Skip to content

‘La Venus de las Pieles’, o peligrosa seducción

junio 13, 2014

La presente producción de La Venus de las Pieles –obra teatral que escribió el americano David Ives en 2010, y que fue objeto de una adaptación cinematográfica de Roman Polanski el pasado año- llega precedida de una importante repercusión mediática. No solo por el hecho de estar recientísimo el estreno de la película, sino también por tratarse del debut en teatro un papel protagonista –y además, complejísimo- de Clara Lago, que viene desarrollando una importante carrera en el cine; pero a la que es más infrecuente ver sobre las tablas –hasta donde sé, solo había participado previamente en un montaje de Shopping and Fucking, de Mark Ravenhill.

Diego del Pino, reconocido autor de teatro, busca desesperadamente a una actriz que se encargue del papel protagonista de su adaptación teatral de La Venus de las Pieles –la novela de Leopold von Sacher-Masoch que dio origen al sadomasoquismo-. Tras intensos días de búsqueda, cuando ya está por tirar la toalla, se presenta de improviso Wanda Jordan, una actriz sin currículum, adolescente, inculta y atolondrada que curiosamente comparte nombre con la protagonista de la novela y que suplica por una audición. Sin demasiadas esperanzas, Del Pino comienza junto a la joven una lectura de su obra y, contra cualquier pronóstico, la chica –incapaz de entender a priori ni el contenido de la historia que está interpretando- resulta ser un talento actoral en potencia: una actriz poseída por su personaje y capaz de hacer que Diego esté a punto de darle el papel. Y así, mientras la lectura de la obra de Diego del Pino avanza, la temperatura entre actriz y director se va elevando peligrosamente de manera progresiva. El juego de dominación ficticio entre Severin Von Kusiemski y Wanda von Dunajew pronto comienza a tener un segundo plano entre Wanda Jordan y el propio Diego… incluso a pesar de que pronto entendemos que hay algo misterioso en Wanda, algo que oculta, algo que no termina de encajar. Y para cuando Diego del Pino se entera, quizá ya sea demasiado tarde. Así, en este juego metateatral de seducción, las fronteras entre víctima y verdugo, o cazadora y presa pronto se diluyen; dando una y mil vueltas a un juego que podría acabar muy mal para ambos.

No suelen gustarme demasiado las obras metateatrales, y sin embargo hay que reconocer que en esta ocasión –a pesar de alguna pequeña caída de ritmo esporádica, y de que algún pasaje se podría recortar- David Ives mide muy bien su juego, superponiendo planos y rompiendo la tensión dramática mediante la carcajada en momentos muy oportunos. El resultado es un juguete en el que el espectador entra a través de la risa; para terminar inevitablemente enganchado al crescendo argumental progresivo. Sí es cierto que Ives va colocando un buen número de pistas para que el espectador se vea venir lo que está ocurriendo –no he visto el film de Polanski, y sin embargo sospeché el final, en el fondo mucho menos abierto de lo que algunas críticas han sugerido, desde largo tiempo antes de que llegase, y esperaba un último giro argumental que desmontase mi hipótesis y me dejase pegado a la butaca, pero que jamás llegó…-. A pesar de todo, el encanto y la capacidad de enganchar del texto son innegables. El público, visiblemente cómplice así lo corroboró en la función que presencié.

Acierta en su puesta en escena David Serrano, porque realiza un trabajo sobrio pero inteligente y elegante; siempre focalizado en la psicología de los personajes y en el poder del texto, consiguiendo algunos momentos de una frescura tal que pareciera que estamos presenciando verdaderamente un ensayo bien ejecutado, y con la temperatura dramática bien servida –aunque tal vez la tensión sexual de las últimas escenas podría y debería crecer aún más para redondear la propuesta-. Escenografía sencilla de Arturo Martín Burgos e iluminación variada y original –siempre sin huir de esa sencillez que rezuma toda la propuesta- muy bien planteada por Felipe Ramos.

Pero esta es, ante todo, una función de actores. Una función difícil, en la que ambos deben transitar por múltiples estados de ánimo en apenas 90 minutos. Se ha discutido bastante el trabajo de Clara Lago, alegando que quizá no sea la actriz más indicada para ser Wanda Jordan. Así lo pensé en un primer momento mientras veía la función; pero, sin embargo, una vez que reposé el contenido en mi cabeza, comprendí que esa puede ser perfectamente Wanda, porque hay algo –lástima que no se pueda contar qué es sin hacer un spoiler fatal- que es aún más importante que la imagen que cada espectador se haga de ella en su cabeza. Y quien haya visto la función, seguramente entenderá a qué me estoy refiriendo… Lo que no se puede negar es que este trabajo de Clara Lago me ha sorprendido muy gratamente –más incluso que algunos de sus trabajos en cine-: aquí hay una actriz segura, orgánica, elegante y de buena vocalización; que resulta descacharrante y encantadora como adolescente atolondrada, pero que también se sabe llevar a su terreno de manera convincente la parte más oscura de su personaje con un aplomo impropio una debutante. Puede que no estemos viendo a la femme fatale que podríamos imaginar que es Wanda, pero sin embargo sí podemos entender la fascinación que ese ser ejerce sobre Diego del Pino. Tanto es así que podríamos decir que Diego Martín –el actor solvente de siempre- empieza rindiendo a un nivel superior al de su compañera; pero se va desmontando en su interpretación a la vez que Vanda va desmontando a Diego –personaje-. Por la razón que sea, Martín luce mejor como elegante dominador -o, en su defecto, como hombre pasivo y desesperado ante la adolescente que tiene delante- que como cobarde y pusilánime dominado; y sus últimas escenas –quizá por resultar un punto excesivo en su humillación- no terminan de tener toda la fuerza que deberían. Es difícil encontrar el punto exacto en estas escenas tan al límite, y da la sensación que Martín no siempre se encuentre a gusto. Y es una pena, porque se nota que hay buena química entre ambos en gran parte de la propuesta, aunque a algunas escenas –cruciales- tal vez les falte un plus de credibilidad por momentos.

Gran éxito de público –con mucho público no habitual de teatro, que seguramente habrá asistido por el gancho de Lago y presencia una propuesta interesante-, para un espectáculo interesante y con buen pulso, que probablemente se terminaría de redondear si la tensión sexual y el morbo aumentasen –aún más- en según qué momentos clave.

H. A.

Nota: 3.75 / 5

 

“La Venus de las Pieles”, de David Ives. Con: Clara Lago y Diego Martín. Dirección: David Serrano. TEATRO ESPAÑOL.

Naves del Español (Sala 2), 5 de Junio de 2014

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: