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‘Confesiones a Alá’, o sola ante el peligro

febrero 26, 2014

Cualquier aficionado al teatro sabe que Confesiones a Alá está siendo una de las grandes sensaciones del off madrileño en la presente temporada. A punto de terminar su segunda etapa en el pequeño Teatro del Arte, público y crítica han caído rendidos ante esta función, pero sobre todo ante el trabajo de la actriz que se encarga de llenar de emociones las dos horas y diez minutos que dura el espectáculo, ofrecido a un palmo del público: María Hervás, el gran hallazgo y la gran razón de ser de este espectáculo.

Este monólogo narrativo repasa la vida de Jbara, una pastora de cabras de las montañas de Marruecos, entre los 16 y los 24 años. Y el texto de Saphia Azzedine –originalmente una novela- es, en este sentido, implacable. Porque nos presenta a un personaje lleno de positividad, lleno de buen humor e incluso se permite ironizar con su ingenuidad… Un personaje adorable como un osito Paddington, de esos que dan ganas de llevarse a casa. Pero como ya se imaginan, a la chica empiezan a caerle golpes por todas partes, hasta límites que colocan al público en lo incómodo. Solo el arranque ya es devastador: la jovencita se queda embarazada, con lo que su familia la repudia y tiene que ir a buscarse la vida sola, con su bombo, sin saber ni leer ni escribir, con una mano delante y otra detrás… y, claro, se masca la tragedia, y las catástrofes se van sucediendo… Esta primera experiencia, sin embargo, hará que Jbara se vea obligada a madurar, a reinventarse, a reconvertirse y a buscar el único hueco en el que aún puede llegar a ser alguien y ganarse la vida. Tampoco se trata de contar mucho, pero resumiendo podemos decir que la vida de Jbara es un penar constante, aunque la chica nunca pierda la sonrisa ni se corte para decir las cosas. Y así, más sola que la una y con las hostias lloviéndole por doquier, Jbara llega a la conclusión de que la única persona a la que puede dirigirse es su querido Alá.

Como digo, el texto en sí mismo es de una dureza no apta para cualquier estómago; porque no esconde absolutamente nada del primer al último minuto, y es una bofetada constante a la moral de los espectadores. A los pocos segundos de empezar, ya te sueltan la primera en la frente: “Nosotros los pobres follamos como conejos, porque follar es gratis”. Y, después de este, los golpes van cayendo en fila india, pero sin que Jbara pierda nunca la sonrisa, que es como más duele… Según el ambiente se va calentando, Jbara no duda además en dirigirse directamente al público para increparle o pedir apoyo, mientras reivindica su dignidad como ser humano a pesar de la que se le va viniendo encima. Esta es otra de las grandes bazas del espectáculo: si ya es impactante tenerla a centímetros de distancia, aún lo es más que te obligue a implicarte y participar; porque la actriz es capaz incluso de trabajar sobre la marcha con las reacciones del respetable…. Además, a pesar de la dureza extrema del contenido, el texto tiene el acierto de no dejarse llevar jamás por la senda del lloriqueo fácil: nuestra protagonista acepta estoicamente lo que le viene, sin perder la sonrisa ni la dignidad; y justificando algunos actos con los que su moral podría no estar muy de acuerdo. El monólogo final, por ejemplo, alcanza instantes de una tensión dramática que roza lo insoportable… Creo que es una manera mucho más impactante de mostrar el horror en toda su crudeza, y causa mucho más impacto en el público: durante la función no se escucha una mosca, hay un par de deserciones –fulminadas con la mirada por la Hervás, por cierto…-, y la cosa acaba en lo que en inglés llamaríamos una all-standing-ovation. Ah, casi olvido otra virtud: es un texto sobre una mujer, pero no es para nada un texto plagado de feminismos rancios de esos que tanto le gustan a algunas autoras…. Se agradece, mucho.

Pero vamos ya a la actriz, a la razón de ser de esta propuesta. Es difícil encontrar una actriz joven con el talento suficiente como para enfrentarse a una función tan larga, sola ante el peligro, y a pocos centímetros del público; y salir viva. No tenía ninguna referencia de María Hervás, pero no exagero ni un ápice si digo que da una de las interpretaciones más impactantes de la temporada, no solo en el off, sino en cualquier espacio: nadie diría que la actriz madrileña no es marroquí –no permite ni una concesión a un acento que tiene cosido a la piel como si ya fuese suyo-. Porque la Hervás no actúa, no interpreta: lo vive, es Jbara, en una encarnación llena de humanidad; consiguiendo que le den a uno ganas de llevarse al personaje –porque nunca vemos a la actriz- a su casa. Segurísima de sí misma, es capaz de jugar a placer con las emociones del espectador, nos maneja y nos golpea. Es una de esas actrices que irradian luz por los cuatro costados, capaz de pasar de ingenua adorable a loba peligrosa en cuestión de segundos: te hace reír, te hace estremecer, canta, baila… y da la impresión de no acabar la función especialmente exhausta. Un tour de force de los que hacen época, en el que tanto la Hervás como Jbara está(n) sola(s) ante el peligro. Probablemente no se haga famosa por este trabajo –ya sabemos lo ingrato que es el mundo del teatro-, pero creo que ha encontrado el que podría ser uno de los personajes de su carrera; y, desde luego, se va a ganar el respeto como intérprete de todo aquel que la vea. Por supuesto, ya tiene el mío.

Por espacio y por que es una obra de texto, la propuesta escénica de Arturo Turón es absolutamente esencial, obligando al espectador a crear con su imaginación. Puede que sobren las proyecciones; y, sobre todo, me sobran las grabaciones de texto que se usan para unir escenas mientras Jbara  cambia de vestimenta: el espectáculo ya es largo de por sí y no creo que estos pasajes aporten gran cosa… También hay que decir que –por contenido- la primera media hora es menos intensa que la siguiente hora y media -más aún dada la larga duración del espectáculo…-. Quizás habría que aplicar la tijera de algún modo…; pero no dejan de ser más que sugerencias para redondear lo que es ya de por sí un gran espectáculo.

Creo de corazón que este texto necesario y, sobre todo el trabajo de María Hervás no pueden quedarse ahí, sin más: hay que darle mayor difusión, darle la visibilidad que merece. Algún teatro de mayor calado debería apuntarse un tanto y programar este espectáculo en Madrid por una larga temporada. Lo merece. De momento, aún pueden ir a verla el próximo sábado.

H. A.

 

Nota: 4.25 / 5

 

“Confesiones a Alá”, de Saphia Azzeddine. Con: María Hervás. Adaptación y dirección: Arturo Turón. NADA EN LA NEVERA.

Teatro del Arte, 22 de Febrero de 2014.

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