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‘La Cumbre’, o solo puede quedar una

junio 23, 2015

“- Si dices eso es porque no has triunfado nunca

– ¿Ah no?

– Has ganado, pero no has triunfado”

(“La Cumbre”)

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La relación entre Isabel I de Inglaterra y María Estuardo de Escocia es un filón que se ha revisado constantemente a través de ficciones de las más diversas índoles. Pese a que históricamente parece más que comprobado que ambas reinas no llegaron a encontrarse, son muchas las fuentes ficcionales que imaginaron un encuentro que habría precipitado la caída de la Estuardo. Tomando esta premisa de partida, La Cumbre –texto que escribe y dirige el actor Fernando Sansegundo- da una vuelta más de tuerca: reimagina a los dos personajes en otro contexto, en otro lugar y en otro tiempo, y consigue construir un tenso thriller a través de una historia que –aunque todos conocemos- aparece aquí totalmente fresca y renovada.

Un hospital psiquiátrico en la actualidad. María Fernández Estuardo, en otro tiempo una poderosa empresaria, se encuentra ahora recluida a causa de sus constantes crisis nerviosas. En este hospital la visita Isabel Fernández Tudor, su prima y también propietaria de un importante empresa, que aparentemente se hizo más boyante a partir de la caída en desgracia de María. A partir de las visitas de Isabel al psiquiátrico –visitas que, gracias al poder de Isabel, transcurren en la más estricta intimidad- vamos descubriendo toda una serie de intrigas situadas como digo en el mundo empresarial: la historia es la misma de las reinas, y las referencias a otras fuentes que hayan tocado este mismo conflicto son constantes –hay tanto de Schiller, por ejemplo…-; pero Sansegundo ha acertado al traer a nuestra realidad la historia de dos lobas, dos mujeres condenadas a hacerse un hueco en un mundo de hombres –en este caso, el mundo de la empresa-. Dos mujeres a las que probablemente les haya costado lo suyo llegar al lugar en que están, y por eso ahora deben hacer lo que sea por mantenerse, por no permitir que nadie les arrebate lo que han conseguido… Y si el mundo empresarial del hombre ya es demasiado pequeño para una mujer, imagínense para dos: ambas tienen claro que aquí solo puede quedar una, y no hay harán lo que sea por eliminar a la rival. La lucha entre dos reinas es aquí la lucha entre dos empresarias que además son familia… ¿Verdad que también les suena?

En esta partida de ajedrez entre blancas y negras, ambas mujeres muestran la comprensión y la admiración mutua de dos grandes oponentes, de la misma manera que comprenden que no hay sitio para las dos en este tablero, que ninguna de las dos está dispuesta a rendirse. Ambas se reconocen mujeres, y hay momentos –al calor de los gimlets a los que Isabel invita a María- en que las dos mujeres acercan posiciones y parecen entenderse… Pero sabemos que ambas son implacables, y que en este viaje no hay vuelta atrás. Es pues la pelea entre dos estrategas, dos mujeres que puede que empiecen atacando tan solo desde la ironía y la acidez de la palabra; pero que pronto pelearán con todas sus armas para hundir a una rival que en el fondo saben que admiran –y por tanto, una rival peligrosa, porque la admiración del rival siempre es peligrosa- y así poder salvarse… pero también dos mujeres puestas contra las cuerdas y sometidas a una presión constante: en otro contexto, podría llegar a producirse un entendimiento que aquí –sin embargo- no es compatible con la supervivencia, ni empresarial ni vital.

Hay dos grandes aciertos en el texto que plantea Fernando Sansegundo. Primero, el más evidente, haber sabido construir un thiriller a partir de una historia de la que todos conocemos el final: hay en los diálogos una tensión creciente, una sensación de que todo va a saltar por los aires en cualquier momento… y el pulso es tan tenso que casi hace que olvidemos que conocemos el final: hay una expectativa, un interés creciente que hace que incluso nos lleguemos a plantear la posibilidad de que el final –ese final que ya conocemos- pueda esconder alguna arista sorpresa. Y segundo, dibujar a dos mujeres que son por igual víctimas y verdugos, en una historia en el que las fronteras entre ‘la buena’ y ‘la mala’ pronto desaparecen: porque ambas se equivocan, ambas actúan ancladas en su tozudez en una carrera hacia la destrucción de la otra… pero a la vez comprendemos que lo hacen porque sencillamente no les queda otra salida, llegando incluso a justificar lo que en condiciones normales podría llegar a resultar reprobable. Ambas cosas –y el hecho mismo de haber construido un verdadero thriller a partir del evento histórico, pero siempre teniendo lo teatral como motor de acción- honran a Sansegundo como autor de algo que comienza pareciendo una gamberrada, pero pronto adquiere pleno sentido.

Teatro desnudo. Teatro de actrices. Apenas una mesa, tres sillas y una gasa por escenografía y ambas actrices vestidas en trajes lo más neutros posible, en un espectáculo que dirige el propio Sansegundo –planteando algún interesante juego de perspectiva- en el que todo está dejado a la palabra y al poder de las actrices. Puede que a la puesta en escena le cueste unos minutos tomar impulso –el inicio es excesivamente lento en mi opinión, y puede recortarse-; pero en cuanto alza el vuelo –denle un cuarto de hora…- no lo abandona. Y las actrices, espléndidas: Noelia Benítez –María Fernández Tudor- como Pepa García –Isabel Sánchez Estuardo- sirven un espectáculo de primer nivel, entregadas y desgarradas como lobas; sabiendo manejar los estallidos de furia de dos personajes constantemente al límite sin caer nunca en excesos gratuitos, pero también sin renunciar a ese desgarro: puede que quizá las chispas que saltan entre ambas hagan que algunos parlamentos se pierdan en los momentos de mayor tensión desbocada, pero es algo que queda sobradamente compensado con la fuerza que transmiten, que contagia al espectador y llama inevitablemente al interés. Una muestra –otra muestra- de que en teatro no se necesitan grandes nombres, sino ante todo grandes intérpretes: aquí hay dos. Saltan chispas y la química es más que evidente.

Estamos, sin duda alguna, ante un excelente espectáculo de teatro, tanto por lo ocurrente –y lo oportuno- del texto como por una propuesta escénica que se aleja de cualquier artificio para ofrecer palabra desnuda, sincera e interpretación entregada. ¿De verdad creen que ya conocían la historia? Harán bien en ir a comprobarlo.

H. A.

Nota: 4/5

 

“La Cumbre”, de Fernando Sansegundo. Con: Noelia Benítez y Pepa García. Dirección: Fernando Sansegundo. LA CATORCE.

Teatro del Arte, 17 de Junio de 2015

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