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‘Perplexo’, o ¿y tú quién eres?

noviembre 7, 2014

Espectáculo en lengua gallega

Perplejo, ja. (Del lat. perplēxus). 1. adj. Dudoso, incierto, irresoluto, confuso. (R.A.E.)

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Después del fuerte impacto que me causó el debut de la compañía gallega IlMaquinario Teatro con O Home Almofada –para mí el mejor espectáculo de teatro gallego de la pasada temporada- había mucha curiosidad por conocer su siguiente trabajo. El listón, de partida, estaba tremendamente alto. Y, lejos de amilanarse, han vuelto a sorprender presentando en esta ocasión Perplexo, un texto del alemán Marius von Mayenburg estrenado en 2010; tan distinto al anterior como arriesgado, necesario y novedoso para el panorama teatral gallego. Un tipo de teatro –la nueva dramaturgia alemana contemporánea- que nunca se ha visto en Galicia, por más que otra compañía haya presentado la pasada temporada O Feo, otro texto de Von Mayenburg que es, sin embargo, radicalmente diferente a este.

En Perplexo, una pareja regresa a su casa de vacaciones. Parece que nada ocurre, pero sin embargo enseguida vemos que algo no va bien: les han cortado la luz por no pagar el recibo –a pesar de que ellos afirman haber pagado- y no reconocen una nueva planta que parece haber salido de la nada. Tampoco la mesa del salón parece resultarles familiar. A cargo de la casa se han quedado unos amigos de la pareja, que después de recibirles amigablemente les invitan a abandonar la casa… SU casa. Porque afirman que ellos son los propietarios. Y curiosamente, cuando los “nuevos” propietarios prueban a encenderla, la luz funciona perfectamente. Perpleja ante la rocambolesca situación, la pareja inicial decide abandonar la que hasta hace unos momentos era su casa y aceptar este cambio de propiedad. Enseguida, la segunda pareja se queda a solas y comienza a comportarse como si fuesen los dueños de la casa desde siempre. Hasta aquí todo más o menos normal… hasta que irrumpe de nuevo la pareja inicial: pero ahora parecen ser el hijo de la nueva pareja propietaria y la au-pair que cuida de él. Los mismos nombres, las mismas identidades, el mismo espacio… pero distintos roles, y nadie se reconoce…. ¿Qué está sucediendo? Esta rocambolesca situación es el punto de partida de Perplexo. Desde aquí, se irán sucediendo una serie de escenas en las que los actores/personajes irán cambiando progresivamente de identidad.

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A primera vista podrían ser meros sketches de humor, pero siempre hay algo extraño: los personajes no recuerdan, no se reconocen, hay algo incompleto; pero, sin embargo, siempre hay algo que les resulta familiar, una cierta carga anterior que extrañamente parece conectarlo todo. Todo parece indicar que esas personas, tan iguales pero tan diferentes, han estado en ese espacio antes… y que pueden volver en cualquier momento, aunque ellos no lo sepan. Para –todos- ellos todo tiene un aire de reconocible, pero a la vez un aire de misterioso. Siempre creen recordar algo, pero a la vez siempre hay algo que les rompe los esquemas. No reconocen a los demás, y por tanto llegan a no reconocerse a sí mismos. Pero, después de todo, ¿quiénes son ellos realmente? ¿Qué es real y qué es ficción en esta historia? ¿Hasta qué punto son conscientes de lo que ocurre? ¿Hay 4 personajes o 30? ¿Por qué esa obsesión con tener la necesidad de que alguien les observe? ¿Hay una fuerza superior observándoles?

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No se alarmen… Detrás de esta intrincada trama hay, por encima de todo una alocada comedia llena de situaciones surrealistas, que provocarán irremediablemente la carcajada. Por el escenario desfilan monjas, nazis, amigos con las hormonas disparadas en fiestas de disfraces de temática nórdica, parejas con una extraña obsesión por el existencialismo y el mito de la caverna, parodias de las comedias de salón, hijos dispuestos a cambiar de madre al no reconocer a la suya, matrimonios enfrentados a la crisis… en fin, toda una pléyade de situaciones descacharrantes y paródicas. Pero ¿qué hay detrás de todo esto? El espectador verá cómo toda esta serie de escenas aparentemente inconexas tienen sin embargo insospechadas conexiones que plantean dudas ¿qué estamos viendo? ¿cuántos personajes hay realmente en escena? ¿hasta qué punto una situación conecta con la anterior o la siguiente? Desde esta estructura aparentemente fragmentaria y siempre en clave de comedia alocada y gamberra, Von Mayenburg realiza una profunda crítica del sistema social, al tiempo que aprovecha para reflexionar sobre cuestiones como el yo y la negación del yo, la búsqueda de una identidad y la frontera entre lo que nos toca ser, lo que queremos ser y lo que realmente somos ¿Qué personalidad se impone? ¿Somos nosotros los que configuramos nuestra personalidad o son los demás? ¿Somos como somos o como nos ven? ¿Debemos luchar por la vida que queremos o conformarnos con la que tenemos? ¿Podemos perder la cordura cuando rozamos el límite? ¿El que la hace la paga? Y sobre todo… ¿Qué hay exactamente en esa caja que permanece cerrada casi toda la función, que su remitente no recuerda haber enviado y que ninguno de los personajes se atreve a abrir por puro miedo a lo desconocido? y ¿qué es esa planta omnipresente que arranca todo el conflicto? Estas y otras reflexiones arroja el autor alemán, siempre sin descuidar la comedia: sabemos que hay algo de inconexo, algo de misterioso, algo que puede estallar en cualquier momento; pero nunca perdemos de vista la risa y la parodia como elementos conductores.

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Hay en Perplexo toda una serie de elementos que llevan directamente a la nueva dramaturgia alemana: por la particular forma de narrar –todo es como un gran puzzle al que, en apariencia, le faltan piezas-, por el ritmo –frenético- y por la estética que aporta el montaje de IlMaquinario. Evidentemente no es nada que no se haya visto antes en teatro internacional; pero hay que señalar que –como ya he sugerido más arriba- sí es un tipo de teatro que nunca había presentado una compañía gallega, y que puede ser presentado con la cabeza bien alta ya no en cualquier parte de España sino también en cualquier parte del mundo. Es un espectáculo difícil, atrevido, complejo… al que el espectador entra sin embargo encantado a jugar como  un niño pequeño, a juzgar por las carcajadas de la función que presencié. Verdaderamente no importa si hay gaps, si hay agujeros que no consiguen completarse –seguramente el propio Von Mayenburg tampoco lo pretenda-, porque es la hilaridad la que conduce el espectáculo.

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De la propuesta de IlMaquinario hay que valorar muy positivamente primero el ritmo frenético que aporta la cuidada dirección de Tito Asorey, que parece querer –además de introducir un nuevo género en el teatro gallego- divertir por encima de todo. Hasta los momentos de reflexión –enmarcados en ese frenesí que lo domina todo- están puestos al servicio de la comedia y la hilaridad. Las situaciones se suceden de manera implacable, es sorpresa tras sorpresa; y los cuatro actores desfilan por el escenario de forma marcial, cambiándose en tiempo record el variadísimo vestuario de Yaiza Pinillos –que deja algún disfraz verdaderamente memorable a nivel de diseño-. La puesta en escena –con ecos más o menos claros de grandes maestros del teatro internacional actual- se apoya en una escenografía neutra e impoluta en blanco –Luis Iglesias-: una escenografía que se va “ensuciando” conforme avanza la locura. Dibujos fálicos en las paredes, basura que inunda ese salón art-decó, proyecciones por webcam, canciones… En fin, todo un compendio de elementos perfectamente engrasados que muestran un montaje preparado a conciencia, ambicioso, complejo y con un acabado impecable. Ayuda mucho la iluminación –Tito Asorey y Germán Gundín-, que se vuelve absolutamente fundamental a la hora de ¿separar? escenas y generar atmósferas. En definitiva, la propuesta escénica es un paso de gigante para esta compañía a todos los niveles y está a la altura de cualquier teatro (inter)nacional. Solo un par de apuntes: en algunos momentos muy concretos, la música –ignoro si consciente o inconscientemente- llega a ensuciar la recepción del texto en un momento concreto en que el texto aparece microfonado, un aspecto que quizá se podría revisar; y, en segundo lugar, hay un momento musical de energía incontrolablemente contagiosa en que esa energía debería transportarse directamente de algún modo a la platea, aún a riesgo de amenazar con romper alguna convención: el momento lo pide a gritos; y creo que el público también.

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Si en su anterior espectáculo, el cuarteto de actores –que repite- realizaba trabajos individuales, resulta superfluo aquí hacer valoraciones por separado. Los cuatro actores se reparten cerca de 30 partes –por no desvelar nada, llamémosles roles, personajes, identidades o como ustedes quieran- y lo cierto es que Melania Cruz, Fernando González, Fran Lareu y Laura Míguez –citados en riguroso orden alfabético- responden de forma sobresaliente a un trabajo agotador y lleno de retos: por lo intrincado de la estructura, por la velocidad de crucero a la que deben ¿cambiar? de rol y por los múltiples estados anímicos por los que deben transitar, muchas veces en cuestión de segundos. Lo fácil hubiese sido descuadrarse, perder la concentración o la credibilidad; pero sin embargo se nota que creen firmemente en lo que están haciendo –y créanme que no es asunto fácil- y consiguen que lo que en otras manos podría haber parecido una locura aquí se vea como la cosa más normal del mundo y se siga sin sobresaltos. Bravo por ellos.

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Grandes aplausos al final de una función ante todo muy divertida y con un acabado formal que roza lo impecable. Una función difícil, atrevida, que innova y que abre caminos del teatro gallego para el mundo. Una función que confirma a IlMaquinario Teatro como una de las compañías más interesantes del panorama teatral gallego, que muestra su versatilidad y que corrobora –como ya sucediese el pasado año con O Home Almofada– que otro teatro gallego es posible. ¿Está el teatro gallego preparado para un chute de adrenalina así? A juzgar por el público que presenció mi función, sin duda alguna.

Ahora que han leído hasta aquí, vuelvan a leer la definición que aporto al principio de la reseña, y que sin duda aporta mucha luz sobre la función, su contenido y sus temas. Y ante todo, vayan a verla al teatro y no quieran saber: tan solo diviértanse y déjense llevar. Plenamente recomendable.

H. A.

Nota: 4.25 / 5

 

“Perplexo” (Perplexed), de Marius von Mayenburg. Con: Melania Cruz, Fernando González, Fran Lareu y Laura Míguez. Dirección: Tito Asorey. ILMAQUINARIO TEATRO.

Salón Teatro (Santiago de Compostela), 5 de Noviembre de 2014

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