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‘En el Estanque Dorado’, o cariños bucólicos

junio 28, 2014

Pentación Espectáculos presenta el estreno en España de En el Estanque Dorado, obra de Ernest Thompson que permanece en el ideario colectivo gracias a la versión cinematográfica que en 1981 –varios años después de que la función triunfase en Broadway- firmase Mark Rydell, con un estelar elenco que incluía a Katherine Hepburn, Henry Fonda y Jean Fonda en los roles principales. No se ha escatimado a la hora de conseguir un reparto emblemático para este estreno teatral: nada más y nada menos que Lola Herrera y Héctor Alterio en el matrimonio protagonista, con nada menos que Magüi Mira firmando la dirección escénica. Pelotazo garantizado, como está siendo –alcancé a ver la función en plena prórroga, tras varios meses en cartel en Madrid-.

Lo primero que hay que destacar es que el material original presenta una historia mucho más tierna y complaciente que su versión cinematográfica: lo que interesa a Thompson en esencia es mucho más profundizar en la relación de amor de Etel y Norman que en el conflicto que mantienen con su hija. Así, toda la primera parte de la función –más de una hora- sirve para dibujar el día a día de la pareja de ancianos en su casa del Estanque Dorado, y para contraponer el carácter rudo y pesimista de Norman –aunque tampoco tanto como en la película- con el vitalista de Etel. Solo hacia el último tercio de la función irrumpe en escena Chelsi, la hija que genera el conflicto; y sus dos enfrentamientos con sus padres no resultan tan tensos como en la versión cinematográfica –ni mucho menos-. Así pues, la versión teatral desprende alegría de vivir, gusto por el futuro y creo que deja la puerta abierta a lecturas mucho más amables de las que se pueden sacar en el film. Aquí, en este entorno bucólico en el que transcurre esta historia de cariños sinceros y cariños mal entendidos, hay lugar para lo entrañable; también para un cierto grado de tensión, pero también –y sobre todo- para la ironía, la acidez y, a fin de cuentas, para salir del teatro con un mensaje de suma esperanza hacia el futuro, aunque la función –como la película- no resuelva ciertos conflictos generacionales por los que el original teatral pasa mucho más de puntillas de lo que lo hacía la película. Al no conocer la obra original, no sé bien si este matiz se debe tanto a la función en sí o a la versión que firma Emilio Hernández, pero en cualquier caso me parece un matiz que salta a la vista cuando se contempla el montaje.

En su montaje, sencillo pero eficaz, Magüi Mira vuelve a acertar, porque huye de aspavientos y sobrecargas y concentra todo en el texto; y, sobre todo, en el trabajo actoral. También es loable que consiga trabajar en un espacio escénico tan sencillo como perfectamente útil y válido para el propósito que se persigue –lo firma Gabriel Carrascal-, que se sirve de una sutil pero eficaz iluminación de José Manuel Guerra para sugerir el paso de los días y los meses. En un espacio escénico tan neutro –y en una función con tan pocos personajes-, a muchos se les habría caído el espectáculo, y el montaje de Mira, sin embargo, resiste perfectamente en su sencillez, sin resultar nunca parco ni cutre. Acaso me resulte un pelín cargante la banda sonora de David San José, que parece excesiva y en mi modesta opinión no es que sea especialmente inspirada, ni mucho menos.

Se me escapa el motivo por el que tanto Héctor Alterio como Lola Herrera –pero creo que no así los otros tres miembros del reparto- van notoriamente microfonados durante toda la función, incluso en un teatro pequeño como es el Bellas Artes –esto no es una suposición, es una realidad…-. Es cierto que cuesta un rato acostumbrarse a la sonoridad –y no encuentro una justificación lógica…-; pero una vez que hemos pasado este shock, podemos recrearnos por ejemplo en otra magistral interpretación de Héctor Alterio, entrañable y maestro del gesto, que dibuja todo un arco emocional del ancianito gruñón y pesimista, al hombre desesperado que se desmonta cuando ve que la vida se le escapa entre las manos, o a ese abuelito entrañable que lógicamente traza amistad con Billy Rey, porque creo que Alterio –maestro de la humanidad y del gesto sobre el escenario- es el abuelo que todos querríamos tener para que nos llevase a pescar… No puede asombrar a nadie que haya seguido su carrera que Alterio aún tenga mucho que decir y que transmitir sobre el escenario: lo tiene. A su lado está Lola Herrera, que puede parecer que se enfrenta a un personaje a priori menos lucido que el de su partenaire, por tener que llevar el peso más cómico de la trama –o aligerar el drama que sirve Alterio- ; con todo, crece con su personaje y saca brillo de las escenas más tensas –ese encuentro a solas con su hija, bofetón incluido, se encuentra entre lo mejor de la función-, en las que aflora la gran actriz que es. Lástima que estas escenas más dramáticas no estén más y mejor desarrolladas. Con todo, es encomiable que dos actores de su sabiduría carguen con el peso de esta función tan larga –ya no porque la primera hora se la guisen y se la coman solos, sino porque ellos no salen jamás del escenario-, desprendiendo química y sin síntomas de fatiga. Ya solo por asistir a este mano a mano merece la pena ver la función, porque hay química y dos talentos que saben lo que hacen.

Los tres personajes que quedan –Chelsi, su nuevo novio y su hijastro-, están reducidos al mínimo, a lo esencial; son mero acompañamiento. Quizá sea por esto por lo que, sin estar mal, Luz Valdenebro no consiga terminar de brillar en un personaje que podría ser mucho más duro, y que en principio debería tener más jugo: creo que es más culpa de la versión –o incluso de la estructura de la propia obra original- que de la actriz –que puede dar mucho más de sí, como ya ha demostrado otras veces-; pero en cualquier caso no termina de tener todo el arrebato de odio que debería –siempre teniendo en cuenta el tono amable de la propuesta-. Mejor un Camilo Rodríguez que sirve un buen enfrentamiento con Héctor Alterio –la temperatura aparece mucho más elevada aquí que en el que Alterio tiene con su hija-, y que mejora con mucho actuaciones anteriores poco afortunadas. En fin, Adrián Lamana –que se ha incorporado muy recientemente al montaje en sustitución de un colega- hace lo que se le pide sin problema alguno como Billy, el hijastro de Chelsi: pasa con mucho los quince años del personaje –esto ya empieza a ser tónica habitual en España-, pero sirve el personaje con convicción y se vuelve a mostrar seguro en escena, evidenciando soltura y buena química –sobre todo con Alterio- para ser un recién llegado.

Pero con todos los peros que se le puedan poner, la propuesta se ve con agrado, funciona, entretiene, se mete al público en el bolsillo desde esa visión dulcificante que transmite todo; y permite ver de cerca el trabajo de un buen tándem de primeros actores, que demuestran que la veteranía y la sabiduría son un grado. Personalmente me hubiese gustado que el tono más amargo de algunos pasajes se resaltase un poco más, y habría que saber más cosas acerca del asunto de la microfonía; pero es una propuesta interesante.

H. A.

Nota: 3.5/5

 

“En el Estanque Dorado”, de Ernest Thompson. Con: Héctor Alterio, Lola Herrera, Luz Valdenebro, Camilo Rodríguez y Adrián Lamana. Dirección: Magüi Mira. PENTACIÓN ESPECTÁCULOS.

Teatro Bellas Artes, 22 de Junio de 2014

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2 comentarios leave one →
  1. junio 29, 2014 13:41

    A mí esta función me dejó un regusto buenísmo, creo que mejor incluso que la película quizá por su mayor ligereza y humor. Aquí tienes lo que me pareció a mí: http://masteatro-lomioespuroteatro.blogspot.com.es/2014/02/un-canto-la-vida.html

    • julio 9, 2014 02:16

      Gracias por leerme, por comentar y por compartir tu visión del espectáculo. La diversidad de opiniones resulta muy enriquecedora. Yo personalmente, sin que me haya parecido que en absoluto este montaje esté mal ni mucho menos, sí recordaba esta historia (por la película) con un regusto más amargo, que aquí rara vez aparece. Y, hasta cierto punto, creo que tanta amabilidad me desconcertó. Pero son lecturas, desde luego; y posiblemente la obra original (que después de todo es lo que vimos aquí) sea más amable que la película.
      Gracias otra vez por el comentario!

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