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‘Desde Berlín (Tributo a Lou Reed)’, o baladas para la destrucción

diciembre 4, 2014

Andrés Lima es no solo uno de los más reputados y respetados nombres del teatro español actual, sino también uno de sus creadores más personales. Dueño de un estilo propio e inconfundible, que nunca deja indiferente; suele dar una de cal y otra de arena con sus propuestas. Presenta ahora Desde Berlín, una creación colectiva a partir del mítico disco Berlín, de Lou Reed (1973), tratando de utilizar las canciones y los textos de dicho disco para convertirlas en el marco de una historia de amor, sexo, drogas y destrucción enmarcada en un mundo de baladas con sabor; baladas tristes y melancólicas.

Dos personas Caroline y Jim, se conocen una noche por una de esas casualidades aleatorias. Beben, intiman, tienen sexo… e inician una relación de convivencia a partir de lo que a priori podría parecer un mero polvo de una noche. Una relación dependiente y destructiva, regada por el alcohol, las drogas y los malos tratos, que se va desarrollando en dos tiempos –uno presente, en el que el mundo del “aquí y ahora” y el del “más allá” se entrelazan; y otro pasado, donde transcurre la historia de amor- a los ojos del espectador. Una historia trágica y descarnada que recibimos a través de retazos: cuadros, estampas, momentos cumbre de la relación, unas veces inconexos, otras veces directamente oníricos, salpicados por las músicas del disco. Un tragedión previsible ya no solo si se conocen previamente los cantables del disco –porque sabes qué es lo que han de encajar-, sino como historia en sí misma: desde el minuto 2 hasta el 75 sabes qué va a ir sucediendo, por dónde van los tiros y en qué va a acabar la cosa… Y así es.

Construir una historia a través de una música previamente dada –y armar la historia encajando el contenido de unas canciones- no es nada que no se haya hecho antes: ahí están ejemplos con musicales como Mamma Mia! u Hoy no me Puedo Levantar. La presente propuesta, sin embargo, no tiene nada que ver con estos ejemplos. De partida pretende ser una obra de teatro de texto apoyada en las canciones del disco de Lou Reed. Para ello, Lima ha encargado escenas aleatorias a Juan Villoro, Juan Cavestany y Pau Miró y ha incluido fragmentos –cantados o recitados- de las canciones del disco de Lou Reed, para intentar armar un todo. Puede que aquí sea donde algo se tambalea: el disco de Lou Reed debería ser meramente el vehículo para contar algo que vaya más allá, y no la razón primera –y casi única- de ser del espectáculo. Máxime cuando hay textos nuevos no solo de uno, sino de tres autores; que sin embargo no ayudan a que la historia vuele por sí misma con una entidad propia que pudiera resistir sin la excusa del disco… Lo que queda, como digo, es una historia contada en forma de fotografías en movimiento: vemos sufrir a los personajes, vemos cómo se emborrachan, cómo se drogan, cómo hacen el amor… pero hay –debe haber- estaciones intermedias entre una escena y la siguiente que, en caso de haber estado, hubiesen ayudado a entender la relación psicológica que se establece entre los personajes. No están, con lo cual solo podemos imaginar cómo van llegando los personajes a los momentos cumbre que se nos muestran. Es una opción, pero creo que hasta cierto punto los deshumaniza, y pone una barrera entre el espectador y los personajes. Salvo por algún golpe poético francamente hermoso –que los hay-, los textos nuevos –que debían servir para ayudar a encajar la historia que se cuenta a través de las canciones- no aportan gran cosa; y nunca llegamos a comprender cómo es que esos dos seres autodestructivos se van a la deriva: observamos como un gran hermano, pero no nos implicamos. Creo que este hecho –que seguramente sea buscado, pero en mi opinión no funciona- juega en contra de la función… Algo falta, algo falla: hay como una sensación de work-in-progress, de conjunto a medio armar que, aún cuando sea buscado probablemente, creo que no ayuda a que el resultado sea todo lo brillante que podría haber sido.

Es una pena, porque a nivel visual y de organización Andrés Lima ha sabido una vez más crear un espectáculo con cierta personalidad, apoyado en una escenografía sencillísima –una cama y un piano-, pero también en una poderosa videocreación –Miquel Ángel Raió- que deja algunos momentos muy sugerentes estéticamente –las confrontaciones de Jim con el recuerdo, esa cama que engulle literalmente a Carol hacia el abismo al final, o el primer golpe de pantallazo a escena abierta-. Aquí casi todo es poético, delicado y onírico aunque se esté narrando una caída al vacío: una decisión que por momentos funciona, pero que en otros pone en duda el valor de algunas decisiones complejas para los actores –no se entiende, por ejemplo, por qué desnudarlos por morbo si luego se van a ofrecer coitos de una coreografía tan perfectamente medida que les quita cualquier veracidad, para que no se vea nada que pueda escandalizar al respetable…-. Y en esa línea se mueve casi toda la propuesta de Lima para este espectáculo: momentos sugerentes –algunos- se dan la mano con momentos descafeinados –los más- que, de alguna manera, distancian del resultado final; como si hubiese buenas ideas aleatorias que, sin embargo, se diluyen en un mar de indiferencia en vez de mantenerse y crecer como sería esperable.

No lo tienen fácil los actores para sacar adelante un espectáculo en el que deben pasar constantemente de 0 a 100 sin pasar por el camino intermedio: siempre están en todo lo alto, sin que sepamos muy bien por medio de qué proceso anímico han llegado hasta allí, y eso no ayuda para crear un personaje. Tanto Pablo Derqui, un actor tremendamente orgánico de mirada perdida, torturada, elocuente y penetrante –acaso, por ponerle un pero, en un registro que recuerda demasiado al Roberto Zucco del año pasado: sigue causando impacto, pero la composición de personaje es muy semejante- como Nathalie Poza –que deja una escena de hermosa carga dramática en un monólogo lleno de pena puesta de coca hasta arriba…- son dos actorazos que parecen tener pista libre del director para dar rienda suelta a toda esa organicidad, pueden con lo que les echen, y aquí lo vuelven a demostrar: cantan, se desnudan, y se entregan a este carrusel emocional sin paradas; manifestando emociones a través de sus cuerpos más que construyendo personajes. Es el camino que les ha quedado –y, ojo, es muy complicado-, lo asumen y se entregan al concepto.

En resumen: yo, a pesar de reconocer ciertos momentos de encanto en la estética, y aplaudir la entrega de dos actores estupendos, me quedé algo frío. No así por ejemplo gran parte de mi fila, que parecía haber entrado en el juego perfectamente y pingaba el moco a base de bien conforme la tragedia anunciada se iba haciendo más y más inevitable. Grandes aplausos al final, y la sensación personal de que algo que era una gran idea se ha quedado simplemente en un proyecto a medio encajar que se deja ver y tiene momentos, pero deja menos poso del que pretende. Al menos, insisto, en mí.

H. A.

Nota: 2.75 / 5

 

“Desde Berlín (Tributo a Lou Reed)”, sobre textos de Lou Reed, Juan Villoro, Juan Cavestany y Pau Miró. Con: Pablo Derqui y Nathalie Poza. Dramaturgia y dirección: Andrés Lima. TEATRE ROMEA.

Naves del Matadero (Sala 2), 29 de Noviembre de 2014

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