Skip to content

‘Donde Hay Agravios no Hay Celos’, o de diversión y equilibrios

marzo 5, 2015

Prosigue la Compañía Nacional de Teatro Clásico con su incansable labor de acercamiento de los textos del Siglo de Oro con los mejores mimbres posibles, presentando esta vez una versión de Donde Hay Agravios no Hay Celos, de Francisco de Rojas Zorrilla. Una comedia que fue un verdadero clásico de su tiempo –menciona Helena Pimenta en las notas al programa que no solo fue una de las más representadas durante dos siglos, sino que además sirvió de inspiración para otras comedias francesas e inglesas de la época-, pero que la CNTC considera como una “comedia olvidada”. Curiosamente, sin embargo, una versión libre de esta misma pieza –bajo el título Celos y Agravios– pudo verse en Madrid hace escasamente dos años, a cargo de la compañía Mefisto Teatro.

Posiblemente la mayor particularidad del texto de Rojas Zorrilla sea el hecho de partir de una situación base de los enredos habituales de la época –una boda prefijada, un cambio de retratos que provoca una confusión de identidades, una supuesta infidelidad que el galán debe intentar aclarar fingiéndose su criado a la vez que su criado se finge el señor…- para intercalarla con una trama paralela que incluye ofensas de honor y sangre pendientes de cobro. Una trama que parece, desde luego, algo más que una mera comedia de enredos, capa y espada por más que esté sujeta a las reglas de la época; una trama en la que el enredo amoroso –que lo hay- se da la mano casi de manera simétrica con la ofensa de honor –que también tiene un peso igualmente relevante-. Desde el mismo título –Donde Hay Agravios No Hay Celos, luego pesan más los agravios que los celos, como resuelve el protagonista al final de la función…- Rojas Zorrilla parece querer sugerir que aquí hay algo más que una comedia, y que detrás del supuesto final feliz que establece la moda, hay personajes que quedan irremediablemente tocados por actos que ya no pueden corregirse, en un desenlace que, si se analiza en profundidad, no deja de tener algo de agridulce. Un texto, en definitiva, que seguramente presente uno de sus mayores retos en ser capaz de encontrar el difícil equilibrio entre la comedia y el poso dramático que está indudablemente presente. Se presenta por cierto en una versión de Fernando Sansegundo –que también actúa- que hace fluir el verso de forma clara y fácilmente comprensible, cosa que siempre se agradece.

La mano de Helena Pimenta deja otro de sus espléndidos montajes en lo visual, sin escatimar en medios. Es elegante en la puesta en escena –vistosa, funcional y muy bien aprovechada escenografía de Esmeralda Díaz con oportuna iluminación de Cornejo, impecable y detallista vestuario de Tatiana Hernández-, tiene ritmo frenético y muy bien ordenado –muy bien planteadas y ejecutadas las escenas de esgrima a la luz de la luna, o el juego de sombras para sugerir diferentes estancias, por ejemplo- y lleva el sello personal de la directora de la compañía, que sabe integrar referencias extemporáneas en la acción y hacer que cuajen perfectamente –vuelve a incluir música en directo, pero esta vez se decanta por el acordeón en toda una miscelánea de melodías propias e impropias de la época: integra además la danza como un elemento unificador de las escenas, optando tanto por danzas de época como por tiempos de tango…-, e incluso sabe crear bellos cuadros plásticos y estéticos –la resolución de la escena final, con Ana de Alvarado emergiendo como una sombra desde la platea mientras vocaliza Sposa son disprezzata de Vivaldi podrá distraer de la acción escénica, pero es un efecto de incuestionable belleza plástica, que además Natalia Millán resuelve magistralmente robando por completo la atención-. Lo cierto es que todo encaja en el conjunto como un engranaje bien engrasado en una propuesta impecable en factura y ejecución.

Puede que lo único reprochable del montaje de Pimenta sea quizás cierta falta de equilibrio en el tono que ha escogido para acercar la obra al público: Pimenta está montando una comedia con todas las de la ley, busca el entretenimiento, la risa, la sonrisa, la carcajada y todas cuantas manifestaciones de humor sean posibles en el público. Lo consigue: la carcajada es constante, y su propuesta tiene todos los elementos de la comedia de enredo: trepidantes entradas y salidas, puertas que se abren y se cierran, golpes, caídas… Todo a favor de la comedia. Es un camino, y obtiene el resultado esperado; pero creo que una directora inteligente como Pimenta tal vez debería haber cuidado más no solo el poso dramático de algunas situaciones, relajando el pulso de algunas escenas –esto es solo una sugerencia: eludirlo y centrarse en lo cómico podrá no ser mi visión predilecta, pero es perfectamente válida-, sino sobre todo la caracterización misma de algunos personajes que están quizá un punto exagerados sin necesidad –esto es más incuestionable: el enfoque decididamente histriónico que se le ha dado al personaje de Doña Inés, que no parece fundamentalmente cómico resulta algo discutible-. Creo que enfocar toda la trama desde la comedia podrá servir para acercar más la obra al público, pero a la vez hace que se pierda ese poso dramático que parece sobrevolar el texto, y que queda en esta versión bastante más diluido de lo que sería deseable, salvo quizá por ese final al que ya me he referido en el párrafo anterior y que es casi el único resquicio que ha dejado Pimenta a la poesía en una comedia de ritmo frenético.

Por evidente que parezca, hay que saludar muy positivamente la naturalidad con que sirve el verso el amplio elenco congregado –todos con amplia experiencia en estas lides- porque es una cualidad que no todos los actores poseen hoy. Si todo el reparto hace un trabajo excelente, hay que señalar que el Sancho de David Lorente se lleva de calle la función por la gran amplitud de recursos de que dota al gracioso, explotando toda la comicidad posible en un personaje en el que enseguida se gana el favor del público. Suyos son los mejores momentos, junto a la espabilada criada que construye una Nuria Gallardo que sabe hacer que su personaje crezca de forma progresiva, hasta descollar en el descarado y desternillante monólogo sexual – ¿o deberíamos decir mejor diálogo?- con la almohada, sin duda otro de los puntales de la función, por lo original, inesperado y cómico de la escena y por lo bien interpretada que está. Jesús Noguero dota al galán de la necesaria elegancia y aporta su impagable presencia escénica, mientras que Rafa Castejón sirve sin fisuras al que seguramente sea el personaje más complejo –por lo ambiguo…- de toda la trama. La Ana de Alvarado de Natalia Millán es un dechado de savoir faire por porte, presencia y expresión; pero se coloca irremediablemente en primer término cantando en esa última escena en la que hace algo tan magnético –y tan bien cantado, dicho sea de paso- que consigue desviar toda la atención hacia ella mientras la acción avanza en escena. Si la Doña Inés de Clara Sanchis tal vez chirríe un poco al comienzo en un enfoque que resulta exageradamente cómico -afortunadamente se va relajando conforme avanza la acción- intuyo que es porque se limita a hacer lo que le marca una dirección que no ha acertado al diseñar el personaje más que a a la intérprete en sí misma. Fernando Sansegundo revalida la experiencia de siempre en estas lides como el patriarca Don Fernando y Óscar Zafra completa un elenco sin fisuras de excelentes profesionales. Vadzim Yukhnevich –que en Galicia es todo un veterano en materia de música teatral en vivo- demuestra que es un músico excelente dando a las melodías que le tocan en suerte un nuevo y curioso aire al acordeón.

Gran éxito de público –la sala llena y carcajadas constantes- para un montaje impecable en lo visual y notablemente interpretado, al que quizá le falte una dosis extra de audacia a la hora de leer el texto para llegar a ser sobresaliente: claro que esa dosis hubiese colocado a esta notable propuesta en términos de excelencia; una excelencia que sabemos que a Helena Pimenta se le puede –y se le debe- pedir como algo natural, sencillamente porque nos tiene acostumbrados a ella.

H. A.

Nota: 4/5

 

“Donde Hay Agravios No Hay Celos”, de Francisco de Rojas Zorrilla. Con: Jesús Noguero, David Lorente, Clara Sanchis, Nuria Gallardo, Natalia Millán, Rafa Castejón, Fernando Sansegundo, Óscar Zafra, Mónica Buiza y Vadzim Yurkhnevich. Versión: Fernando Sansegundo. Dirección: Helena Pimenta. COMPAÑÍA NACIONAL DE TEATRO CLÁSICO.

Teatro Rosalía de Castro (A Coruña), 27 de Febrero de 2015

Anuncios
No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: