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‘Vitalicios’, o Estado de ¿Bienestar?

noviembre 27, 2014

Casi de tapadillo pasó por A Coruña la producción de EscenaTe y el Nuevo Teatro Fronterizo de Vitalicios, una comedia satírica –él la define como “sainete negro”- de José Sanchis Sinisterra, que da una –otra- vuelta de tuerca a la situación económico-social de nuestro país tratando en clave cómica temas muy serios, situados aquí en una hipotética –esperemos- realidad de ciencia ficción. Una comedia sobre las consecuencias de la crisis y la degeneración de la clase política en España.

La trama transcurre en un futuro más o menos próximo de España en una dependencia situada en el quinto subsuelo de un edificio –un lugar tan recóndito y oculto al que no llega ni el ascensor…-, en la que Basilio, Carlota y Adriana, tres funcionarios del Departamento de Asuntos Sub-Legales –dependientes de la nueva y flamante Vicepresidencia de Recortes Sociales- se afanan en ordenar nombres de artistas en una corchera. Agrupan toda una pléyade en tres grupos: el grupo del “SÍ”, el grupo del “NO” y el grupo “INTERROGANTE”.  Al comienzo tratan de desempeñar su tarea de la manera más fría y mecánica posible, pero pronto comprendemos que algo no va bien. Los tres tienen reticencias a la hora de colocar a conocidos en algún grupo u otro, y permanecen aislados del mundo: la puerta permanece cerrada por fuera y solo tienen contacto con el exterior a través de las órdenes que les llegan desde un montaplatos, y un superior que entra por videoconferencia para darles indicaciones. La crisis ha llevado a los recortes a sus últimas consecuencias: los tiempos de bonanza económica quedaron atrás y el nuevo gobierno busca recortar en todo lo que no sea absolutamente imprescindible. Y ahora se trata de lograr que toda una serie de artistas que fueron galardonados por el anterior gobierno con unos Premios Vitalicios por su importante contribución al mundo del arte y la cultura dejen de cobrarlos, porque el nuevo gobierno lo considera un gasto superfluo, que puede hacer tambalearse las arcas de la nueva nación. Basilio, Carlota y Adriana, funcionarios del gobierno que han trabajado previamente en tareas como borrar con tippex la casilla de la Iglesia en la declaración de la Renta, o reclutar pensionistas en cruceros de solo ida a islas lejanas, trabajan en esta tarea de clasificación… ¿pero qué planea hacer el gobierno con las personas que tienen ese premio? ¿qué son exactamente esas listas? ¿hasta dónde está dispuesto a recortar el gobierno? ¿se puede volver cualquiera prescindible? ¿cómo se define el Estado de Bienestar? ¿Se puede caer más bajo?

Todas estas cuestiones flotan en esta sátira social, en la que Sanchis Sinisterra parte de una idea brillante como comedia y como herramienta de crítica, pero que creo que está solo superficialmente desarrollada: la idea es muy buena, muy simpática, hay sugerencias mordaces, retazos verdaderamente simpáticos… pero siento que la cosa podría haber dado mucho más de sí, de haber optado por un camino más ácido y punzante para contar la historia. Desde luego, el rocambolesco punto de partida -una genialidad- así lo merece. Sin embargo, Sanchis Sinisterra –a pesar de no esconder a través del texto que está parodiando de algún modo la idea original de El Montaplatos de Harold Pinter- ha preferido buscar la comedia de la mano de personajes más o menos amables, que en el fondo tienen más humanidad de la que se desearía si quisiésemos reírnos a gusto ante la sátira. Hay, por supuesto, recursos que denotan  técnicas típicas del autor –como toda una serie de conceptos y términos inventados puestos en boca de Basilio-, pero creo que la parodia se queda en unos términos que han preferido ir hacia lo simpático que hacia unos caminos más decididamente ácidos. Aquí se pasa el rato a gusto, y se sonríe uno, sobre un planteamiento que enfocado de otra manera hubiese podido superar lo desternillante Y es una pena, porque insisto que la idea como herramienta cómica es bastante brillante.

Sobre el escenario, Candela Fernández, Cecilia Solaguren y Ricardo Reguera realizan una correcta labor de grupo –los tres en un buen nivel medio- como los tres funcionarios, auque quizá sus personajes resulten demasiado humanos y podrían ser más ácidos; mientras que tener precisamente a Juan Diego Botto en vídeo como el tirano superior es un detalle que causa hilaridad desde su sola aparición en pantalla: creo que han dado con la persona exacta para que este rol alcance los límites de la parodia y la astracanada desde la seriedad. Todos bajo la dirección de Yayo Cáceres, sencilla, ordenada y consciente de que esto es ante todo un espectáculo de texto, pero que quizá hubiera podido hacer una lectura más ácida del texto – y, desde luego, si quiere puede, vistos otros trabajos suyos con otras compañías- en una sencilla y funcional escenografía de Carlos Murcia.

En fin, una propuesta original y entretenida, a la que quizá se le podría haber sacado más jugo con un enfoque más decididamente ácido y negro. Pero se deja ver con agrado y arranca alguna sonrisa.

Paupérrima entrada en el Teatro Rosalía –si no conté mal, 17 espectadores- para un espectáculo que ante todo se publicitó tarde, poco y mal. Los programas de mano brillaron por su ausencia: pido perdón desde ya si algún dato de la ficha no es correcto…

H. A.

Nota: 3/5

 

“Vitalicios”, de Jose Sanchis Sinisterra. Con: Candela Fernández, Cecilia Solaguren y Ricardo Reguera. Actor en Vídeo: Juan Diego Botto. Dirección: Yayo Cáceres. ESCÉNATE / NUEVO TEATRO FRONTERIZO.

Teatro Rosalía Castro, 26 de Noviembre de 2014

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