Skip to content

‘Invernadero’, o el hermetismo como herramienta cómica

marzo 13, 2015

Harold Pinter es siempre un autor difícil por lo ambiguo; pero, sin embargo, es también un autor cuya presencia en los escenarios españoles suele ser bastante habitual, y –casi- siempre con montajes que cumplen sobradamente con las expectativas previstas. Estos días se presenta en el Teatro de la Abadía una nueva producción de Invernadero, una de las piezas menos representadas del dramaturgo británico, que hubo de esperar más de 20 años en el cajón antes de ser estrenada –de 1958 a 1980- y que ahora llega a España por primera vez.

En una institución indeterminada – ¿un manicomio? ¿un sanatorio? ¿una cárcel?…-, Roote, antiguo coronel, dirige a sus empleados con mano de hierro, promulgando la máxima del distanciamiento como clave del éxito. Los pacientes –o lo que sean…- son tratados como meros números, y todo transcurre en un ambiente de férrea rutina disciplinaria. Pero, en vísperas de Navidad, dos hechos insólitos sacuden la estabilidad del recinto: uno de los pacientes muere en extrañas circunstancias a la vez que otra de las pacientes se declara embarazada tras haber sido forzada por alguien del recinto. Ayudado por Gibbs –su “segundo de a bordo”- y el resto del personal, Roote deberá esclarecer ambos hechos a la mayor brevedad para que la rutina vuelva a instalarse en el recinto lo antes posible, y usando para ello los mecanismos que sean necesarios, mientras el frío invierno del exterior contrasta con el calor insoportable que reina en el interior (“la nieve se ha fundido” es una frase recurrente).

Siempre en ese ambiente de ambigüedad e interrogación que despliega Pinter en sus obras, lo que aquí se encuentra es una sátira acidísima sobre el –mal- uso de los poderes políticos para controlar a los individuos: en este recinto –sea lo que sea- los pacientes “desaparecen” sin dejar rastro, y sus mentes se anulan mediante tratamientos de electroshock… Como siempre en Pinter, se plantean preguntas más que aportar respuestas, y el público deberá mascar, digerir, completar y sacar conclusiones a partir del análisis de lo que se sugiere. ¿Dónde estamos? ¿Qué está sucediendo? ¿Hacia dónde nos lleva ese desenlace que –como buena investigación- aporta más supuestas hipótesis que respuestas realmente concluyentes? Si hay algo que sorprende de este texto es que, ante todo, a pesar de tratar un tema muy serio y en clave de thriller, posee un humor mucho más acentuado que otros textos del autor: un humor fino, elegante, sutil, podríamos decir que muy “británico” que –siempre desde esa frialdad y ese distanciamiento emocional tan marca de la casa- consigue un delicado y conseguido equilibrio entre el terror psicológico y un humor que adquiere incluso pinceladas de absurdo. Hay en este Pinter muchísimo lugar para el humor, pero siempre sin perder de vista que detrás de todo eso hay algo verdaderamente terrible… algo que no vemos y que permanece en la incógnita. El texto se sirve en una traducción de Eduardo Mendoza que aporta cotidianeidad en el registro lingüístico –y sabe incorporar oportunamente algunos gags en jerga patria-, pero que sin embargo tengo la impresión de que deja escapar algunos juegos de palabras que se intuyen desde la traducción y que, sencillamente, puede que sean imposibles de traducir conservando según qué dobles sentidos completamente  –traducir a Harold Pinter a cualquier idioma sin que se pierda algo de la esencia siempre me ha parecido un desafío que roza lo directamente imposible-.

Si algo tiene claro Mario Gas sobre el teatro de Pinter es que se trata de un teatro de texto y de actores. Lejos de las superproducciones a las que nos tenía acostumbrados, en este montaje –sobre una escenografía giratoria fría, gris, oscura y bastante desnuda de Juan Sanz y Miguel Ángel Cosío-, parece haber querido potenciar esa máxima de “distancia emocional = clave del éxito” porque se sirve de esa frialdad en los parlamentos para potenciar todo lo que de irónico y cómico tiene el texto precisamente en el marcado hermetismo con que se desgrana: es una opción que como código funciona francamente bien, incluso cuando se opta abiertamente por escenas que coquetean con la astracanada payasesca –la de “la copa”, una declaración de humor absurdo en toda regla- en perfecto equilibrio con escenas de corte más serio y hasta diríamos que psicoanalítico; pero un enfoque que en conjunto ayuda sin duda a acercar la obra al público. Con todo, puede que si algo chirría en este montaje quizá sean los momentos más decididamente macabros donde el humor desaparece bruscamente –la larga explosión terrorífica previa a la última escena no deja de ser un recurso tan evidente como manido que creo que, aunque pueda resultar necesario no va  muy en comunión con el resto del tono de la propuesta-.

El reparto –siete excelentes actores hasta para el más mínimo personaje- ha asimilado muy bien los códigos y la idea del montaje, y ahí radica otra de las claves del éxito. Es irresistible la pareja complementaria que forman el Roote de Gonzalo de Castro –adecuadamente excesivo hasta bordear la payasada en su obsesión por mantener el orden: una lograda parodia del líder totalitario al borde de un ataque de nervios que hace que nos cuestionemos constantemente el género del espectáculo- y el Gibbs espléndido, hermético y casi se diría que robótico de Tristán Ulloa, en un trabajo difícil, logrado y digno de admirar que sin embargo no llegamos a valorar en su integridad hasta que desgranamos la función una vez terminada: allí donde Roote es puro nervio fuera de control, Gibbs es la contraparte pragmática, el que actúa, el más frío, el que debe infundarnos más terror –y también el personaje más claramente lleno de “humor inglés”- y Tristán Ulloa transita por todos esos estados de manera admirable. El tándem de polos opuestos funciona como una combinación explosiva que aporta un plus de intensidad a esta ambigua función.

Completan acertadamente el reparto la sensualísima y manipuladora Srta. Cutts, la indispensable femme fatale de todo buen thriller, que sirve admirablemente Isabelle Stoffel –se le perdona alguna tirantez de dicción, porque lo compensa con todo lo demás-, el Lush de doble cara de Jorge Usón –un ser a medio camino entre lo manipulable y la peligrosa bomba de relojería a punto de estallar-, y el Lamb de Carlos Martos –que saca todo el partido posible de su única pero difícil e importantísima escena-. Hay además dos guiños en papeles breves pero muy simbólicos que completan el elenco: esa institución cómica que es Javivi Gil Valle –que aparece fugazmente como Tubb para potenciar la comedia en un momento en el parece que es ya inevitable que el descontrol invada el recinto- y Ricardo Moya –un actor muy ligado a Pinter en España, ya sea como director o como actor- en el papel del hombre que parece –solo parece, claro- tener las claves y las respuestas de lo que está ocurriendo, aunque luego no termine de aportarlas al espectador; no parecen elecciones caprichosas, ni mucho menos: creo, que son dos actores perfecta y concienzudamente escogidos para lo que representan sus personajes en la obra.

Buena acogida del público para una función llena de valores: porque incorpora un texto de un autor fundamental al repertorio, porque ofrece una visión hasta cierto punto distinta de Harold Pinter y porque configura en su conjunto un notable espectáculo de teatro: ya sea visto puramente como una comedia de humor inglés o como teatro que invita a la reflexión, porque aquí hay lugar para ambas cosas al mismo tiempo y en perfecta sintonía.

H. A.

 

Nota: 4/5

 

“Invernadero”, de Harold Pinter. Versión: Eduardo Mendoza. Con: Gonzalo de Castro, Tristán Ulloa, Jorge Usón, Isabelle Stoffel, Carlos Martos, Javivi Gil Valle y Ricardo Moya. Dirección: Mario Gas. TEATRO DEL INVERNADERO / TEATRO DE LA ABADÍA.

Teatro de la Abadía, 7 de Marzo de 2015

Anuncios
2 comentarios leave one →
  1. marzo 14, 2015 21:49

    Gran crítica. Tuve la oportunidad de disfrutar de esta obra la semana pasada y comparto en gran parte todo lo que comentas.
    Una obra que sin duda hace pensar y reflexionar.
    Qué bueno encontrarse con más blogs de teatro.
    Encantada de saludarte.

    • marzo 14, 2015 21:59

      Muchas gracias por leerme y por comentar. Yo también me alegro de habernos encontrado: somos muy poquitos, y siempre es una alegría que surjan “herman@s bloguer@s”.
      Un saludo y hasta cuando quieras!
      Hugo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: