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‘El Chico de la Última Fila’, o exagerar la realidad

marzo 19, 2014

El Chico de la Última Fila, de Juan Mayorga, es una de las razones por las que me aficioné al teatro. Fue tal el impacto que me produjo ver la producción de su estreno hace casi diez años (montaje de Ur Teatro, bajo la dirección de Helena Pimenta), que desde entonces empecé a ver el teatro desde otro prisma, y empecé a convertirme en el ratón de teatro que soy hoy. Por aquel entonces, me fascinó la espontaneidad con la que fluía esa historia morbosa en la que alumno y maestro empiezan a hurgar sin piedad alguna en la intimidad de una familia hipster con el fin único de escribir una novela… No pude evitar dejarme arrastrar con Claudio y Germán en aquel viaje sin retorno: necesitaba saber más, necesitaba que siguiesen pasando cosas; y me fascinó la perfecta estructura del texto. En aquella versión de Ur -de estética extraordinaria y magistralmente interpretada por un elenco que encabezaba Ramón Barea-, las fronteras que separaban la comedia del thriller eran difusas, la bola se iba haciendo más y más grande; y ese componente morboso era precisamente lo que hacía la propuesta fascinante.

Ahora, años después y en pleno auge de la película Dans la Maison, de François Ozon, la compañía La Fila de Al Lado ha decidido recuperar este texto –que ahora, gracias al milagro del cine, forma ya parte de la memoria colectiva de casi todos- en una versión potencialmente diferente no solo de aquella de Ur; sino también de la imagen cinematográfica de la versión de Ozon –que seguía el texto de Mayorga con tanta fidelidad, salvo en esa discutible revisión del desenlace…-.

Víctor Velasco dirige un montaje que sitúa todos los emplazamientos de la acción en un espacio formado por pupitres de aula en los que todos los personajes conviven. Es una solución de fuerte teatralidad, sí; pero ni el elenco ni las caracterizaciones de los personajes terminan de responder con la fuerza de versiones anteriores. La versión en sí funciona bien, hasta que se opta por exagerar las personalidades de la familia de Rafa Artola –esos hipster invadidos en su intimidad-, hasta el punto de hacerles caer en lo caricaturesco y en lo grotesco. Esta solución –que no estaba ni en el montaje de Ur ni en la película de Ozon- podrá provocar la hilaridad a primera vista; pero resta fuerza al conflicto, y hace que esa familia pierda de alguna manera su dignidad: Mayorga parece mostrar en su propio texto -desde su escritura y también desde el punto de vista del personaje de Germán, que actúa como “narrador/demiurgo”- que los Artola no son más que víctimas de la mirada indiscreta de Claudio y Germán; pero que tienen después de todo una dignidad que este enfoque –más centrado hacia la comedia- parece quitarles al menos parcialmente. Es una pena, porque la distribución de acciones y espacios –y cómo algunos personajes externos a la escena reciben (in)directamente ciertas réplicas- es muy audaz; pero el resultado parece enfocar –no muy acertadamente- el género más hacia la dramedia que hacia el thriller que en mi opinión es esta obra.

A pesar de llevar varios meses haciendo la función, muchos de los actores no parecían sentirse muy seguros con el texto en la representación a la que hace referencia esta reseña –última función por el momento en Madrid-: la práctica totalidad de ellos se trabaron en algún momento con un texto que no parecían tener muy seguro. Los mejores, los más completos fueron el Rafa Hijo de Sergi Marzá y el Rafa Padre de Rodrigo Sáenz de Heredia –además de ser los únicos con el texto completamente seguro, son los más naturales en los enfoques de sus personajes. Tanto Olaia Pazos –una Juana bastante pasada de vueltas- como Natalia Braceli –esa Ester que lleva la caricatura al extremo- pagan de alguna manera el pato de las caracterizaciones que les han marcado a sus personajes. A Miguel Lago Casal sencillamente le falta la entidad para ser Germán: esa fascinación morbosa que debería poder ejercer en Claudio y en cualquier alumno que se embargue con él en una aventura como la de esta historia… –también creo que es demasiado joven para el papel- y en Óscar Nieto San José –bastante inseguro con el texto: se ha incorporado recientemente sustituyendo a otro actor…- no vemos el toque mefistofélico que todo buen Claudio debería tener: nos falta ver cómo se viene arriba, cómo se regodea conforme va haciendo más inestable la vida de sus invadidos; porque Claudio no puede ser un personaje positivo bajo ningún concepto…

A fin de cuentas, a la presente versión le faltan pulso dramático, un elenco más cohesionado y una mayor decisión a la hora de apostar por el género del thriller; a pesar del buen dominio espacial que muestra la dirección y de algunas ideas audaces. Y es una pena, porque el texto –en mi opinión brillantísimo, de lo mejor de toda la producción de Juan Mayorga- no consigue brillar aquí en todo su esplendor.

H.A.

Nota: 2/5

 

“El Chico de la Última Fila”, de Juan Mayorga. Con: Óscar Nieto San José, Miguel Lago Casal, Sergi Marzá, Olaia Pazos, Natalia Braceli y Rodrigo Sáenz de Heredia. Dirección: Víctor Velasco. LA FILA DE AL LADO.

Teatro Galileo, 9 de Marzo de 2014

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