirar por la senda de lo rocambolesco. No es en este sentido Hard Candy la excepción a la regla, ni mucho menos…

Después de su formidable puesta en escena de Cuando Deje de Llover Julián Fuentes Reta intenta repetir la carambola de una puesta en escena minimalista y estética –de nuevo con Iván Arroyo firmando los pocos elementos escenográficos de que se dispone, siempre fomentando lo estético por encima de lo funcional-. Pero en este caso, ni el espacio acompaña –esas entradas y salidas en esta sala quedan francamente feas…- ni se vuelve a obrar el milagro: a pesar de que los espacios están muy bien delimitados en ese desnudo escénico desde la iluminación –gran trabajo de Jesús Almendro- a la función le falta ritmo y temperatura, quizá porque no es lo mismo enfrentar desde el vacío una función de dos actores como esta que una de más de diez –como era Cuando Deje de Llover…-. Puede incluso que algunas escenas de violencia extrema estén suavizadas desde un humorismo casi tarantiniano que mueve -al menos en mi caso- a la carcajada… cosa que no sé si es muy recomendable dado el tema que estamos tratando. Además, las largas secuencias de chat que abren y cierran la función son demasiado largas y no siempre dan información que necesitemos saber verdaderamente… No hay ningún problema por usar la videocreación, pero creo que debería aportar algo más que actuar como relleno. Hay además un detalle de dirección difícil de comprender: en un momento, el pederasta se zafa de su cautiverio… y en vez de huir o atacar, decide volver a atarse –cosa que he comprobado por cierto que no sucede en la película…-.

Hay que aplaudir, por supuesto, el gran trabajo físico que abordan ambos actores. Agus Ruiz –completamente desnudo durante aproximadamente la mitad de la función- acierta al dibujar su personaje como un hombre con cierta dignidad, que hace que le demos en algunos momentos el beneficio de la duda –está claro que es un psicópata, pero no sabemos si tanto como la niña nos quiere hacer ver, y esto aporta una lectura muy interesante-. Por su parte, Olivia Delcán realiza un trabajo físico extenuante y entregado y da muy bien la juventud  del personaje; pero creo que no acierta en la composición de un rol con el que es completamente imposible empatizar, porque lo enfoca desde un lugar desde el que nadie en su sano juicio metería a esa jovencita en su casa… Por otra parte, al menos en la función que presencié, no terminaba de tener seguro el texto…

En fin, una puesta más o menos correcta de un texto que podría haber sido interesante por abordar un tema actual y espinoso; pero que se pierde por derroteros que quitan credibilidad a la trama y que las más de las veces no terminan de ir a ninguna parte… Por más que el montaje sea más o menos correcto, muchos de los problemas de este espectáculo parten de lo incoherente del texto mismo… Lástima.

H. A.

Nota: 2 / 5

 

“Hard Candy”, de Brian Nelson. Con: Agus Ruiz y Olivia Delcán. Versión: Lola Blasco. LAZONAKUBIK / LABORATORIO RIVAS CHERIFF / CENTRO DRAMÁTICO NACIONAL.

Teatro Valle-Inclán (Sala Francisco Nieva), 2 de Julio de 2015

Anuncios
No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: