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‘Kafka Enamorado’, o entre dos pasiones

febrero 14, 2014

En estos tiempos de crisis, da gusto encontrarse con propuestas sencillas pero tremendamente eficaces, apoyadas en lo que debería ser siempre la base del buen teatro: un texto hermoso, que cuente cosas y merezca la pena. Acierta de pleno el Centro Dramático Nacional reponiendo en la pequeña Sala de la Princesa del Teatro María Guerrero Kafka Enamorado, un texto de Luis Aráujo que se estrenó con gran éxito la pasada temporada en esta misma sala, y que revisa la conflictiva relación amorosa de Franz Kafka con Felice Bauer. Una relación surgida de la casualidad, primero meramente epistolar y luego física; que se prolongó por cinco años, y en la que el escritor tendrá que enfrentarse –dentro de su compleja personalidad- a una dicotomía entre el placer que encuentra en el amor y el que encuentra en la creación literaria. Dos amores y dos placeres que el escritor vive con tal pasión que se vuelven incompatibles. Al ser incapaz de encontrar lugar para ambas pasiones, el tener que decidirse por una de ellos abocará irremediablemente al fracaso al otro… Esta situación colocará a Kafka en los límites de la cordura, antes de tomar una decisión que le obligue por fin a encontrarse consigo mismo y seguir viviendo.

La clave de este espectáculo está en su texto, en la humanidad con la que Luis Aráujo nos sirve una historia de amor tierna, intensa y creíble, aunque sea entre personajes que viven el amor de manera extrema; y nos presenta a un personaje que podría ser excéntrico, pero al que aquí comprendemos y justificamos en su complicada lucha que es absolutamente incapaz de resolver. Los diálogos son bellísimos, y pasan por toda una amplia gama de emociones: hay ternura, pasión encendida, tensión dramática y réplicas absolutamente devastadoras. El último encuentro entre Franz y Felice, por poner un ejemplo, contiene diálogos ciertamente devastadores. No es fácil conseguirlo, y aquí la fuerza del texto lo es todo: por la riqueza psicológica de los personajes, por su cercanía, por su manera directa de decir; y porque no renuncia a las imágenes poéticas. Es uno de esos textos que se agradece ver escenificados, aunque no requiera muchos alardes para su escenificación; pero también uno de esos textos que perfectamente resistiría una lectura dramatizada, porque la fuerza de la palabra lo hace todo.

Así las cosas –y más en una sala como esta, donde se actúa a escasos centímetros del público- la propuesta escénica de José Pascual deja todo en manos de la palabra. El movimiento es muy básico y no hay grandes alardes escénicos –tampoco en este espacio se puede…-, pero el texto se saborea con toda su fuerza, en toda su máxima expresión. Lejos de que pueda sonar a reproche, debo decir que a veces considero que es una opción inteligente saber quedarse en segundo plano, cuando está tan claro que la naturaleza del espectáculo radica básicamente en otras bazas…

Lo que sí hay es un elenco actoral sincero y expresivo, que sabe medirse bien en las distancias cortas: requisito indispensable para que esto funcione bien es dar con las personas justas que lo sepan transmitir como merece. Aquí las tienen. Mucho más atinado que en Bodas de Sangre hace tan solo un par de meses, Jesús Noguero construye un impresionante Kafka, todo pasión, arrebato y sinceridad. Su mirada –por momentos ilusionada, a veces derrotada y muchas veces directamente aterrada y aterradora al mismo tiempo- es ciertamente fascinante, y refleja a la perfección la delicada línea entre locura y cordura por la que Franz navega de manera constante. Un acierto y una gran creación. Pero, sin desmerecer, lo cierto es que si alguien destaca aquí sobre todo y sobre todos, desde la elegancia y la economía de medios, es la dupla que se marca Beatriz Argüello como Felice Bauer y Grete –la amiga de Felice, que aparece en forma de cameo-. Todo es tan sobrio en la actuación de Argüello, pero a la vez tan elegante, sincero y eficaz, que resulta imposible no caer rendido ante su interpretación: sus miradas, sus silencios, su manera de aguantar la tensión dramática de una forma tan estoica que hace que nos compadezcamos de la templanza que muestra Felice. Todo está ahí. Si algo se le puede reprochar es que quizá sea elegantísima hasta para perder los nervios cuando por fin Felice está a punto de tirar la toalla; pero da gusto encontrarse actrices así encima de un escenario. En fin, Chema Ruiz se encarga con corrección de varios personajes que se van cruzando por unas cosas o por otras en el periplo amoroso de Franz y Felice: no pretende destacar, porque parece perfectamente consciente de cuál es su lugar en esta historia; y esto es algo que también debe aplaudírsele.

Grandes ovaciones al final, para una de esas pequeñas joyas que se encuentran de vez en cuando en la cartelera madrileña, sin necesidad de grandes espacios ni de grandes nombres. Teatro breve, íntimo, sincero y directo. Apenas una hora, pero qué hora de poesía, de esas que no dan tregua. Teatro que habla de personas más que de personajes. Plenamente recomendable.

H. A.

Nota: 4.25 / 5

 

“Kafka Enamorado”, de Luis Aráujo. Con: Jesús Noguero, Beatriz Argüello y Chema Ruíz. Dirección: José Pascual. CENTRO DRAMÁTICO NACIONAL.

Teatro María Guerrero (Sala de la Princesa), 4 de Febrero de 2014

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