Skip to content

‘Autostop’, o autopista hacia la identidad

febrero 15, 2014

Un nuevo espectáculo de The Zombie Company es siempre sinónimo, como mínimo, de controversia, de riesgo, de polémica, de algo que va a dar que hablar, para bien o para mal. La liaron parda hace un tiempo con Peceras; y ahora regresan al Teatro Lara –esta vez a la sala grande- con Autostop, un texto de Carlos Be sobre un relato de Milan Kundera, con el que, en mi opinión, no terminan de acertar. Primera curiosidad: en el escuetísimo programa de mano, no figura el dato de que la obra se basa en un relato… Se les olvidaría.

Dana y Jupe, dos jovencitos con unos niveles de mojigatería preocupante se van de viaje de fin de semana, en el coche que les ha prestado la madre de ella, y que es una auténtica carraca. Son tan divinos y tan tontitos que quitan el sentido. Ella es una neopija rica, y él un jovencito indefenso con pinta de estar un poco hasta las narices de la relación… Y, para colmo, la suegra, que no deja de llamar a su niña al móvil para asegurarse de que el fantástico coche que les ha dejado funciona bien, y que ellos están bien. Parece una comedieta fácil, pero ya nos olemos que en cualquier momento las cosas se van a poner feas, y la cosa probablemente acabe como el Rosario de la aurora… Y en esto van y paran… Ella va a comprar algo, y regresa convertida en una auténtica femme fatale, un auténtico putón de carretera. Empiezan así una serie de juegos de identidad donde la pareja da rienda suelta a sus más oscuros deseos: él como macho alfa dominante; ella como devora hombres… Toda una serie de juegos que comienzan como una mera excusa para reavivar la pasión de la pareja –si es que alguna vez tuvieron pasión-, pero que van subiendo peligrosamente de temperatura hasta poner en juego no solo la continuidad de la relación, sino también la propia dignidad de los dos como individuos. Porque claro, a lo tonto, el jueguecito se les va de las manos hasta límites que en principio ni ellos ni nosotros podríamos imaginar.

Tengo que reconocer que la premisa y el planteamiento me parecen muy interesantes. La idea –aunque resuenen ecos de tantos clásicos de temática más o menos semejante: podríamos pensar en El Amante de Pinter, o hasta en Eyes Wide Shut de Kubrick- está bien armada, y podría dar muchísimo juego. Incluso podría crearse una historia impregnada de un morbo importante. De partida sabemos lo básico de los personajes, es como si no se comunicasen correctamente entre ellos, como si olvidasen decirse lo importante. Todo tiene el sello de Harold Pinter… Hay silencios, hay datos que nos faltan… Todo es muy interesante; pero, sin embargo, algo falla, y me quedo con la sensación de que lo que podría haber sido un bombazo se queda en un intento en el que han puesto el morbo por encima de cualquier cosa. Y yo soy de los que defiende que, en teatro, cualquier cosa que la mente pueda dibujar siempre queda por encima de lo que se nos muestre…

A pesar de lo bueno del planteamiento, me parece que los personajes adolecen de una falta de profundidad psicológica que lastra el resultado final. Me explico: conocemos sus miedos, conocemos qué es aquello de lo que quieren huir, lo que les gustaría ser y lo que les gustaría ser y no pueden ser; pero me quedo con las ganas de conocer un poco de su background. Por qué son como son, qué lastres arrastran del pasado o del presente… Algún dato más que ayude a entender por qué sienten esa necesidad de romper con todo y llevar el juego hasta sus últimas consecuencias. ¿Quiénes son realmente estos dos personajes? ¿De dónde vienen? ¿A dónde van?… Creo que la función se presta a que nos lo cuenten. Y hablando de últimas consecuencias, tampoco el desenlace –ambiguo, abierto, y quizás incluso con un punto de amarga esperanza…- parece muy convincente: hay un concepto con el que la historia juega constantemente, el de viaje sin retorno; sin embargo, este desenlace no es ni de lejos el que esa insistencia en el viaje sin retorno podría hacernos suponer. Creo que hubiera resultado más efectivo un final más cerrado, más absolutamente llevado a las últimas consecuencias: el contenido de la última escena –salvaje- se presta perfectamente a ello. Puesto que se trabaja sobre un relato previamente concebido, uno no sabe bien si culpar de esta cierta falta de profundidad psicológica a Carlos Be –autor de la versión-, o al texto original de Milan Kudera… pero lo cierto es que la he echado en falta, porque esta debería ser ante todo una historia de personajes.

Hay que aplaudir, pese a todo, la entrega de Mentxu Romero y Juan Caballero, que se enfrentan a una función muy exigente a nivel físico y psicológico: hay una escena de sexo duro bastante explícita –ojo: que sea explícita no implica que sea especialmente creíble, porque todo acaba quedando demasiado coreografiado, a pesar de que no se oculte prácticamente nada. He visto resolver coitos mucho más creíbles pero mucho menos explícitos (véase la extraordinaria producción de Martin Kusej de la ópera Lady Macbeth de Minsk, por poner un ejemplo claro de a qué me refiero con esto)-. Interpretativamente ambos se mueven en un buen nivel medio; pero un punto más de química como pareja no habría estado de más… Con todo, hay que agradecerles que se entreguen en lo que hacen: no muchos habrían estado dispuestos a llegar a los límites a los que ellos llegan; y se nota que creen ciegamente en la función, porque de otra manera hubiera sido imposible.

Nada que objetar a la dirección escénica de Fran Arráez, que sabe manejar bastante bien los pocos recursos con que cuenta la esencial escenografía de Alberto Puraenvidia –apenas un sofá que hace las veces de coche, y dos reservados-, y navega sin miedo por la compleja última escena, mimando a sus actores en un montaje complicado.

Al final, esa sensación extraña de que se cuenta con un material interesante, pero sin embargo algo no termina de cuajar bien. Se han escrito ríos de tinta sobre lo elevado del tono de la última escena –con razón, lo es- pero creo que no deberíamos quedarnos ahí: al texto habría que pedirle una mayor profundidad psicológica, una profundidad psicológica que incluso acabe por dejar ese coito final en mera anécdota complementaria… Pero todo esto no está impidiendo que la cosa se esté saldando con un éxito de público y crítica muy importante, y quizá eso me generó unas expectativas previas que me jugaron una mala pasada… Para mí, ya digo, no aciertan como otras veces, aún reconociendo ciertos retazos de encanto en la propuesta.

H. A.

 

Nota: 2.25 / 5

“Autostop”, de Carlos Be sobre un relato de Milan Kudera. Con: Mentxu Romero y Juan Caballero. Dirección: Fran Arráez. THE ZOMBIE COMPANY.

Teatro Lara (Sala Principal), 4 de Febrero de 2014.

Anuncios
No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: