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‘Testosterona’, o examen final

diciembre 19, 2014

Vuelve a los escenarios españoles el siempre esperado actor argentino Miguel Ángel Solá, esta vez para interpretar un texto de la dramaturga y periodista mexicana Sabina Berman junto a Paula Cancio. Testosterona –nada que ver, por cierto, con la obra teatral del mismo título que escenificase la compañía gallega Chévere hace aproximadamente diez años- es una propuesta que permite medir al carismático actor en las distancias cortas, pues se escenifica en el Teatro Galileo.

Tarde-noche de 24 de Diciembre en la sucursal de un gran periódico de tirada nacional. Antonio, hombre de éxito en los negocios, seductor nato y director del periódico, se cita con Miky –la joven y eficiente subdirectora que además hace las funciones de secretaria del director- para plantearle un cambio inminente: por una circunstancia, Antonio va a delegar su puesto en uno de los dos subdirectores, Miky o Beteta –un tiburón sin escrúpulos-. Quien no sea seleccionado para el puesto, será despedido para no interferir en la gestión del nuevo director. Así, Antonio quiere “calibrar” a Miky antes de tomar una decisión. Miky, antigua alumna de facultad de Antonio, ha aprendido de su jefe todo lo que sabe, y mantiene desde hace años una oculta fascinación por él… La casualidad hará que deban mantener una larga conversación en la que, además de los temas personales, Antonio deba plantearse toda una serie de incógnitas con las que su orgullo de macho alfa puede que no sepa cómo bregar: ¿Tiene Miky las pelotas necesarias para dirigir algo? ¿Es la dirección un puesto solo apto para hombres? ¿Aceptará de buen grado el Consejo que Miky sea la candidata más apta? ¿Debe hacer lo que cree o lo que se espera que haga? ¿Dónde quedan el amor y el cariño? En este punto comienza un combate con cuenta atrás durante el cual Miky deberá esforzarse para lograr que Antonio venza sus prejuicios, en una lucha por su propia dignidad como ser humano -si es que eso es compatible con mejorar su puesto de trabajo, claro-.

Sobre una situación en apariencia sencilla y manida –no exenta de algunos clichés que posiblemente sean buscados-, Sabina Berman acierta al construir más un texto de personajes que un mero combate dialéctico. Lo importante aquí es trazar un arco de relación que eleve la temperatura entre los dos personajes; una temperatura que ha de hervir y llevar la cuestión laboral al terreno personal, para plantear un combate por lo laboral pero desde lo personal, que es donde se puede hacer más daño. Testosterona es más una historia con amor y sexo que una historia de amor y sexo. Hay, evidentemente, una trama amorosa; pero lo interesante es lo que va más allá de eso. Es cierto que, a priori, la trama y sus giros no escapan –ni pretenden escapar- de ciertos patrones cercanos al lugar común: nos olemos por dónde va a ir la cosa, y a veces tira en ese sentido… Pero, sin embargo, Berman reserva para el segundo tramo de la función una carambola muy interesante, que pone en tela de juicio algo tan interesante como la relatividad de la verdad según su punto de vista: ¿Se le puede dar la vuelta a las cosas? ¿Las cosas son como son o como nos las cuentan? Es ahí, cuando surge esta cuestión –en el pulso final entre Antonio y Miky-, cuando la función escapa de lo previsible y se torna verdaderamente interesante, sobre todo por las preguntas que el espectador se pueda hacer a partir del caso que está viendo: ¿se puede manipular un hecho a través del lenguaje? ¿a quién apoya la sociedad? ¿Quién es lobo y quién cordero en esta historia? En fin, podríamos decir que Testosterona viene a ser algo así como una suerte de examen final que plantea Antonio a su alumna aventajada para evaluar hasta qué punto está preparada o no para ser como él. Y ¿es realmente positivo que una alumna sea como su maestro o los monstruos crean monstruos? Esa es otra pregunta que plantea el texto. Todo esto siempre sin que a la autora se le vea el plumero: sin tomar partido por uno u otro personaje; será el público el único encargado de juzgar al final si es que procede.

Tiene la función dos partes bien diferenciadas, y la segunda –la más dialéctica, la más negra, la más cercana al thriller y la más inesperada- es claramente más interesante que la primera –algo así como una fase “de calentamiento”, seguramente más previsible; aunque necesaria para poder llegar allá donde Berman quiere llevarnos, claro-; creo que, aún siendo interesante, la función ganaría enteros si en un reparto del metraje el combate final tuviese más peso que toda la primera parte. Porque insisto, lo que empieza siendo una función más bien genérica acaba convirtiéndose en un entramado no sé si decir con sorpresa, pero sí con cierto interés a la hora de realizar un análisis. Eso, el quién domina a quién, cómo lo domina y qué situaciones extrapolables podrían surgir a partir de esa situación, es en mi opinión lo más destacable de la propuesta de Berman, y es por ello que creo que podría haber tenido mayor peso en el metraje para enfocar la propuesta más decididamente hacia el terreno del thriller socio-psicológico, que creo que es lo que verdaderamente interesa.

En una función que es básicamente de texto y de actores, es sencilla pero eficaz la puesta en escena que plantea Fernando Bernués, sobre una funcional escenografía que hace buen uso –siempre más práctico y complementario que gratuitamente espectacular, y es un elogio, del audiovisual de Daniel Bernués-. Solo una sugerencia: he tenido la extraña sensación de que, por la razón que sea, el espacio está demasiado separado –parece que jugamos con dos espacios cuando todo transcurre en uno-: creo que la cosa se podría redondear acercando más los elementos escénicos… después de todo, solo es una oficina.

Es cierto que hace mucho por el buen desarrollo de la función el notable reparto con el que se cuenta, que justifica por sí solo darle una oportunidad a la función. Hablar de Miguel Ángel Solá es hablar de carisma, elegancia, seguridad y solidez. Este montaje –que no le presenta mayores problemas como actor- es una buena muestra de ello y todas esas virtudes vuelven a estar ahí: su creación es la perfecta encarnación del poderoso que podría embaucar a cualquiera a través de su poder y su saber estar. A su lado sorprende lo bien que mantiene el tipo la debutante Paula Cancio que podría haberse hundido frente a un monstruo de la escena y, sin embargo, sabe mantenerle el pulso –puede que no iguale el nivel superlativo de su partenaire, pero ya se sabe que con todo un Solá al lado mantener el tipo no es moco de pavo ni mucho menos- y dibujar con acierto el arco emocional por el que transita su personaje, huyendo de algún exceso lacrimógeno en el que podría haber caído y, sobre todo, generando duda constante: es un gustazo encontrar esa soltura en teatro en una actriz que viene del audiovisual.

En resumen, una función con más fondo del que pueda parecer a primera vista, que quizá sea más interesante por las cuestiones abiertas que plantea en el aire que por lo que dice en sí misma, con una pareja actoral de altura, que garantiza como mínimo un rato agradable de teatro honesto y riguroso; y puede que incluso algo más.

H. A.

Nota: 3.5 / 5

 

“Testosterona”, de Sabina Berman. Con: Miguel Ángel Solá y Paula Cancio. Dirección: Fernando Bernués. TANTTAKA TEATROA.

Teatro Galileo, 13 de Diciembre de 2014

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2 comentarios leave one →
  1. diciembre 20, 2014 13:52

    Enhorabuena por las 70000 visitas a tu excelente blog.

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