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‘El Intérprete’, o Asier se deja querer

octubre 14, 2014

Que Asier Etxeandía es por méritos propios uno de los actores más prestigiosos, respetados y consagrados de su generación en nuestro país es algo tan cierto como que su unipersonal El Intérprete lleva más de un año causando verdadero furor allá por donde va. No fue la excepción A Coruña, y el público del Teatro Colón se dejó arrastrar a una catarsis colectiva que pocas veces antes se ha visto en un espectáculo de teatro.

Pero… ¿qué es exactamente El Intérprete? Difícil responder a esta cuestión. Etxeandía es un artista plural y carismático, que actúa bien, canta bien, baila bien y ha hecho de su histrionismo escénico –o quizá sea mejor decir “de su fuerza arrolladora”- una seña de identidad que ha acabado por convertirse más en una característica perfectamente integrada en el todo que en algo digno de reproche. Un poco de todo esto hay en El Intérprete, un monólogo concertado o un concierto monologado, en el que Asier actor y Asier personaje se solapan y se dan la mano constantemente. Desde su innegable carisma, el vasco va desgranando anécdotas de su niñez y su vida a toda esa pléyade de amigos invisibles con los que hablaba de niño en la intimidad de su habitación, y que hoy pueblan el patio de butacas. Es la historia de una vida, pero también es la banda sonora de una vida. Una banda sonora en la que caben estilos tan dispares como las músicas de Kurt Weill, Janis Joplin, Chavela Vargas, Isabel Pantoja, Talking Heads, David Bowie, The Rolling Stones, Carlos Gardel, Camilo Sesto, Alaska, el musical Annie, temas expresamente creados para el espectáculo… y toda una serie de variopintos temas que Etxeandía -bien curtido en el terreno musical con propuestas como aquel inolvidable Maestro de Ceremonias en Cabaret o el Hamlet que dirigiera Tomaz Pandur, en el que también cantaba- va desgranando a lo largo de dos horas y media de unipersonal, cantando maravillosamente con y sin amplificación. Con el público cómplice no solo desde esa posición de ‘amigo invisible’ que el artista les concede, sino también como parte activa cuando en varias ocasiones desborda el entusiasmo poniéndose en pleno en pie para bailar, cantar y hacer cuanto el prestidigitador nos indique. Porque de alguna manera, Etxeandía consigue implicar al público emocionalmente en su pequeño diario de confesiones de niño en constante frustración que se convirtió en adulto, como ocurre en los cuentos de hadas. Hay una comunión, una identificación que es clave en que todos nos sintamos un poquito el Asier actor-personaje, y por eso nos volquemos ante lo que vemos. Consigue pasar de lo pequeño a lo grande, de la identificación individual a la identificación de la masa; y esa es otra de las claves.

Por encima de valorar esa capacidad innata de artista global –porque, como ya he dicho, Asier lo hace todo y todo lo hace bien-, hay que señalar el tremendo tour de force que supone lanzarse sin red a este espectáculo que exige todo de él; y que recibe todo de él: porque la entrega de Asier Etxeandía en este espectáculo es simplemente brutal: el actor, el intérprete, desprende una energía contagiosa que ha visto pocos precedentes semejantes en la cartelera; y, lo que es más importante, demuestra que está perfectamente capacitado para hacer todo cuanto hace: no es ni un actor que canta, ni un cantante que actúa ni un bailarín que interpreta; es un todo en el que todas las partes están al mismo nivel de excelencia casi insultante. Un ciclón. Formidable. El artista al que cualquiera querría tener en su espectáculo. Confieso que, ante tal despliegue de fuerza y de energía, por momentos llegué a temer por la integridad de un artista, que llega sin embargo intacto al final del larguísimo espectáculo de una manera nada menos que portentosa. La duplicidad actor/personaje-realidad/ficción está perfectamente medida para darle al todo un halo de misterio mágico que hace de la propuesta algo verdaderamente interesante.

El texto, las canciones, el hecho teatral, el ambiente. Todo fluye con una facilidad pasmosa, como si nada estuviese perfectamente calculado –de ahí que la dirección escénica, que la hay aunque no lo parezca como ocurre en los buenos espectáculos, la firmen nombres importantes como Lautaro Perotti y Santiago Marín-, y la catarsis a la que se entrega el público es algo que ayuda a Etxeandía a venirse –todavía más- arriba. Y es que Asier, como canta en uno de los temas inéditos “se deja querer” por un público que le quiere, y que se lo llevaría a casa al final.

Acompaña al actor en escena una eficaz banda formada por Guillermo González, Tao Gutiérrez y Enrico Barbaro, conjunto de notable profesionalidad. La puesta en escena –muy prima-hermana del mundo del cabaret- es tan sencilla como eficaz, y contribuye a continuar en esa línea en la que se mueve todo el espectáculo: parece que no hay nada pero hay mucho; y ese mucho es Asier en sí mismo.

Se puede reajustar la duración, eliminar alguna morcilla fácil e innecesaria; e incluso plantear la idea de ofrecer consumiciones al público durante el espectáculo, acercando todavía más el concepto al del cabaret –creo que la cosa ganaría mucho con esta idea…-; pero a pesar de todo estamos ante una propuesta única en su especie, que nos muestra a un intérprete –entendiendo intérprete como artista global, que es lo que es Etxeandía- que no conoce límites en su arte, que toca –bien- todos los palos que se pueden tocar, y que arrastra al público hacia la catarsis colectiva..

Y, ya para terminar, vuelvo sobre la cuestión inicial: ¿Qué es exactamente El Intérprete? Se diría que una gran fiesta; pero una fiesta de esas que demuestran que se puede convertir un espectáculo en una fiesta sin perder ni la seriedad ni la excelencia en la ejecución. Y tal vez eso sea lo más difícil. De esas cosas que hay que ver para creer.

H. A.

Nota: 4.5/5

 

“El Intérprete”. Con: Asier Etxeandía. Banda en escena: Guillermo González, Tao Gutiérrez y Enrico Barbaro. Dramaturgia: Álvaro Tato. Dirección escénica: Lautaro Perotti, Santi Marín y Álvaro Tato. FACTORIA MADRE CONSTRICTOR.

Teatro Colón (A Coruña), 5 de Octubre de 2014p

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