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‘A Medianoche’, o conexiones improbables

febrero 10, 2014

Después de una temporada inicial en el Teatro Maravillas, El Sol de York recupera para su cartelera A Medianoche, uno de esos espectáculos ideales para desconectar, sin mayores pretensiones que hacer pasar un buen rato al público, desde una escritura sencilla y directa. No siempre es fácil ofrecer un producto así de calidad; y sin embargo en esta función texto y versión se dan la mano para ofrecer un divertimento honesto: puede que no sea algo para recordar, pero cumple con la promesa de entretener y hacer que los espectadores se dejen los problemas en la calle durante un rato. No es poco elogio en su género.

Edinburgo en vísperas de la noche de San Juan. Esta es la historia de dos personajes extremos, sin nada en común pero condenados a encontrarse. Así, Bob –un calavera con una capacidad preocupante para meterse en todo cuanto problema encuentra- y Helena –una abogada pija e hipersensible con una dificultad preocupante para relacionarse-. Contra todo pronóstico, se encuentran una noche solos en un bar, deciden hacerse compañía y terminan en la cama… Todo parece indicar que la cosa se va a quedar en un polvo de una noche, pero el destino y la casualidad les tiene preparada una sorpresa que hará que Bob y Helena tengan que convivir en una historia conscientemente rocambolesca, que bien podría estar sacada de un guión de algún serial de Matt Groening. Humor directo, fácil y amable para crear una suerte de comedia romántica con un punto golfo, intercalada con canciones: dos seres que acaban teniendo más cosas en común de las que podrían pensar en un primer momento…

 

Dicho esto, puede que las situaciones sean previsibles, y todo conduce a un final previsible y de corte ciertamente cinematográfico, pero –como digo en el párrafo anterior- el resultado funciona bien, una vez que asumimos el género al que nos estamos enfrentando. En un ambiente macarra y distendido, salpicado de algún gag francamente bien traído, sin embargo se le puede reprochar al texto un pequeño giro moralizante al final en el personaje de Bob –como si de pronto quisiéramos justificarle-, que, sin embargo, creo que no viene muy a cuento con todo el tono anterior de la función: no parece que sea un texto como para pararse a juzgar los personajes, más aún considerando que los personajes piden en varios momentos la complicidad del público para confesarse ante ellos y pedirles opinión sobre sus actos.

Sin que el texto de David Greig sea gran cosa –no lo es-, sí hace mucho por el buen resultado del espectáculo el tono de la versión, apoyada en un minimalismo escénico que plantea Roger Orra, muy bien iluminado por Xabier Lozano. Un minimalismo que obliga a los espectadores a imaginar y a completar mediante imágenes mentales los espacios y personajes que solo aparecen evocados; y otorgando a la narración un aire estético de comic surrealista que se presta muy bien a la historia que se está contando. En este sentido, es inteligente la dirección de Roberto Romei; que consigue mantener la atención y darle fluidez al espectáculo, a pesar de los pocos elementos que maneja.

También ayuda a elevar la categoría del espectáculo lo entregados que resultan los dos actores, que se manejan cómodos con varios personajes –porque no solo son Bob y Helena, sino también toda una pléyade de personajes que se van cruzando con ellos en su periplo personal- y lo dan todo por la función. Nada haría pensar que Lisi Linder –que se incorpora al espectáculo en sustitución de la actriz que lo estrenó- fuese una recién llegada al espectáculo, porque trabaja con naturalidad, segura y convincente, mostrándose además versátil; en un registro muy diferente otros en los que la había visto antes. Puede que un punto de naturalidad – ¿es acaso una marca de dirección de la que la actriz recién llegada no se ha contagiado tanto?- le falte a Iñaki Font; que, aunque hace un buen trabajo, tal vez debería relajar el tono en algunos momentos, porque la parodia en el montaje surge por sí misma, no hace falta cargar las tintas. Hay que decir que se va encontrando conforme avanza la representación, y por eso debería poder eliminar ciertas estridencias iniciales, porque acaba encontrando el tono idóneo hacia la mitad del espectáculo.

La química entre ambos es evidente en escena; y se agradece, porque ayuda a crear muy buen ambiente. Los dos sirven razonablemente bien, además, las sencillas canciones -partituras de Gordon McIntyre- que salpican el espectáculo, con buenas interpretaciones a la guitarra en directo.

El público –muy entregado en función de estreno- ofreció el feedback necesario en una función que pide complicidad activa y aplaudió generosamente este espectáculo, fresco y recomendable para pasar un rato distendido; en el que, como digo, la versión y las interpretaciones acaban quedando muy por encima del texto en sí mismo.

H. A.

Nota: 3/5

 

“A Medianoche”, de David Greig. Canciones de Gordon McIntyre. Con: Iñaki Font y Lisi Linder. Dirección: Roberto Romei. TANTTAKA TEATROA / TANTARANTANA TEATRE / ALBENA TEATRE.

El Sol de York, 30 de Enero de 2014

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