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‘Raíces Trenzas’, o el misterio del tiempo y el destino

abril 27, 2015

Dentro de la segunda edición del Festival Surge Madrid, La Cantera presentó en Cuarta Pared Raíces Trenzas, una compleja pieza concebida por Jorge Sánchez de carácter decididamente experimental que toma como inspiración primitiva diversos textos de Jorge Luis Borges tratados como un puzzle, revisados, mezclados con material propio y pasados por la batidora para construir un thriller de misterio que, atendiendo a las particularísimas reglas del autor argentino plantea caminos y abre puertas que solo el espectador puede (re)ordenar, completar y montar como un todo que puede dar lugar a varios todos posibles.

Dos mujeres que se conocen del pasado han sido citadas en tierra extraña por alguien anónimo en un lugar. Parece que el nexo común son tres crímenes que han sucedido con varios años de distancia entre ellos, y ahora podría estar a punto de suceder un nuevo atentado… Así, las dos mujeres deberán descubrir quién las ha citado, qué quiere de ellas y por qué están ahí antes de que suceda algo de funestas consecuencias. Este es el punto de partida de una historia en la que el tiempo adopta diversas realidades, la realidad pronto se convierte en una cuestión relativa y las vidas de estas dos mujeres se convierten en dos espejos condenados a reflejarse en sí mismos. Dos mujeres marcadas por el destino, con vidas paralelas que han transcurrido en distintos puntos del tiempo desde la distancia, y que quizá ahora podrían unirse para que el círculo en el que ambas llevan caminando desde niñas sin saberlo por fin se cierre. Pero, fiel como digo al estilo borgiano en el que se basa, Raíces Trenzas es una pregunta constante, una adivinanza que el público debe ir descifrando, a partir de secuencias en las que las acciones se solapan y se superponen; y los tiempos –a veces discontinuos, a veces paralelos- ponen en jaque la inteligencia del espectador. Raíces Trenzas plantea interrogantes, y solo sugiere diversas respuestas que el espectador deberá seleccionar, para cerrar esta historia a medio camino entre la realidad y la imaginación que quizá sea la carrera imparable de dos mujeres hacia la autodestrucción; o tal vez tan solo sea la fantasía de dos pequeñas que caminan, como Alicia, a través del espejo. Todo en esta historia es un misterio, empezando por el tiempo en sí mismo, que a veces se alía y a veces lucha contra los destinos de unas protagonistas que caminan sin remedio hacia la pérdida y la frustración.

La propuesta escénica –que bebe decididamente del teatro experimental- del propio Jorge Sánchez, está planteada como un gran juego, como una matrioshka teatral que se apoya en un complejo dispositivo escénico, que esconde sorpresas bien utilizadas de marcada fuerza expresiva a nivel visual –la tierra como material simbólico que remarca la idea de ‘pertenencia/no pertenencia’ a un lugar y a esas raíces del título, ese reloj que gira alocadamente como si la historia entera estuviese sujeta a la ruleta de la fortuna, esas muñecas que por momentos doblan a las actrices…- apoyada en una iluminación sugerente que resulta decisiva a la hora de organizar la narración y terminar ordenando las escenas.  Es pues una apuesta estética arriesgada e impecable en ejecución, que empuja a un universo onírico, surrealista y repleto de incógnitas. Un universo en el que las vidas y las naturalezas de los personajes –sus raíces- se enrollan y se enroscan en esas trenzas que las convierten en la incógnita indescifrable que son, en una historia salpicada de alcohol, rencores no aclarados, daños y venganzas que podrían estallar en cualquier momento, siendo ambas mujeres cazadoras y presas mutuas.

Todo desde un lenguaje que insiste en golpear al espectador mediante un trabajo decididamente físico –la imagen y los hechos acaban pesando más que el texto y la historia en sí mismos- que abordan en escena Marta Cuenca y Sauce Ena; que, más allá de algunos momentos de dicción mejorable -los hay…- se entregan a un extenuante trabajo a nivel emocional y físico, desde lo decididamente orgánico, al que responden con facilidad insultante para dibujar los descensos de sus personajes a los abismos de sí mismas. Hay que valorar muy positivamente la capacidad de ambas para lanzarse sin red a una historia que más allá de su dificultad estructural, entraña también una fuerte dificultad emocional, porque la violencia el sufrimiento y los constantes cambios de humor de las protagonistas –consecuencia directa de la fragmentación de la historia- son algunos de los motivos conductores fundamentales de la trama. Ambas responden mejor a las necesidades emocionales que a las de dicción, pero visto el carácter de la propuesta, esta opción les deja gran parte del camino hecho.

Evidentemente, el carácter de la propuesta hace que, por mucho que sea un espectáculo sugerente, valiente y arriesgado; seguramente no sea una propuesta apta para cualquier público –y creo que la propia compañía es perfectamente consciente, porque no han tenido miedo de tirar por la vía más difícil…-: por estructura, por ideas y por esa decisión de sugerir y cuestionar antes que responder, este espectáculo posiblemente llegue más al espectador de mente abierta, al que esté dispuesto a seguir mascando un espectáculo al salir de la sala y dejar que los gaps que surjan vayan completándose con el tiempo, antes que al espectador neófito. Pero de lo que no cabe duda es de que Raíces Trenzas es una apuesta que demuestra que se puede apostar por un teatro decididamente experimental –con todo lo que ello conlleva- sin renunciar a presentar un espectáculo cuidado, serio y riguroso tanto en la estética y el planteamiento –se agradece-, que quizá hubiese ganado en acabado –pero también perdido en personalidad, que la tiene propia y bien definida- si optase por aportar alguna respuesta concreta, más allá de las que genere cada espectador, porque las secuencias pueden construirse con total libertad una vez que termina la representación: entrar más o menos en el rompecabezas que plantea es un hecho que va en la naturaleza de cada uno. Pero lo cierto es que es una pieza más de sensaciones que de texto en sí, con todo lo que eso implica.

H. A.

Nota: 3.25 / 5

 

“Raíces Trenzas”, de Jorge Sánchez inspirada en Jorge Luis Borges. Con: Marta Cuenca y Sauce Ena. Director: Jorge Sánchez. LA CANTERA.

Sala Cuarta Pared, 17 de Abril de 2015. Festival Surge Madrid 2015.

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