Skip to content

‘La Casa de Bernarda Alba’, o plasticidad y estética antes que emoción

marzo 29, 2014

Es un gran triunfo para ellos que una compañía como Tribueñe –que lleva diez años desarrollando una interesante labor en su pequeño local del off madrileño- haya podido presentar uno de sus espectáculos en la sala grande del Teatro Español. Bajo cualquier punto de vista. No hay que restarle méritos a esta compañía, que ya ha dado algunos pelotazos como Por los Ojos de Raquel Meller o Donde Mira el Ruiseñor Cuando Cruje Una Rama. Espectáculos con un sello personalísimo, que en su particular espacio –la Sala Tribueñe- les han funcionado bien, y que a la larga se han terminado adaptando –con mayor o menor fortuna- a otros espacios. Cuentan que el traslado de Por los Ojos de Raquel Meller –sin duda el gran clásico de esta compañía- de la Sala Tribueñe al Teatro Reina Victoria fue bastante problemático, y que parte de la magia del original se perdía –no llegué a verlo en esta nueva ubicación, así que no puedo opinar al respecto-. Puede que algo de esto haya en el traslado de esta versión de La Casa de Bernarda Alba a un espacio grande –mucho más grande que el Reina Victoria- como es la Sala Principal del Teatro Español.

Liarse la manta a la cabeza para montar un texto tan universal, tan representado y tan conocido como es La Casa de Bernarda Alba es siempre arriesgado. Minimalista hasta el extremo en términos escenográficos, la versión de Tribueñe del archiconocido texto de García Lorca tiene en la búsqueda de la estética y la plasticidad su mayor baza. La extensa versión –algo menos de dos horas y media con pausa- incorpora música, coreografías, danzas y figuras simbólicas. Un recurso interesante en principio, que incluye algunos momentos de irresistible fuerza visual y dramática –las escenas con todas las hermanas, las escenas en torno al vestido verde-; pero que acaba resultando excesivo y repetitivo… y hasta un punto pretencioso por exceso de metraje y porque algunas cosas –el simbolismo del toreo- directamente no vienen muy a cuento. La idea es buena, pero la función se acaba haciendo muy larga –y, en este sentido, el intermedio sobra a todas luces, porque rompe la unidad dramática…-.

En la dirección de Irina Kouberkaya y Hugo Pérez de la Pica se nota que hay ideas, se nota que saben jugar con los espacios, se nota que hay sentido de la estética –no tanto del ritmo, porque a veces estos añadidos no hacen si no ralentizar la narración-; pero sin embargo hay algo que no termina de arrebatar, quizá porque hay tantos añadidos que al cabo de una hora ya sabemos por dónde van a salir. Además, el suicidio de Adela no termina de estar bien resuelto, y la escena final acaba resultando un punto confusa… Por otro lado, en esta personalísima versión, han querido darle a algunos pasajes ciertos toques irónicos y hasta bufonescos, que podrán provocar la sonrisa del respetable; pero probablemente estén lejos de la intención del original: los personajes de Angustias y Martirio, por ejemplo, están inexplicablemente enfocados rozando la caricatura, lo que les resta fuerza… También la iluminación es francamente mejorable: una cosa es querer crear ambientes oscuros, y otra sumir –inconscientemente, espero- el escenario en excesiva tiniebl, como sucede aquí alguna que otra vez.

Acostumbrados como estamos a ver esta obra con primerísimas actrices, podría resultar arriesgado contar con una compañía estable, que no presenta cabezas de cartel. Dentro del buen nivel medio, hay que destacar como la mejor del reparto a la Poncia de Chelo Vivares –la más auténticamente lorquiana del elenco-; y la eficacia con que la actriz que interpreta a María Josefa –el programa de mano no especifica si se trata de Irina Kouberskaya o de Pastora Prada– se agarra a la belleza de su monólogo que cierra la primera parte, en uno de los mejores momentos del montaje; porque plasticidad e intensidad dramática se dan la mano en perfecta comunión por un instante –ojalá toda la propuesta se hubiese en esta línea-. Aunque estén bien por carácter y presencia, tanto en la Bernarda de Carmen R. de la Pica como en la Adela –tampoco se aclara en este caso si es Badia Albayati o Natalia de Azcárate– hay problemas serios de dicción que lastran sobremanera el resultado final. Correctas dentro de un nivel medio el resto de las intérpretes –son Alejandra Navarro, Matilde Juárez, Rocío Osuna, Irene Polo, María Luisa García Budí y Enriqueta Sancho-.

En resumidas cuentas, viendo esta versión se queda uno con la sensación de que la plasticidad y la estética -ambas muy trabajadas, y eso es lo que les salva…- están en esta propuesta colocadas por encima de la emoción –porque uno nunca llega a emocionarse con la tragedia lorquiana-. No se puede negar lo trabajado de la puesta en escena, pero no termina de ser redonda; y ante todo falta emoción en el resultado. No tengo duda de que esta propuesta seguramente funcionará mejor en las distancias cortas de la sala para la que fue originalmente creada que en un escenario grande; pero es algo con lo que hay que contar a la hora de realizar la adaptación espacial.

H. A.

Nota: 2.5/5

 

“La Casa de Bernarda Alba”, de Federico García Lorca. Con: Carmen R. de la Pica, Chelo Vivares, Badia Albayati, Natalia de Azcárate, Alejandra Navarro, Matilde Juárez, Rocío Osuna, Irene Polo, Irina Kouberskaya, Pastora Prada, María Luisa García Budí y Enriqueta Sancho. Dirección: Hugo Pérez de la Pica e Irina Kouberskaya. TEATRO TRIBUEÑE.

Teatro Español, 22 de Marzo de 2014

Anuncios
No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: