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‘As do Peixe’, u homenaje a un gremio

abril 3, 2014

Espectáculo en lengua gallega

Que Cándido Pazó es uno de los dramaturgos gallegos más destacables del momento es algo que está fuera de toda duda. Que me maravilló –a mí y a tantos otros- hace algunos años con aquella obra maestra que era A Piragua –sin duda uno de los mejores textos originales en gallego que haya podido ver en años- también. Que su nueva obra, As do Peixe está causando sensación allá donde va -tiene al público rendido, y acaba de ganar tres importantes premios María Casares-, es otro hecho probado… Tanto como que es un buen trabajo: personalísimo, audaz en las formas, bien dirigido, bien interpretado, entretenido de ver… Y, sin embargo, qué quieren que les diga, por algo que se me escapa -puede que esperase algo que me sorprendiese y conmoviese tanto como lo hizo A Piragua en su día, pero es que el listón estaba alto- no terminé de entrar de lleno en la función y no puedo evitar sentirme un poco frío ante el resultado final.

Metateatro… Cuatro mujeres de diferentes edades que han trabajado durante toda la vida en la industria conservera: un oficio muy intrincado desde siempre a la tradición gallega, que ha cambiado notablemente en los últimos tiempos; pero que sin embargo sigue estando ahí contra viento y marea. En un juego metateatral, las cuatro mujeres buscan dar forma a sus recuerdos para rematar la pieza teatral que prepara el autor sobre el mundo de las mujeres de la conserva. Así, mediante un trabajo de documentación y entrevistas, nació originalmente este proyecto; y Pazó ha querido mantener esta estructura para crear su pieza. Así, las mujeres rememoran sus experiencias reales tratando de darles un carácter teatral que pueda llegar a funcionar sobre un escenario: anécdotas del trabajo, frustraciones en lo personal, triunfos, derrotas, sueños rotos, culpabilidad. El resultado permite mirar a través de una rendija las vidas de mujeres anónimas, que enseñan todo un retrato de una profesión, y nos permiten asomarnos a la intimidad, a lo pequeño, a la vida de personas anónimas que tienen, después de todo una vida detrás. Entre todas estas pequeñas historias hay lugar para la comedia, el drama, la camaradería… y para tener la sensación de que no estamos viendo a algunas de las mejores actrices de la Comunidad Autónoma –este elenco las tiene- sino a mujeres anónimas verdaderamente.

Es audaz la estructura dramática, que superpone conversaciones, corta planos, deja lugar a lo poético y demuestra en Pazó al dramaturgo inteligente de siempre. Hay en este texto –salvando las distancias y las diferencias temáticas- ecos claros, por ejemplo, del estilo dramático de Claudio Tolcachir y Daniel Veronese, y esta audacia a la hora de plantear la ordenación del texto es la mejor baza del espectáculo: porque casi llegamos a perder la consciencia de que estamos ante una pieza dramática; más bien parece que estamos viendo a esas mujeres anónimas, que las estamos observando en toda su intimidad. Y esta es la mayor virtud del espectáculo. Pero, sin embargo, no puedo evitar pensar que estuve durante todo el espectáculo esperando algún tipo de sorpresa final, algo que añadiese un plus a lo que me están contando: saber no solo dónde estoy, sino también a dónde voy. Esperaba un desenlace que girase hacia lo poético, que le diese un sentido al todo… y ese desenlace nunca llega, porque Pazó en esta ocasión solo ha querido hacer una suerte de docuteatro: mostrar una realidad y dar voz a unos personajes; pero no tanto contar una historia concreta. Evidentemente es un camino válido y lícito, pero no puedo evitar sentirme un punto defraudado por esa falta de línea argumental que pensé que en algún momento se resolvería: incluso llegué a plantearme posibles lecturas, y a imaginar distintos giros sorpresa que, sin embargo, jamás llegaron… Lástima, pero esperaba mucho más de la escritura de Pazó –incluso más después de la repercusión mediática que está teniendo este espectáculo-. En cualquier caso, creo que yo no conseguí entrar en el espectáculo como sería deseable.

Soberbia, sin embargo, la puesta en escena, tanto en la dirección de Cristina Domínguez –que ha sabido mantener controlado ese caos premeditado con que están contadas las situaciones, y hacer que las actrices se manejen como peces en el agua en un registro actoral dificilísimo –el de la cotidianeidad más absoluta-, y el espectador pueda seguir el contenido sin problema a pesar del aparente caos organizativo. No es nada fácil dirigir un espectáculo como este, y ella lo hace brillantemente.

Soberbios también los trabajos de las actrices, que hacen suyos los acentos de la Galicia interior, y consiguen –como ya he dicho más arriba- que olvidemos que estamos ante actrices, para que pensemos que esas cuatro mujeres son mujeres dejadas ahí para ser espiadas por nosotros. Que la que alcance más lucimiento sea Susana Dans –en otro trabajo estupendo suyo, de esos a los que nos tiene acostumbrados- es solamente porque su papel puede resultar más agradecido que el resto; hay que señalar también el crecimiento como actriz que queda patente en Rocío González –que ha mejorado muchísimo respecto a otras obras en las que la he visto-; la frescura y espontaneidad con la que sirve su papel Mónica Caamaño, y la carga dramática de Casilda Alfaro –una actriz de las que habría que ver más a menudo sobre los escenarios-. Las cuatro tienen además muy bien medidos los especiales códigos sobre los que trabaja esta función.

Grandísimo éxito de público, con la sala mucho más llena que de costumbre cuando se programa teatro gallego en Coruña; y aplausos sinceros y generosos. A mí, sin embargo, me parece una propuesta honesta, muy bien llevada a escena; pero, por algo que se me escapa –igual el boca a boca o la repercusión mediática…-, no me llegó a emocionar como debería.

H. A.

Nota: 3.35/5

 

“As do Peixe”, de Cándido Pazó. Con: Susana Dans, Casilda Alfaro, Rocío González y Mónica Caamaño. Dirección: Cristina Domínguez. ABRAPALABRA CREACIÓNS ESCÉNICAS.

Teatro Rosalía Castro (A Coruña), 28 de Marzo de 2014

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2 comentarios leave one →
  1. abril 3, 2014 20:24

    Concordo con que a piragua foi unha obra maestra. Concordo que ese espontáneo caos é resolto maxistralmente sen mais arte que o texto, a crecente evolución da consciencia da realidade, sen minorar o humor, e a calidade desa orquestra feminina. E sentín igoalmente esa sensación de falla de sorpresa final, que levaba a piragua, que minorou a valoración total da obra. Pero, co tempo, coñecendo ao autor, vendo a arquitectura das suas propias composicións monologadas e o seu compromiso coa honestidade, recoñezo que a obra é máis redonda que a miña avaliación inicial, e que engancha tan ben co pùblico porque eles sinten e valoran mellor a súa realidade que os cómodos fachendosos que utilizamos o teatro para evadirnos ou non querer ve_la realidade deste país. Chapeau, outra vez, polo autor e os seus cada vez máis difíciles e arriscadas e exitosas propostas.

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