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‘La Evolución (Será porque te Amo)’ o teatro en construcción (o a medio construir)

mayo 28, 2014

Si algo tiene el polifacético Rubén Ochandiano es esa capacidad de no dejar nunca indiferente, ni con sus declaraciones, ni con sus creaciones, ni con sus actuaciones. Se nota que es un ser apasionado, que cree ciegamente en lo que hace; y sus apuestas son casi siempre excesivas –para bien y para mal-. Revisemos ejemplos recientes rápidamente: a casi todos les fascinó su libertina versión de La Gaviota de Chéjov que se vio durante largo tiempo en Madrid –a mí algo menos, pero reconozco que tenía interés como ejercicio experimental-, y su versión de la Antígona de JeanAnouilh no pasó inadvertida. Tampoco su novela Historia de Amor Sin Título deja frío –podrá gustar más o menos, pero frío no deja- Y con Animal abrió nuevas posibilidades para el uso de un espacio tan particular como es La Casa de la Portera. Ahora, presenta un nuevo texto teatral de autoría propia, que además también dirige: La Evolución (Será porque te Amo), un espectáculo que, a pesar de tener personalidad y contar con algunas premisas interesantes, acaba quedándose en un quiero y no puedo, y no termina de dar en la diana.

Familia disfuncional. Tres hermanos –Luisa, Lorenzo y Paula- de la misma madre; pero de padres diferentes, porque en su día esa madre seleccionó a los padres para tener hijos genéticamente perfectos. El caso es que hoy, entre 25 y 40 años después de nacer, además de ser un poco –bastante- excéntrcos, los tres sienten la necesidad de perpetuar la especie, pero ninguno puede. A Luisa, la mayor, se le ha pasado el arroz y se dedica a estudiar la genética; Lorenzo, famoso actor de televisión, es gay –y a pesar de que mantiene una relación estable con Pablo, un argentino, pues no pueden procrear por causas evidentes-; y Paula –la hermana rubia cañón que podría estar con el tipo que quisiera- no consigue que su marido la deje embarazada… Total, que esta familia es una olla a presión de deseos incumplidos, donde todos juegan a dañarse para esconder las propias frustraciones, intentando demostrar que el contrario está más frustrado que ellos. Y así transcurre la vida hasta que, en una de estas, por un milagro evolutivo, Lorenzo –el hermano gay- se queda embarazado de Pablo. Sí, sí, han leído bien…

Prefiero no pensar si –dentro de que está escrita desde la parodia- hay algo de autobiográfico en esta obra –el propio autor lo ha reconocido abiertamente otras veces, como en su novela-; pero sobre esta situación, Ochandiano construye una comedia surrealista de situación, que debe mucho al teatro contemporáneo argentino de Claudio Tolcachir o Pablo Messiez: no en vano, hay un homenaje explícito a Messiez en esta obra, cuando la hermana mayor calca uno de los monólogos de Florencia en Muda –que casualmente había visto justo el día anterior, de otra forma quizá ni me hubiese dado ni cuenta, pero mi sorpresa fue mayúscula…-. Diálogos rápidos, absurdos, entrecortados, acciones que se solapan… Todo muy a la argentina… pero, sin embargo, al texto y al concepto de Ochandiano le faltan esa chispa y esa redondez que las obras de Tolcachir sí tenían –porque, salvando mucho –pero que mucho- las distancias, esto es un curioso mejunje entre La Omisión de la Familia Coleman y El Viento en un Violín, pero a la española-.

Hay que reconocer que –aunque tenga mucho de ida de olla- la premisa argumental es poderosísima, original, atrevida… Porque claro, si ya en esa casa se palpa la tensión, imagínense ustedes lo bien que cae en casa que el único capaz de perpetuar la especie sea el menos esperado… Creo que llegados a este punto, Ochandiano tiene ya hecho lo más difícil; pero naufraga porque no es capaz de desarrollar el conflicto de forma brillante, ni mucho menos: hay golpes y risotadas aquí y allá –los propios de una sitcom televisiva…-; pero la falta de caracterización psicológica de sus personajes, y toda una cantidad de temas y preguntas que flotan en el aire y quedan sin respuesta –ni atisbo de respuesta- lastran el resultado final y hacen que perdamos el interés sobre lo que estamos viendo. Insisto en que todo es estilísticamente muy argentino; pero es arriesgado y hay que ser muy bueno para saber construir un texto de estas características. Yo, personalmente, me distancié de lo que estaba viendo conforme avanzaba la representación, por esa falta de desarrollo; o por ese desarrollo más pretencioso que acertado –incluso a pesar de haber encontrado el comienzo interesante-, porque todo parece como una suerte de work in progress en el que texto, trama y personajes están –y se quedan- a medio hacer. Y eso que el espectáculo apenas dura una hora y diez… Una pena.

Lo que sí ha sabido hacer Ochandiano es dirigir de forma bastante ingeniosa, aprovechando al máximo las posibilidades que un espacio ingrato y peculiar como es el Teatro Galileo le ofrece: aquí hay no solo personajes en la grada, sino también entradas y salidas constantes por las puertas de la sala, e incluso público en escena al final; y un conjunto de actores que asimilan bastante bien los códigos de naturalidad. El espectáculo está bien trabajado; pero creo que es el texto en sí mismo lo que no termina de funcionar.

Dicho esto, el elenco -ni rastro de mi paisana María Vázquez, que aparece sin embargo en el cartel- es bastante esforzado, destacando del conjunto Marta Gómez –sorprendente actriz, en una Luisa mordaz hasta el extremo- y la pareja que forman Silma López –cuya frescura la erige casi en protagonista, con el papel mejor definido de todos- y Alejandro Casaseca –ya tiene mérito destacar como él lo hace en un personaje que es poco menos que un retazo…-, que desprenden naturalidad a raudales en esa suerte de falsos “pequeñoburgueses” que les han tocado en suerte. Un escaloncito por debajo quedan Javier Zapata –porque tiene un personaje que, a pesar de ser el supuesto protagonista no consigue suscitar interés alguno, por esa falta de definición de la que hablo…- y Diego Ercolini –porque Pablo, el novio argentino de Lorenzo, es también un mero retazo como personaje-.

En cualquier caso, a pesar de la buena idea y de lo esforzado del reparto, creo que a este texto y a esta historia les faltan algo: probablemente una mayor definición de personajes y situaciones, una mayor profundidad que les haga recuperar un interés que va cayendo peligrosamente en picado conforme avanza la función. Otra vez será…

H. A.

Nota: 2/5

 

“La Evolución (Será porque te Amo)”, de Rubén Ochandiano. Con: Javier Zapata, Marta Gómez, Silma López, Diego Ercolini y Alejandro Casaseca. Dirección: Rubén Ochandiano.

Teatro Galileo, 23 de Mayo de 2014

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