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‘Los Mácbez’, o hacer de un Shakespeare una de Tarantino

abril 9, 2014

Apuesta fuerte e importante es esta coproducción entre diversas compañías, que se ha visto en estreno absoluto en diversos puntos de Galicia, y que recalará próximamente en el Teatro María Guerrero madrileño, en el seno de la temporada del Centro Dramático Nacional. De una versión libre del Macbeth shakesperiano –probablemente una de las obras más montadas y manipuladas de la Historia- a cargo de Juan Cavestany, bajo la dirección de Andrés Lima y con dos actores del calibre de Javier Gutiérrez y Carmen Machi en los papeles principales se espera, como mínimo, algo que no deje indiferente. Y es difícil que Los Mácbez –que así se ha rebautizado la versión- deje indiferente a nadie. Esa es quizá la mayor virtud del personalísimo trabajo que se presenta.

Siempre he pensado que Macbeth es una obra tan grande que aguanta casi cualquier cosa y se sostiene por su propia inmensidad. Esta no es la excepción, porque a pesar de que el lavado de cara estético es grande, sigue habiendo magia en el resultado… y, ante todo, sigue estando presente Macbeth. Cavestany y Lima, siempre personales, han movido su versión a la Galicia actual, planteándola como una lucha de poder hacia la presidencia de la Xunta de Galicia. De entrada Duarte –el Rey Duncan- es el Presidente de la Xunta, y Banco y Macbeth –o Mácbez- sus más inmediatos sucesores en la carrera hacia la presidencia, por más que él quiera dar un cargo de relevancia a su hija Marcelina –el Malcom del original, aquí cambiado de sexo-. Las brujas profetizan, la historia se dispara… y el final ya lo saben. Así pues, la historia transcurre entre Galicia, Madrid y Castellón, en una estética actual en la que confluyen las luchas de poder político, las falsas apariencias, y hay cabida para el bilingüismo –algo tan dado en nuestros políticos actuales- la diglosia, el orujo, las meigas, el folclore gallego, los dichos populares, y quién sabe cuántas otras cosas.

Hay algún detalle que podría y debería revisarse –es un poco difícil que la Carballeira de San Xusto (el alter ego del Bosque de Birman en esta versión), sita en Pontevedra, pueda verse desde el Pazo de Raxoi, por ejemplo… ¿no sería tal vez más coherente en términos geográficos situar el Bosque de Birman en el Monte do Gozo, pot poner un ejemplo?-, pero lo cierto es que en toda esta versión hay mucha más fidelidad de la esperada hacia el texto de Shakespeare: obviamente se han cambiado las equivalencias a cargos, parentescos y lugares cuando la acción así lo necesita; pero el respeto por el original a nivel textual es bastante más que en muchas otras versiones del clásico que yo haya visto.

No siempre comulgo con las ideas de Andrés Lima pero al menos sí le reconozco que tiene una personalidad y un ideario propios en los que cree ciegamente. En este Los Mácbez vuelve a dar rienda suelta a su imaginación, situando la obra ante todo en un universo muy freak, lleno de ejecutivos de medio pelo a los que les falta un hervor, cegados por el ansia de poder. Y le sale una versión excesiva en casi todo –como suele pasar casi siempre con él- con momentos mejores y momentos peores; pero que siempre tiene algo de interesante, novedoso, innovador y diferente. En este acercamiento a Shakespeare parece haber querido enfatizar los aspectos más decididamente cómicos de la obra, enfocando todo como una comedia negra de tintes, como digo, ciertamente freaks: violenta, pero desde una violencia que tiene en sus tintes macabros algo de divertido, como si de una película de Quentin Tarantino se tratase. Las brujas son seres con bolsas de plástico en la cabeza que parecen intentar sodomizar a Macbeth durante las predicciones, y la mayoría de los políticos van caracterizados casi como personajes de cómic. Estos Mácbez, desfasados en su frenesí sexual, son en el fondo dos gañanes venidos arriba gracias a la política: nuestra Lady, por ejemplo, no pierde ese toque de zafiedad tan suyo por mucho que se emperifolle con joyas y tacones de aguja, y no duda en armarle las de Dios al cafre de su marido cada vez que este mete la pata a la hora de cometer un crimen.

Porque para Lima, los Mácbez –o los Macbeth- son tremendamente chapuceros en su periplo criminal –no en vano Macbeth ha de matar con un cuchillo jamonero que no sabe usar en principio ni para cortar jamón…-, y esto mueve a menudo al público a la carcajada. Debo confesar que entre los muchos Macbeth que he visto nunca me había encontrado con uno tan decididamente cómico –de comedia negra, entiéndase- y creo que el traje no le queda del todo mal, una vez que asumimos el tono en el que nos estamos moviendo.

Otra cosa es que muchas de las ideas de este montaje ya se hayan visto en otros Macbeths más o menos recientes. No es tampoco un reproche –porque es una obra que se está montando constantemente-, pero sí es un hecho que habría que señalar. Veamos algunas coincidencias: la acción transcurre en una habitación central cerrada y multiusos –escenografía de Beatriz San Juan apoyada en soberbia iluminación de Valentín Álvarez, que recuerda hasta cierto punto a la idea (solo a la idea, esta estética es más atractiva) de Dmitry Tcherniakov para su versión del Macbeth verdiano, que por cierto se ha visto en Madrid-, las predicciones de las Brujas las dice una actriz externa a las brujas mediante micrófono –parecido a lo que sucedía en las versiones de Calixto Bieito o Alex Rigola- y es el fantasma de la Lady el que arrastra a Macbeth hacia su caída definitiva –una buena idea, sin duda, pero ya la he visto en MacbethLadyMacbeth, aquella versión de Carles Alfaro que por cierto ya incluía  el nombre del matrimonio en su título-.

Pero de este curioso pastiche, lo que más interesa es el enfoque tragicómico que se le ha dado al todo –que insisto, funciona mejor de lo esperado si se entra en su juego- y el ritmo implacable con el que se ha dirigido el espectáculo: la acción nunca se detiene, y constantemente ocurren cosas, con ese seño excesivo que es tan personal en Andrés Lima. Puede que no sea el más logrado de sus trabajos, pero sí es desde luego una propuesta con sus puntos de interés –y desde luego es una propuesta más interesante que otros acercamientos suyos a Shakespeare, como pueden ser Falstaff o Tito Andrónico-. Ahora bien, los más puristas harán bien en abstenerse –más de uno y de dos abandonaron la sala hacia la mitad del espectáculo-. Lo que sí es cierto es que este acercamiento al clásico ni aburrirá ni dejará indiferente a nadie.

El elenco es sinceramente excepcional, y se nota que todos se dejan la piel en defender tan personal propuesta. Javier Gutiérrez reviste de socarronería a ese Secretario que acaba siendo Presidente de la Xunta, y ese tinte de falsa bonachonería acaba haciendo más dura su caída: el suyo es un Macbeth tremendamente humano, un tipo que no sabe bien cómo ha llegado hasta ahí y que un día descubre que es capaz de matar… y se hace adicto, como quien se hace adicto al juego, al alcohol o a las drogas. Su construcción del personaje es impecable, y hace, como digo, que lleguemos a justificar sus acciones y a compadecernos de su caída. Junto a él, esa enorme actriz que es Carmen Machi vuelve a demostrar su dominio de la escena, y propone una Lady tan distinta a otras como interesante: una ama de casa  venida a más, cansada y amargada -y quizá por ello también cargada de fuerza dramática- cegada por el poder que recibe, alguien a quien la ropa no es capaz de hacer olvidar sus orígenes seguramente humildes. Impresiona la resolución con la que hace crecer a su personaje con una presencia implacable que alcanza límites de primera actriz en la escena del sonambulismo, en la que es imposible apartar la mirada de ella.

Cuatro actores se encargan de todos los demás personajes –sean coprotagonistas, simbólicos o episódicos-, y en este elenco de secundarios destacan con bastante distancia los hombres –son Chema Adeva, Jesús Barranco y Rulo Pardo, camaleónicos y excepcionales en sus múltiples caracterizaciones, no exentas de un histrionismo en el que se mueven siempre como peces en el agua- sobre las mujeres; no porque ellas estén peor, sino sencillamente porque que reciben personajes a los que la versión de Cavestany otorga menos oportunidad de lucimiento: Rebeca Montero se encarga, entre otras, de la hija de heredera de Duarte/Duncan y la criada de los Mácbez, y parece que la actriz está por encima de los personajes; mientras que a Laura Galán le ha tocado en suerte la desagradecida parte de Narradora-Contextualizadora espacial –creo que esta función sobra-, Cantante, Hija menor de Duarte o Esposa de Político: papeles, como digo, de menos lucimiento, que ella se esfuerza sin embargo en defender.

La sensación que queda al final es la de haber visto una gran travesura consciente; muy bien interpretada, bien dirigida, con algunos puntos de interés y otros más discutibles; pero con esa capacidad de ser bastante fiel al original y de no dejar indiferente a nadie. Evidentemente una versión que funciona muy bien en Galicia –porque conocemos los simbolismos, refranes y analogías de los que se nos está hablando-; pero que tengo mis dudas de que se pueda captar fuera de ella en toda su esencia… Ustedes, por si acaso, vayan revisando el refranero galaico antes de ver la función. Solo el tiempo nos dirá que ocurre con este personalísimo –y no poco arriesgado- acercamiento a Shakespeare por España adelante.

H. A.

Nota: 3.75 / 5

 

“Los Mácbez”, versión libre de Juan Cavestany sobre Macbeth, de William Shakespeare. Con: Javier Gutiérrez, Carmen Machi, Chema Adeva, Rulo Pardo, Jesús Barranco, Rebeca Montero y Laura Galán. Dirección: Andrés Lima. LOS MÁCBEZ UTE / CENTRO DRAMÁTICO NACIONAL

Teatro Colón (A Coruña), 29 de Marzo de 2014

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