Skip to content

‘Longa Viaxe Cara á Noite’, o fantasmas que hieren y curan

mayo 13, 2014

Espectáculo en lengua gallega                               

El Centro Dramático Galego llevaba una larga –larguísima, calculo que habrán pasado unos siete años, desde dos excelentes montajes que fueron Noite de Reis y A Piragua– temporada encadenando espectáculos más o menos fallidos, ya sea por la elección del texto, por elencos desacertados o por direcciones desafortunadas. Súmenle a esto turbulencias en la institución en sí misma –un cambio de dirección, una destitución fulminante, otro nuevo director, un cambio de montaje polémico que nunca se llegó a aclarar debidamente…- y se harán a la idea de por qué el público empieza a darles la espalda. Ahora han vuelto a los clásicos, presentando una versión de Longa Viaxe Cara á Noite, de Eugene O’Neill. Una de cal y otra de arena: el público les sigue dando la espalda, al menos en A Coruña –escasamente 70 espectadores en un teatro de 800 butacas-; pero, sin embargo, por fin el CDG ha vuelto por la senda del teatro de calidad: este O’Neill es el mejor montaje de la compañía en años, puede que incluso en toda la década, y esta vez sí que se ofrece un espectáculo verdaderamente notable en casi todas sus vertientes: curiosamente, podríamos decir que han conseguido alejarse de sus fantasmas creativos para contar una historia de fantasmas familiares que –esta vez sí- funciona como un engranaje bien engrasado.

A estas alturas, todos sabrán que el texto de O’Neill –ese retrato de su propia familia disfuncional a través de la familia Tyrone, en la que todos los personajes son alter egos confesos de los O’Neill- es de una dureza apabullante, de una tensión dramática que va in crescendo, y que no dejará indiferente a nadie. Pasa la vida en una familia destrozada por las drogas, la enfermedad, la desgracia y el alcoholismo como forma generalizada de enfrentar –o evadir- los problemas. Pero sobre todo, una familia víctima de sus propios fantasmas, que no les dejan avanzar y les impiden comunicarse. No ocurre nada y sin embargo ocurre todo, porque se dicen cosas durísimas.

La versión aligerada de Manuel Guede Oliva –por estar, hasta el título está resumido…- podrá presentar algunas ambigüedades en su traducción al gallego para un purista de la lengua –no es el caso- y prescinde del personaje de la criada Cathleen –y no niego que es mucho más impactante ver a Mary puesta hasta arriba y hablando sola derrumbada en un sofá…-; pero focaliza todo en el conflicto de los personajes, dejándoles solos ante sí mismos. Hay dos rasgos de su montaje –sobre escenografía detallista y elegante de Rodrigo Roel- que son toda una declaración de intenciones acerca del enfoque de la obra: el componente fantasmagórico –entendido como esa carga del pasado con la que todos los personajes tiene que luchar sin remedio-, evocado mediante una iluminación –Juanjo Amado- que dista de ser realista para focalizar los sentimientos de los personajes; y mediante una casa que al comienzo de la función aparece polvorienta como si estuviésemos ante una mudanza en tránsito- y esa incapacidad de los personajes para asumir su verdad salvo cuando están solos.

Para Guede, los personajes engañan pero no se autoengañan: así, los cuatro protagonistas se ven reflejados en un espejo en esos momentos en los que por una vez consiguen quitarse la máscara –esa máscara con la que aparecen ataviados al principio de la función, como símbolo de la proyección de sus mentiras de cara al exterior- y enfrentarse al miedo y al fracaso; como si todos ellos fuesen perfectamente conscientes de en qué momento su vida se empezó a ir al garete, aunque no sean capaces de solucionarlo. Es sin duda un recurso hermoso. En cualquier caso, es un montaje hermoso, que no huye de lo poético, pero siempre para resaltar la tremebunda violencia verbal y la flaqueza de estos personajes que se destruyen entre sí porque sienten que están destruidos. Es cierto que el montaje comienza un punto falto de vuelo, como si a todos los actores les costase un rato encontrar el pulso justo a sus personajes; pero va creciendo progresivamente en intensidad dramática de manera imparable hasta límites altísimos, y el último cuarto de la función es una verdadera sacudida que removerá a cualquier espectador. Es mérito del texto de O’Neill, claro; pero también de la buena mano del director, y del trabajo de los actores.

Se entrega a esta espiral de violencia emocional y verbal el reparto, uno de los más redondos y cohesionados que haya presentado esta compañía en años, demostrando que hay actores de nivel en Galicia sin necesidad de rebuscar mucho. Todo cuanto se ve transmite verdad, y es por eso por lo que la función golpea. Soberbio trabajo de Luisa Merelas, que se sube sin miedo a esa auténtica montaña rusa emocional que es Mary Tyrone en una encarnación que mueve a la compasión constante, huyendo de cualquier histrionismo. Junto a ella, el elegante señor Tyrone de Gonzalo M. Uriarte construye un personaje que encuentra el punto justo entre la pusilanimidad aparente del personaje y la dignidad del hombre dañado por un pasado difícil que prefiere olvidar. Otra creación. Como la del Jamie de Marcos Viéitez, que se mantiene en un aparente segundo plano durante toda la función; para estallar magistralmente en la escena de su borrachera final. A Alberto Rolán (Edmund) puede que le sobre un poco de arrebato en sus exposiciones de ira y, sobre todo, hay ciertas inseguridades que corregir con el texto, pero también se viene arriba conforme avanza la función, y termina bastante mejor de lo que empieza, sobre todo en sus últimos enfrentamientos con su padre y su hermano.

Aunque sea hasta cierto punto comprensible por cómo han funcionado montajes anteriores -recuperar la fe perdida nunca es fácil…-, sí es una lástima que el público no respondiera; porque por una vez parece que el Centro Dramático Galego ha encontrado el buen rumbo. Esta es la línea a seguir: un texto de interés, bien dirigido y bien interpretado. Un teatro de calidad para cualquier buen aficionado al teatro. Enhorabuena.

Una curiosidad: apenas unas semanas después del estreno de este montaje, se ha anunciado una nueva gran producción nacional de esta misma obra, que posiblemente llegará el próximo mes de Octubre. Por una vez en la vida, el teatro gallego va por delante.

H. A.

Nota: 4/5

 

“Longa Viaxe Cara á Noite”, de Eugene O’Neill. Con: Luisa Merelas, Gonzalo Uriarte, Alberto Rolán y Marcos Viéitez. Versión, traducción y dirección: Manuel Guede Oliva. CENTRO DRAMÁTICO GALEGO.

Teatro Rosalía, 3 de Mayo de 2014

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: