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‘La Punta del Iceberg’, o ejecutivos al borde de un ataque de nervios

marzo 27, 2014

Un nuevo dramaturgo canario: Antonio Tabares. Un autor al que en el programa de mano aseguran varias veces que en España no conoce ni el apuntador… Y en esto va servidor y sabe de quién se trata. Reconozco que asistí a ver esta función de La Punta del Iceberg, del canario Antonio Tabares, con las expectativas en todo lo alto; después de que me conmoviese profundamente otro texto suyo –Una Hora en la Vida de Stefan Zweig, del que hablé en su momento en el blog que había montado una compañía gallega hace algunos años. Ya sabemos que estas expectativas son peligrosas, y que a veces pueden jugarnos una mala pasada. Así fue en este caso, porque creo que sin que sea un mal texto, esta Punta del Iceberg queda a gran distancia de aquella otra función bajo cualquier punto de vista.

La premisa es interesante: Sofía Cuevas debe elaborar un informe sobre el funcionamiento anómalo de una gran empresa en la que se han suicidado tres trabajadores en apenas cinco meses. Sobre esta trama, la función se construye en base a una serie de entrevistas con algunos trabajadores de esta empresa que ayudarán a evaluar la situación en la que se trabaja. ¿Son suicidios casuales? ¿Están los trabajadores sometidos a demasiada presión? ¿Es esa presión la que hace que acaben quitándose la vida? ¿Cómo se puede solucionar la situación? Cuevas tendrá que tomar una serie de decisiones a la vez que se reencuentra con personas de su pasado, puesto que hace tiempo ella también formó parte de esa empresa; en la que por cierto sigue trabajando su exmarido, que resultará uno de los entrevistados…

Lo que a primera vista podría parecer un thriller de búsqueda del asesino acaba quedándose ahí, porque Tabares parece querer mostrarnos un puzzle de relaciones laborales semejante hasta cierto punto a lo que Jordi Galcerán nos ofrecía hace un tiempo con El Método Grönholm, por poner un ejemplo. Pero Antonio Tabares en esta ocasión no consigue huir de los tópicos, los estereotipos, y las casualidades forzadas que ayudan a ir construyendo la trama. Pese a lo reconocible de algunos personajes –de largo el mejor es el ejecutivo agresivo estresado, que deja dos escenas para el recuerdo- las situaciones no enganchan, no crean intriga, y pronto se acaba cayendo en el tedio e incluso en la sensación de que algunas situaciones resultan metidas con calzador para conseguir el objetivo, incluyendo una duración que acaba pareciendo ciertamente excesiva para lo que se nos tiene que contar…. Y enseguida vemos que la supuesta resolución del caso probablemente se quede en poco o nada, porque esto no es una función de intriga. No nos engañemos: hay alguna carcajada; pero tanto la trama como el autor podrían haber dado mucho más de sí, o al menos esa sensación queda a primera vista.

Es muy desigual el reparto. La Sofía Cuevas de Nieve de Medina debe permanecer en escena toda la representación aparece algo encorsetada en su papel de entrevistadora; y es una pena porque la hemos visto en mejores trabajos: a este, no termina de encontrarle el punto. Montse Díez acaba resultando tan descafeinada como su personaje –con más traumas adquiridos que un personaje de telenovela…-, y tres cuartas partes de lo mismo le ocurre a Eleazar Ortiz –el jefazo cabrón y explotador: otro personaje lleno de tópicos-: probablemente no sea tanto un problema de los intérpretes –ambos de probada solvencia- como de unos personajes que no dan más de sí.

Se lleva la palma en el mejor personaje –el más creíble, el más interesante y el más reconocible- Luis Moreno, que clava a ese don Perfecto, agresivo y estresado por su propio trabajo que cree que sin él la empresa se iría a pique: todos hemos tenido a alguien así en nuestro trabajo; y Moreno calcula perfectamente la caricatura, provocando de inmediato la hilaridad. Pau Durá demuestra que es un actor de categoría, aún cuando su personaje sea una constante contradicción en sí mismo. Y Chema de Miguel resuelve con habilidad el papel del camarero que acaba destapando la caja de los truenos, porque es el único que sabe todo lo que se cuece.

Estática en exceso la dirección escénica de Sergi Belbel, que aunque ha demostrado ser un hombre de ideas en otros montajes suyos; aquí, en líneas generales parece no haber sabido muy bien qué hacer con este texto de conversaciones; en una escenografía mínima –mesas y sillas- de Max Glaenzel: la versión solo alcanza cierto pulso visual en la escena de la azotea –esta sí, muy bien resuelta-, cuando el texto encuentra también mayor voltaje poético.

No nos engañemos: con todo lo irregular que pueda resultar, la cosa tiene sus momentos y hay algún trabajo actoral de categoría; pero el conjunto no consigue escapar del tópico en una temática sobre la que ya habíamos visto otras propuestas teatrales mejores anteriormente. Y puede ser, insisto, que la expectativa previa perjudique; pero no puedo evitar reconocer que esperaba mucho más de esta propuesta, aún sin que el conjunto sea malo del todo.

H. A.

Nota: 3/5

 

“La Punta del Iceberg”, de Antonio Tabares. Con: Nieve de Medina, Pau Durá, Luis Moreno, Montse Díez, Eleazar Ortiz y Chema de Miguel. Dirección: Sergi Belbel.

Teatro de la Abadía, 19 de Marzo de 2014

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