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‘Staying Alive!’, o post-dramatismo atmosférico

mayo 7, 2014

Vuelve a los escenarios tras unos años de ausencia la compañía gallega Matarile Teatro, que cuenta con una larga y exitosa carrera en lo que podríamos llamar el teatro de vanguardia no solo en Galicia sino a nivel internacional. Y lo hace con Staying Alive –no, no es un musical sobre los Bee Gees ni nada que se le parezca…-, una compleja propuesta de danza-teatro que nada en la senda de algunas de sus propuestas anteriores, si bien dista de ser tan original como lo eran estas.

Cuatro bailarinas-actrices en un espacio impersonal. El teatro tal y como es, sin esconder esas costuras que normalmente aparecen tapadas por unas escenografías que aquí no aparecen porque no se precisan. Textos, citas de las más diversas índoles –aquí hay sitio para que convivan Hermann Hesse, Francisco de Quevedo, Alfonso Becerra o Juan (sic) Cejudo, entre muchísimos otros, para que vean los niveles de pluralidad en los que estamos jugando…-, comentarios, confidencias con el público… imágenes poéticas. Climas ante todo. Atmósferas a veces logradas, otras más impersonales… Y, claro, ningún hilo conductor ni nada que remotamente se le parezca…

Con Staying Alive, Matarile Teatro parece querer caminar en la senda del más puro teatro post-dramático. Todo se ve como un collage de imágenes, de atmósferas y de sensaciones; sin que ese todo tenga una coherencia. Es seguramente buscado, y lo cierto es que se puede señalar que el espectáculo tiene momentos muy sugerentes aquí y allá, creando como digo atmósferas cargadas de fuerza expresiva precisamente por esa sensación de inconexión, de onirismo y de constante juego al que se expone el montaje. Hay también intérpretes impecables en Mónica García, Ruth Balbis, Nuria Sotelo –lo diré una vez más: técnicamente impecables-y la propia Ana Vallés, que además de ejercer de directora del espectáculo –creando esa sensación de desorganización caótica que probablemente esté organizada al milímetro- actúa como maestra de ceremonias con un público al que se intenta implicar –se juega no solo con las ya tópicas bajadas a la platea; sino también con el eco de sonidos que se producen desde el hall del teatro…-, aunque no sepamos nunca muy bien a qué nos estamos enfrentando.

¿Qué falla entonces en Staying Alive? Más allá del exceso de metraje –creo que 100 minutos es mucho para una propuesta tan decididamente experimental…-, y esa sensación constante de viaje a ninguna parte; no termina de convencerme ese aire impersonal que tiene el conjunto del todo. Seguramente hayan dejado volar su imaginación, incluso más que otras veces antes; pero los textos –indistintamente en castellano, gallego e inglés; y muchos de ellos incluso de dudosa calidad literaria…- aparecen cogidos con alfileres, y no queda demasiado claro a qué han querido enfrentar al espectador -nada que ver, por ejemplo, con los textos que se insetaron en el último espectáculo de este género de danza-teatro que vi, que venían firmados nada menos que por Pablo Messiez…-.  Seguramente haya un mensaje, una idea o un pensamiento concretos detrás de todo esto -o no, vayan ustedes a saber…-, pero lo cierto es que quien suscribe no ha llegado a captarlo… Tampoco el programa de mano –escuetísimo, sin más datos que la ficha técnica y un aluvión del palmarés internacional de la compañía, para recordarnos un prestigio que no se les discute- ayuda a contextualizar ni lo más mínimo qué es lo que estamos viendo. Entiendo esa idea post-dramática; pero creo que guiar –mínimamente, aunque sea- al espectador no estaría de más…

Y, no se confundan ustedes: con todo lo confusa que pueda ser esta propuesta, no niego esos instantes climáticos, atmosfé(é)ricos y cargados de fuerza expresiva, aún en su carácter abstracto. Lo malo es pensar que junto a estos, también hay cosas que se han puesto ahí probablemente para que funcionen como guiños al público, y para aligerar ese abstractismo marca de la casa –los textos en sí mismos, y un par de momentos de marcada pachorra en torno a conceptos como el de “femme fatale” que van bastante en contra del espíritu de la propuesta- den un poco al traste con el resultado final. Cuando imágenes y sonido se unen para crear atmósferas abstractas, fuertes, incluso hasta turbadoras –insisto, hay momentos- la cosa alcanza un vuelo que tal vez hubiese podido mantenerse durante todo el espectáculo, y hay instantes de macabra belleza poética. El problema es que luego haya concesiones a lo carnavalesco que hacen que la cosa decaiga y pierda interés y, sobre todo, cohesión. No es un problema de interpretación ni de puesta en escena –impecables en su género ambas, insisto una tercera vez-, sino quizás de concepto global en sí mismo. Ahora bien, la recepción de la propuesta no deja de ser en este caso concreto  algo tan subjetivo como la propia propuesta…

Poco público -bastante menos de media entrada de partida…-, aunque claramente dividido en tres grupos bien diferenciados: los cómplices y entusiastas -unos cuantos-, los no pocos que optaron por abandonar la sala antes del final y los que al final de todo, en el fondo ni frío ni calor. Creo que me cuento entre estos últimos.

H. A.

Nota: 2/5

 

“Staying Alive!”, creación de Ana Vallés. Con: Mónica García, Ruth Balbis, Nuria Sotelo y Ana Vallés. Dirección: Ana Vallés. Iluminación y espacio sonoro: Baltasar Patiño. MATARILE TEATRO.

Teatro Rosalía de Castro, 30 de Abril de 2014

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