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‘Da Vinci Tiña Razón!’, o comedias de otros tiempos en estos tiempos

mayo 25, 2014

Espectáculo en lengua gallega

Cambio radical en la compañía gallega Produccións Teatrais Excéntricas que, tras revisar con gran éxito de público y crítica dos textos de Martin McDonagh, revisa ahora una farsa satírica del francés Roland Topor. Una función escrita por el miembro del Grupo Pánico a mediados de los 80 del pasado siglo, y que curiosamente el Centro Dramático Galego había subido a escena en gallego hace más de 25 años, curiosamente con Quico Cadaval –que ahora dirige esta nueva versión- encarnando el papel del que ahora se hace cargo Santi Romay.

Un matrimonio de la clase alta francesa espera la llegada de otro matrimonio para una comida. Tienen la letrina del váter averiada. En esto, irrumpe el matrimonio invitado. Para comenzar el enredo, por supuesto, el marido invitado anda suelto, y esto le obliga a visitar constantemente el baño de la casa de los vecinos. Todo normal, hasta que en medio de la cena, aparece un cagallón en medio de la mesa. Será el primero de muchos que llenarán la casa de este matrimonio de mierda. Pero no de mierda metafórica, sino de mierda real, corpórea. Cagallones que ponen en riesgo no solo la limpieza de la casa, sino también la imagen moral y social de esta familia tan francesa. Es por ello por lo que el marido, el cabeza de familia –policía, para más señas- inicia una serie de pesquisas para saber quién está gastando esta broma pesada. En primer término del salón, una réplica de la Mona Lisa observa los hechos… A los dos matrimonios se añaden el hijo mimado de los anfitriones –que pasa los 20, pero le faltan unos cuantos hervores-, y la nanny sueca de éste –porque como le falta un hervor, tiene nanny-, cuyo mayor interés es dar un braguetazo seduciéndole, casarse con él y medrar. O tal vez no. Tal vez, como dice, está sinceramente enamorada.

Sobre esta situación, Topor escribe una comedia burguesa de enredo, cercana a la astracanada; que hace sobrado hincapié en la escatología, y que fue un escándalo social en el momento de su estreno –por cómo se ríe de los prejuicios sociales y del pijerío de esa sociedad tan encorsetada, tan a años luz de la nuestra- ; pero que hoy, un cuarto de siglo después, solo puede entenderse como una comedia entretenida, pero ya bajo ningún concepto dañina. Lo que podríamos llamar alta comedia burguesa que arranca alguna carcajada, pero no deja de ser un género que creo que no termina de funcionar bien en la sociedad española. Se han visto otros ejemplos de comedia de estas características que se presenta en España tras pasar por arrasar en Francia, y sin embargo en nuestro país no causa el mismo efecto, tal vez por las diferencias sociales que existen y morales entre países vecinos. Hoy miramos el encorsetamiento en el que se mueven estos personajes con una sonrisa casi lastimera, pero siempre tendiendo a desvincularnos de una problemática que en el fondo nos resulta ridícula.

Así lo ha entendido Quico Cadaval, que trabaja siempre a favor del disfrute, enfatizando la comedia, la astracanada y huyendo de cualquier atisbo de aleccionamiento, en un acercamiento ligero, casi de cómic. Con la única pretensión de entretener, de buscar la carcajada del público. En este sentido, creo que acierta de pleno en su enfoque, y que el resultado final queda muy por encima del valor real del texto en sí, que podría haberse caído por completo con otro enfoque. Aquí, Cadaval ha querido resaltar lo absurdo del argumento sobre cualquier otro aspecto, y es esto lo que pone en valor el espectáculo: me atrevo a decir que si la función resulta entretenida, y si arranca alguna carcajada, es sobre todo merced al concepto del montaje. Sencillamente porque creo que de otra manera esta obra hoy por hoy no se sostendría, y sin embargo aquí se sostiene.

No es fácil para el reparto trabajar con un material tan cómicamente excesivo, ni encontrar el punto exacto de la comedia. Creo que en este tipo de historias –histriónicas por naturaleza-, el mayor porcentaje de comedia se consigue precisamente cuanto menos se carguen las tintas, porque es una comedia de situaciones. Asumiendo que este montaje apuesta consciente y decididamente por cargar las tintas –para enfatizar la comedia a cualquier precio-, hay que decir que no todo el elenco responde de la misma manera a estos cánones. Tampoco es fácil. Los mejores son –de largo- los tres veteranos de esta compañía: Evaristo Calvo –el marido anfitrión, reprimido y puteado, en otro de sus papeles de payaso serio-, Víctor Mosqueira –el marido invitado- y Santi Romay –el hijo alelado-, que vuelven a hacer gala de ese talento innato que tienen para la comedia; sabiendo sacar sonrisas de cualquier cosa, incluso con un material difícil como es este. Hay también sorpresa agradable en la para mí desconocida Ana San Martín, que además de amoldarse muy bien al estilo de lo que se busca como la nanny extranjera –sabe reírse, incluso de sí misma, pero sin cargar las tintas más de lo debido-, demuestra tener unas condiciones excepcionales para el canto lírico, cuando canta la “Canción de Solveig” de Grieg contra cualquier pronóstico –porque no se sabe muy bien a qué viene en el contexto de la trama, pero se perdona la concesión cuando lo hace a este nivel-, maravillosamente, en cualquier caso. Cierta curios idad por otras cosas que pueda hacer. En fin, las dos esposas –son María Costas y María Garat– quizá pequen un poco de histrionismo ocasional en algunas de sus réplicas, y puede que no se vean tan cómodas y naturales como sus compañeros en el registro que se les marca: es un camino; pero, como digo, creo que la comedia debería poder surgir por sí misma.

En fin, una propuesta honesta, bien realizada, en el que el espectáculo se alza por encima del valor actual del texto –no es poco piropo-. Eso sí, atrás quedaron aquellos textos estupendos de Martin McDonagh a los que esta compañía nos tenía acostumbrados. Como texto, este divertimento –hoy por hoy podríamos decir que bastante blanco- de Roland Topor ni se les acerca ni lo pretende –y ojo: no es un reproche…-, pero se sigue viendo que la compañía sabe cómo hacer las cosas.

H. A.

Nota: 3/5

 

“Da Vinci Tiña Razón!”, de Roland Topor. Con: Evaristo Calvo, María Garat, Víctor Mosqueira, María Costas, Santi Romay y Ana San Martín. Director: Quico Cadaval. PRODUCCIÓNS TEATRAIS EXCÉNTRICAS.

Teatro Rosalía de Castro (A Coruña), 16 de Mayo de 2014

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