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‘A Idade da Pavía’, o esencias que se volatilizan

noviembre 10, 2014

Espectáculo en lengua gallega

Conozco la figura del dramaturgo argentino Arístides Vargas sobre todo a través de un texto maravilloso del que hablé en el blog el pasado año –Nuestra Señora de las Nubes-. Entonces, aquel retrato de un pueblo cargado de realismo mágico me fascinó, sobre todo por la fuerza expresiva que tenía la palabra: descriptiva, poderosa, poética, visual… Es por ello que mi curiosidad creció cuando supe que Sarabela Teatro tenía entre manos la adaptación de otro texto de Arístides Vargas: A Idade da Pavía.

En esta ocasión, Vargas no abandona el realismo mágico; pero lo usa para retratar a una familia de nueve mujeres de diversas generaciones, a través de los recuerdos de dos hermanas, Eleonora y Celina, que intercambian cartas desde la distancia con motivo de la agonía de la madre de ambas. A través de la correspondencia, las dos hermanas se retrotraen al mundo de su infancia y su juventud, perfilando retazos de la historia de vida de sus familiares. Una familia impregnada de realismo mágico, con una casa que llama irremediablemente a todas las mujeres de la familia; pero una casa de la que todas quieren esforzarse por huir, aunque a priori no lo tengan fácil. Un mundo regado de vino de ciruela; una ciruela que puede avinagrarse con los años -esa es la “edad de la ciruela” del título-, con abuelas que sueñan con salir volando como los pájaros, tías obsesionadas con pedalear para huir sin que importe a dónde, jóvenes sonámbulas a las que se intenta enseñar a tocar el violín, sirvientas que no consiguen terminar de lavar un simple vaso, hermanas que se reprochan errores de juventud desde el cariño de la vejez al calor del vino, o niñas que guardan ratas muertas que se descomponen. Una casa en la que el tiempo permanece detenido por convención, y esa detención temporal pone a sus habitantes contra las cuerdas. Una historia que transcurre en el recuerdo: en ese recuerdo del que se ha huido pero al que es imposible no terminar por volver.

La historia –sustentada como digo en los principios del realismo mágico- es hermosa, sugerente, llena de imágenes… y, sin embargo, algo falla en este montaje de Sarabela –compañía siempre honesta que ha dejado algunos trabajos notables-, que esta vez no consigue seducir. Vamos por partes. Primero, como ya he dicho, sucede que la palabra de Arístides Vargas parece poderosísima, peculiar y exacta para crear imágenes y sonoridades. En este sentido, traducirla implica que esa rítmica, esa sonoridad y ese particular lenguaje latinoamericano tan ligado a este género que es el realismo mágico, se pierdan irremediablemente. Y, es más, tengo la sensación de que la traducción que presenta Sarabela –la firma Nate Borrajo- ha querido usar un lenguaje tan forzosamente gallego que hace que la esencia del texto –que es tan genuinamente latinoamericana, desde cualquier óptica- se escurra y se pierda. Da la sensación de que la traducción se aleja del original para conseguir colocarse en una óptica “a la gallega”, que llega a sonar muy forzada dentro del contexto de realismo mágico que estamos viendo. Por muchas cosas, pero sencillamente porque hay expresiones del español de Latinoamérica que no encuentran una traducción exacta al español de España –así que imagínense al gallego, seguramente mucho menos…-. He visto excelentes espectáculos traducidos al gallego y excelentes traducciones al gallego desde otras lenguas -ahí están las formidables traducciones de textos Martin McDonagh que se han visto últimamente en Galicia- pero sencillamente creo que traducir al gallego a Arístides Vargas no solo no aporta nada nuevo, sino que chirría y hasta llega a perjudicar más que a beneficiar al resultado. A mí personalmente –con perfecto dominio de la lengua gallega hablada y escrita- en ocasiones me distrajo del disfrute de la palabra.

La puesta en escena de Ánxeles Cuña Bóveda se sirve de pocos elementos muy bien empleados –parco mobiliario y proyecciones simbólicas bastante vistosas, todo apoyado en una estupenda iluminación de Pedro Iturralde y en un variado vestuario de Teté Seoane- para crear un entorno sencillo pero eficaz y atractivo, que no renuncia a colocar a las dos parejas de hermanas en escena al mismo tiempo –las Celina y Eleonora jóvenes con las Celina y Eleonora ancianas- para crear un bonito efecto poético: a pesar de que no intervengan en la escena que recuerdan, las hermanas ancianas observan y recuerdan con nostalgia las escenas de su juventud. Funciona. Pero hay otras cuestiones más discutibles. Mientras algunos montajes solucionan esta función repartiendo los 9 personajes -11 si consideramos que las dos hermanas aparecen como ancianas y como jóvenes- entre únicamente dos actrices; la presente propuesta reparte los 9 roles entre 3 actrices y 1 actor. Ignoro cómo está escrito el original, pero evidentemente es un camino válido que está bien llevado a cabo, y su principal motivo podría ser el hecho de lograr que veamos a todos los personajes en escena con la mayor veracidad posible –el texto parece tan rico que no creo que se necesite recurrir por fuerza a esta solución-.

Ahora bien, asignar toda una serie de roles femeninos a un actor sin una justificación clara, como ocurre aquí, es algo que en principio no aporta gran cosa. Se han visto casos de actrices interpretando roles de hombre justificadamente y viceversa, pero creo que este no es el caso; y la situación ayuda a colocar algunos personajes en la parodia –consciente- en un texto en el que hay lugar para la sonrisa –ojo, solamente la sonrisa- pero en el que en principio tienen mucho más peso la poesía y la nostalgia: una nostalgia que se pierde si se trabajan algunos roles en sentido de parodia. Este enfoque paródico se enfatiza especialmente en tres de los cuatro roles confiados a un actor masculino; pero no se queda la cosa ahí: las Celina y Eleonora jóvenes no están enfocadas, por ejemplo, como si fuesen niñas –las actrices, no se sabe si por cuenta propia o por indicación de dirección, tienden a cargar las tintas- y el resultado tampoco ayuda. En fin, que a veces tengo la sensación de que al montaje se le va un poco la mano con la ironía, porque pienso que algunos de estos personajes podrán llevar a la risa, pero en ningún caso deberían ser ridículos –y, con esto, otra parte de la esencia original parece volatizarse…-. El montaje es vistoso estéticamente y tiene ideas, pero creo que con Vargas hay que cuidar el tono y el uso de una palabra que es la encargada de conducir al espectador.

Los cuatro intérpretes que forman el elenco –Fina Calleja, Fernando Dacosta, Nate Borrajo y Sabela Gago– dejan cosas en el debe y en el haber. Primero hay que valorar la dificultad de tener que desdoblarse entrando y saliendo de escena, cambiándose de vestuario a velocidad de vértigo y creando perfiles distintos de manera variada y convincente –que se adecuen más o menos a lo que deberían ser es otra cosa: a Fernando Dacosta le cae en suerte una papeleta que, como ya he dicho, no viene muy a cuento, pero él hace bien lo que se le pide-. Pero en el debe, los cuatro tienen momentos más o menos puntuales dubitativos con un texto que a veces también se les escapa, ya sea porque se traban o por vocalizaciones francamente mejorables: a unos más que a otros, pero nadie se salva de algún despiste, al menos en la función que vi… Son cuatro intérpretes de profesionalidad mucho más que probada, pero este dista de ser su mejor trabajo. Claro que no todo es por su culpa.

En fin, a pesar de las risas de una parte del público, tengo la sensación de que este texto da más de sí, y que pese a la honestidad –que la hay- hay toda una serie de factores desacertados que impiden que la propuesta brille, y que el texto se disfrute como se debería. En fin, otra vez será. Lástima, porque Sarabela es una compañía que suele acertar, la estética es interesante y el texto original se intuye muy bueno… Pero esta vez el resultado no cuaja.

H. A.

Nota: 2/5

 

“A Idade da Pavía” (La Edad de la Ciruela), de Arístides Vargas. Con: Fina Calleja, Nate Borrajo, Fernando Dacosta y Sabela Gago.  Dirección: Ánxeles Cuña Bóveda. SARABELA TEATRO.

Teatro Rosalía Castro, 7 de Noviembre de 2014

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