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‘Antígona’, o energia y frenesí

mayo 10, 2015

Segunda de las propuestas de Teatro de la Ciudad, la Antígona de Sófocles con versión y dirección de Miguel del Arco, interpretada por el equipo casi en pleno de Kamikaze Producciones, con Carmen Machi como actriz invitada, incorporando el personaje de Creonte. Las entradas agotadas para todas las funciones desde poco después del estreno, y un montaje personalísimo que, desde luego, no dejará indiferente a nadie.

A pesar de que Edipo Rey y Antígona tienen conexiones claras –no solo de autoría, sino también de trama- y de tratarse el Teatro de la Ciudad de un proyecto que podría ser visto como un ente global, lo cierto es que no hay entre este montaje de Miguel Del Arco y el de Alfredo Sanzol de Edipo Rey que  reseñé hace unos días ningún rasgo que sugiera conexión o continuidad entre ambas, siendo lecturas independientes; aunque ambas sean personales.

Allá donde Sanzol apostaba por una versión muy particular, Miguel del Arco ha escrito una versión libre que respeta la esencia del texto de Sófocles pero con una sonoridad rabiosamente contemporánea, siendo la más importante modificación el hecho de convertir a Creonte en una mujer –desde el momento en que Hemón se refiere a ella como “madre” varias veces, debo asumir que la versión opera un cambio de sexo en el personaje más allá del hecho de que una actriz interprete a un hombre-. Por algo que no se nos explica, es ella, una mujer, quien ha de asumir ahora la máxima autoridad de poder. Hay que reconocer que este cambio no parece baladí si lo analizamos un poco más profundamente: la feminidad de Creonte hace que pueda acercar posiciones con Antígona –pueden hablar “de igual a igual”, mucho más que en otras versiones, aunque sea imposible el entendimiento- y comprender el por qué de su ejecución autoritaria: es probable que sea la propia inseguridad de la mujer no acostumbrada al liderazgo en un mundo de hombres la que haga en este caso que Creonte se presente de forma hermética, y tome decisiones extremas desde una posición de presión que intenta disimular… por no hablar del desenlace: sin duda el dolor de una madre  que ya ha perdido a varios hijos es mucho más efectivo y más hondo que el de un padre cabeza de estado. Todos estos detalles hacen que la versión de Del Arco presente un(a) Creonte mucho más human@ que otras veces, lo que sin duda ayuda al espectador a entender el conflicto.

La puesta en escena –sobria y temporalmente neutra, con todos los personajes vestidos en rigurosos tonos oscuros- se sirve de un espacio vacío cerrado por un cortinaje practicable y presidido por una suerte de zepelín sobre el que se van proyectando imágenes se apoya sobre todo en un marcado trabajo actoral que dibuja personajes sometidos al horror de la guerra, y obligados a convivir con una presión que les hace la vida insostenible. Todo es gris, oscuro, sombrío –sugerente y expresiva iluminación de Juanjo Llorens, aunque a veces un poco más de luz no estaría de más…-, y cada personaje trata de canalizar su tensión y sus miedos como mejor sabe y puede: esto se traduce en una constante sacudida emocional en un montaje vibrante, extremo, salvaje; seguramente el más personal –y hasta diría que el más libre y lleno de arrebato a nivel de creatividad- de un Del Arco que, sin renunciar a su sello personal, recibe ecos claros de La Fura dels Baus en varios momentos de este acercamiento. Hay un amplio coro –todos los personajes forman parte de él en las escenas en las que no interviene cada personaje principal-, que actúa no solo comentando, sino también a modo de conciencia de los personajes, generando una interesantísima presión psicológica que se contagia al espectador. En este estimulante montaje hay lugar para la sátira –ese guardia que emparenta con la tradición del mejor teatro clásico inglés-, para la plasticidad –la escena de Antígona en la gruta y posterior suicidio están magistralmente resueltas como dos grandes golpes de teatro-, para el énfasis dramático –las conversaciones entre Ismene, Antígona y Creonte- o incluso para el énfasis más pura y decididamente trágico –la última escena entre Hemón y Creonte-.

Sobra, para mi gusto, una intervención del coro con música que parece directamente sacada del montaje de Del Arco para Misántropo, y que rompe por un momento la atmósfera de inquietante sobriedad que reina en el montaje; y falta quizás algo más de luz en algunos momentos –en ocasiones el concepto de “montaje oscuro” queda algo sobrepasado con creces…-; pero ninguna de estas dos cosas hace que la propuesta deje de ser algo para recordar, básicamente por la brutal energía que desprende el montaje a través de los actores: una energía que traspasa el escenario y se contagia al patio de butacas –un servidor sudó, literalmente- ante tal descarga de emoción, en un montaje que es verdadero frenesí.

Esta propuesta no hubiera sido posible sin un reparto formidable, entregado y que se complementa, para servir la emoción en descargas y a borbotones, pero desde distintos lugares, desde distintos puntos de vista. Aquí lo hay. Tres mujeres, tres mundos, tres miedos y tres acercamientos al mundo del terror. Manuela Paso -¡por fin en un rol protagonista!- está formidable como una Antígona que sufre y teme desde la templanza que da la decisión, su Antígona es tan contenida, tan sobria y hasta se podría decir que tan “de la escuela francesa” – ¿cómo no pensar viéndola en Juliette Binoche?- que expresa desde la mirada una extraña pero estimulante mezcla de resolución e infantilismo; hay además un momento memorable que es la escena de la gruta –exigente a nivel emocional, pero también físico-, al que Paso se entrega con convicción y sin titubeos: tengo claro que no cualquiera podría. Frente a ella está una Carmen Machi que realiza un formidable trabajo de contención expresiva para acentuar la tiranía de su gélido personaje –hermética, infranqueable, distante…-; pero que crece hasta estallar en el desgarrador lamento final tras la muerte de su hijo, auténtico monumento a la abyección que completa todo un puzzle emocional como solo las grandes pueden hacerlo, y dota a Creonte –sea hombre o mujer…- de una humanidad que se agradece para (re)leer la historia: sus enfrentamientos con Paso son de antología, porque son dos actrices de raza trabajando desde lugares distintos, pero a su vez complementarios, y el choque es magnético. Ismene queda bastante reducida en esta versión, pero aún así Ángela Cremonte sabe dibujar a una joven aterrada, visiblemente desquiciada por una situación que no alcanza a comprender: es, de nuevo, otro lugar desde el que abordar la emoción y muestra a otra actriz de raza, completando el trío de ases femeninos que hacen sentir y sudar en este montaje… Lástima que la parte se diluya en la segunda mitad del espectáculo.

Con la excepción de José Luis Martínez –estupendo como ese guardia que interviene en la primera parte del espectáculo como contrapunto (tragi)cómico en la primera parte, de esencias tan shakesperianas- son los hombres quienes entran pisando fuerte en esa segunda mitad en una función que es básicamente de mujeres: el intensísimo Hemón de Raúl Prieto –puro nervio provocado por la tensión: grandioso momento final junto a Machi-, el complejo Tiresias que se marca Cristóbal Suárez –a medio camino entre el travestismo y el paroxismo: otro gran trabajo-. Santi Marín y Silvia Álvarez completan el nutrido reparto como corifeos, contribuyendo decisivamente al resultado.

El público sigue mudo la hora y media larga que dura la función, y estalla en una salva de aplausos en pie al final en un espectáculo que, por encima de todo, es una salvaje conjunción de energías: puede que incluso algo excesivo en algunos aspectos, pero indudablemente poderoso. Golpea, contagia y hace sudar: frenesí en estado puro.

H. A.

Nota: 4.25 / 5

“Antígona”, a partir de la obra de Sófocles. Con: Manuela Paso, Carmen Machi, Raúl Prieto, José Luis Martínez, Ángela Cremonte, Cristóbal Suárez, Santi Marín y Silvia Álvarez. Versión y dirección: Miguel del Arco. TEATRO DE LA CIUDAD / TEATRO DE LA ABADÍA

Teatro de la Abadía, 7 de Mayo de 2015

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4 comentarios leave one →
  1. mayo 10, 2015 19:02

    Si ya tenía ganas de ver esta obra con tu entrada se me han “puesto los dientes más largos” aún. Espero que vuelvan más adelante aunque si puedo intentaré probar suerte. Una mez más, estupendo tu post. Un saludo.

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