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‘Edipo Rey’, o una tragedia a distancia

mayo 8, 2015

Estos días ha comenzado en el Teatro de la Abadía el proyecto Teatro de la Ciudad, una ambiciosa apuesta de producción propia en la que tres de los directores y autores más destacables del panorama español actual –Andrés Lima, Miguel del Arco y Alfredo Sanzol- se han unido para poner en pie tres grandes tragedias griegas –Edipo Rey, Antígona y Medea-. El proyecto –que se prolongará hasta finales de Junio en Madrid, con las tres funciones alternándose en cartel; y luego viajará a Mérida ha suscitado una curiosidad sin límites –ya está casi todo el aforo vendido-, y está llamado a convertirse en una de las grandes apuestas de la temporada en Madrid. Corresponde esta reseña a la primera de las propuestas –el Edipo Rey de Sófocles en versión de Alfredo Sanzol-.

Puede que sea esta la que más curiosidad me suscitaba de entre las tres propuestas, sencillamente porque cuesta imaginar qué puede hacer con un texto clásico como Edipo Rey un director que posee un imaginario propio tan personalísimo como Sanzol, a priori tan alejado de la naturaleza de las tragedias griegas –recordemos Sí, pero No lo Soy, Días Estupendos, En La Luna o La Calma Mágica, por citar solo algunas de sus obras-. Es por ello que la curiosidad se disparaba…

Alfredo Sanzol ha dado aquí la sorpresa –porque ninguna de sus señas de identidad aparece  en este montaje y ofrece un espectáculo que toma lo esencial del texto de Sófocles –dura una hora justa-, en una apuesta personal y arriesgada, conscientemente difícil para el espectador. Una mesa servida. Una luz verde en lo alto. Luz cenital. Los cinco actores –en vestuarios neutros- entran y se sientan a cenar. De pronto, sin despegar su vista de la cena, comienzan a desgranar el texto de la tragedia de Sófocles: sin levantarse de la silla, sin dejar de cenar, sin apenas mirarse… Todo el elenco permanece en la mesa durante toda la representación –estén sus personajes en escena o no-, y la implicación dramática en lo que se cuenta es mínima: hay intención en el decir, pero ni miradas ni apenas movimientos. En este ejercicio –a medio camino entre una lectura italiana y una técnica de distanciamiento propia del teatro postdramático- transcurre toda una función en la que el espectador deberá centrarse en la palabra para seguir la función con atención. Es una opción arriesgada, peligrosa e inesperada; pero no cabe duda de que a nivel de ejercicio de estudio textual es una propuesta de cierto interés. De lo que no se puede dudar es que esta idea provoca, inmediatamente, una suerte de pared entre escenario y patio de butacas, que hace que el espectador observe la tragedia desde la distancia, sin otra emoción de la que provoque el propio texto –resumido a lo esencial en la brevísima versión que presenta Sanzol-. Todo es básico y minimalista en este montaje: la música de Fernando Velázquez, el vestuario discreto y neutro de Alejandro Andújar, la iluminación de Pedro Yagüe…

Más allá de esto, hay cuestiones que quedan en el aire – ¿qué representa esa cena exactamente? ¿qué representa esa luz verde en lo alto que llama directamente en el imaginario al faro de The Great Gatsby, en una historia como esta en la que no cabe la esperanza?- y cuesta un rato acostumbrarse a la apuesta: pasada esta primera etapa de adaptación, será cada uno quien decida hasta qué punto decide conectar con este acercamiento, tan personal como peligroso, que está por ejemplo en las antípodas de la versión de la misma obra que presentó hace menos de dos meses Teatro del Noctámbulo.

Hay que destacar que esta propuesta no es fácil ni para el espectador ni para los actores –sometidos a ese distanciamiento y al estatismo mientras tratan temas en los que la sensibilidad está más que a flor de piel-; y en este sentido todos responden admirablemente, entregados a una solución que no les deja las cosas fáciles. El elenco –todos actores de probada solvencia y clásicos de los montajes de Sanzol-, como digo, responde bien a las premisas Con casi todos los actores desdoblados en varios personajes, tan solo Elena González –por un momento, rebosante de una emoción que no puede contener en las profecías de Tiresias, algo que se agradece mucho- y Eva Trancón –que toma otro momento para emocionar como Yocasta- parecen tomarse alguna licencia para emocionar en medio de esa atmósfera fría y distante que propone el director: como digo, se agradece. El Edipo de Juan Antonio Lumbreras tiene los arrestos suficientes como para salir vivo de esta propuesta difícil en un papel largo:  demuestra que es el actor sólido de siempre, pero el concepto le impide hurgar en nuestra emoción. Sólidos son también tanto Paco Déniz –un Creonte que hace imponer su presencia escénica- como Natalia Hernández –que se marca unos Coros de antología con Trancón, en el que es casi el único resquicio que Sanzol ha dejado a la naturaleza de la tragedia griega-.

Teatro casi lleno, y división de opiniones ante un espectáculo que debe ser visto como un ejercicio de trabajo de texto, pero que no es desde luego una propuesta apta para cualquier público, porque provoca que veamos una tragedia griega a –gran- distancia emocional. Es un camino, aunque no termine de quedar claro qué aporta enfrentarse así a este texto más allá de la mera opción estética: así las cosas, son los actores quienes levantan este complejo espectáculo.

H. A.

Nota: 2.5/5

 

“Edipo Rey”, de Sófocles. Con: Juan Antonio Lumbreras, Eva Trancón, Elena González y Paco Déniz. Versión y dirección: Alfredo Sanzol. TEATRO DE LA CIUDAD / TEATRO DE LA ABADÍA.

Teatro de la Abadía, 1 de Mayo de 2015

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4 comentarios leave one →
  1. mayo 10, 2015 12:22

    Muy buen análisis! Una apuesta arriesgada por lo que veo. Yo me he quedado con ganas de ver Antígona, llevan agotadas las entradas desde hace varios días. Un saludo.

    • mayo 10, 2015 13:47

      Gracias por leerme y por tu comentario! Ya tienes mi opinión sobre Antígona (Medea, la próxima semana…). Te recomiendo probar suerte: casi todos los días sueltan alguna entrada a última hora (devoluciones, invitaciones que no se usan, gente en la puerta a la que le falla el acompañante…) y merece mucho la pena que la veas. Me ha dicho un pajarito, de todas maneras, que casi seguro que se repone la próxima temporada… 😉

  2. mayo 8, 2015 12:32

    Es una apuesta que provoca división de opiniones, pero da gusto que los teatros oficiales permitan propuestas tan arriesgadas como esta. O te gusta o te horroriza. Sin términos medios. Ole

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