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‘Montenegro’, o Valle bien mezclado y agitado

enero 20, 2014

Varias veces me he referido a las tremendas dificultades que tiene subir a escena con acierto cualquier material de Valle Inclán. Se nota que a Ernesto Caballero le gustan los retos, porque si ya es difícil escenificar con éxito una obra del autor gallego, más lo es la proeza de condensar las tres Comedias Bárbaras –ya saben: Águila de Blasón, Romance de Lobos y Cara de Plata– en un único espectáculo de tan solo tres horas y diez minutos. Esto es esencialmente Montenegro, y lo cierto es que, aunque hay cosas que pulir y que corregir también hay bastante para admirar, y el resultado es más que digno, con picos de notable.

La versión de Caballero empieza bien en su difícil trabajo de corta-pega entre las tres obras. No renuncia a tomar escenas entrelazadas de las tres obras, para crear su propio todo, ni tampoco a resumir o cortar pasajes con generosidad: de otra manera hubiese sido imposible llevar a cabo este espectáculo. Como la obra se titula Montenegro, son los conflictos que afectan directamente a Juan Manuel –casi omnipresente en escena y eje vertebrador de la versión- aquellos que aparecen reflejados con mayor detalle, puesto que la versión está planteada como un flashbacks del protagonista, que corre al encuentro de su esposa fallecida al comienzo de la función, para recordar todo lo pasado; hasta que la trama vuelve a llegar justo al punto de partida y de ahí transcurre hasta el final. Así, personajes como Sabelita o Doña María cobran todo su esplendor, mientras que algún otro personaje importante –Cara de Plata, sin ir más lejos- queda bastante desdibujado en el resultado con respecto a otros. Además, la necesidad de condensar el material obliga a Caballero a asumir que el público se trae las obras repasadas de casa: quien no las conozca bien podrá preguntarse qué ocurre con algunos personajes que súbitamente desaparecen para ser luego citados de pasada por algún otro personaje –o a veces ni eso…-.

Evidentemente, son cosas con las que hay que contar, porque tres horas sigue siendo muy poco tiempo para sintetizar todo el material. Así y todo, la cosa funciona bastante bien; si bien la segunda parte –que arranca con la llegada de Doña María al pazo de Juan Manuel- acusa ciertas caídas de ritmo que no se notaban en una primera parte que es más trepidante y más redonda en su acabado. La segunda, en la que de algún modo se puede decir que lo espectacular deja paso a lo puramente textual, tiene caídas de tensión bastante importantes. Con todo, pese a las irregularidades, Caballero ha salido de su difícil ejercicio de condensación de forma bastante más feliz de lo esperado. Pero hay que insistir: llévense las obras revisadas de casa para seguir la versión con mayor comodidad…

Para narrar el apogeo y caída de la saga familiar de Juan Manuel Montenegro en tiempo record, Caballero presenta una superproducción en toda regla: un reparto de nada menos que 21 actores –la mayoría doblando personajes, puesto que aparecen más de 40 sin contar los animales y las estatuas, que también corren a cargo de los propios intérpretes…- y un montaje que, sobre una escenografía única y sencilla de José Luis Raymond –una gran arcada que divide el escenario en dos alturas, y elementos de mobiliario- sí es un verdadero alarde en términos de iluminación, vídeo y efectos especiales –estupendo trabajo de Valentín Álvarez-. Los primeros quince minutos –con truenos, relámpagos, acróbatas colgantes y procesiones fantasmagóricas…- son visualmente espectaculares, y si es cierto que después la cosa se relaja –mantener ese nivel durante tres horas era imposible-, lo cierto es que es una producción visualmente muy cuidada, con momentos de gran aliento poético en su imaginario -esa barca en la tormenta, esas ánimas del purgatorio, esa romería…-.

Elegantísimo el variado y detallista vestuario de Rosa García Andujar, que recrea perfectamente con todo lujo de detalles esa Galicia profunda y clasista del XIX. De hecho, no renuncia a usar buena parte del cancionero popular gallego como parte de la banda sonora, casi siempre en boca de los propios personajes: quizás habrá gallegos que se rasguen las vestiduras, pero personalmente me ha parecido un recurso audaz y totalmente pertinente, resaltando aún más todo lo –mucho- que de “enxebre” tiene la trama. Menos feliz la música en directo, máxime cuando se superpone a una amplificación de todo el elenco exigida por las especiales características de este teatro a la que –no nos engañemos- cuesta un buen rato acostumbrase.

El todo puede parecer algo pretencioso por momentos –a veces lo es-, pero también atrapa visualmente porque apenas ofrece tregua al espectador: siempre pasan cosas, y las aglomeraciones –bien controladas por Ernesto Caballero en su eficaz dirección de actores- son frecuentes. Así y todo, se le va la mano en un par de detalles que atemporalizan la acción –tan bien ubicada en la Galicia del XIX- y que no vienen mucho a cuento y que hacen que aflore momentáneamente el espíritu de enfant terrible que últimamente siempre aparece con algún retazo en los montajes de Caballero –citemos dos a modo de ejemplo: esa virgen alegórica y casi cómica que se le aparece a Doña María y esos rebeldes vascos que suben cantando por la platea…-. Otro defecto: este montaje incide demasiado con las salidas de los personajes por la platea, sin que la mayoría de las veces sea necesario ni aporte gran cosa; ya ocurría en Doña Perfecta, y como el espacio del Teatro Valle Inclán se presta especialmente a estas prácticas, aquí sucede en mayor medida. En general no tengo ningún problema con integrar la platea como espacio escénico, pero si se hace debería aportar algo realmente necesario a la trama…

Hay de todo entre los 21 actores –no podía ser de otra manera- y es imposible nombrarlos a todos sin volver esta crítica interminable. Sí hay que citar obligatoriamente a algunos, por sus grandes interpretaciones. Por descontado hay que aplaudir el inmenso –por la calidad y por la duración- trabajo de Ramón Barea: un actor carismático y expresivo, de presencia y voz imponentes, que llena de autoridad a Don Juan Manuel, encontrando el punto justo entre nobleza y rudeza a la hora de recrearlo; y que aguanta perfectamente las más de tres horas sin abandonar prácticamente el escenario. Un gran acierto, y un trabajo que debería tenerse en consideración cuando haya que premiar a los mejores del año. También es espectacular el Fuso Negro que se marca Edu Soto, en una creación durísima a nivel físico y expresivo que consigue momentos ciertamente inquietantes: se nota que es todo un actor de raza, y se roba la atención en cada aparición. Su entrada por la platea en cierto momento de la representación causa auténtico escalofrío…: bravo. Regia y elegante la Doña María de Yolanda Ulloa –que encuentra su justa contraparte en autoritaria Roja de Mona Martínez- fascinante en su poético patetismo la Sabelita de Rebeca Matellán –otro de los mejores trabajos del montaje-, carismática la Pichona que se marca Esther Bellver; poderosa y llena de carácter la Liberata de Pepa Zaragoza; y muy entregado el Don Galán de Janfri Topera. Sin que ninguno de los demás desmerezca especialmente, sí que hay un escalón por debajo de los citados: en algún caso –David Boceta, que interpreta acertadamente lo que le han dejado de Cara de Plata…- puede que el que la adaptación haya reducido a algunos personajes a lo esencial influya en que los intérpretes no destaquen especialmente.

La respuesta del público fue muy cálida en la función en la que asistí, y el resultado final hace que estemos ante un buen espectáculo, aunque no sea del todo redondo: la narración podrá ser más clara, el reparto más cohesionado y sobran algunas salidas de tono; pero hay espectáculo que engancha, algunas grandes interpretaciones, y Caballero ha sabido sacar delante de manera mucho más que satisfactoria un proyecto ambiciosísimo que podría haber naufragado como los marineros que acompañan a Don Juan Manuel. No ha sido el caso, y ya solo por eso hay que aplaudir el resultado final. Así y todo, la ambición de este proyecto llega incluso más lejos: pronto girará por el país este espectáculo de gran formato; estén atentos.

H. A.

Nota: 3.75 / 5

 

“Montenegro”, adaptación de Ernesto Caballlero sobre las “Comedias Bárbaras”, de Valle-Inclán. Con: Ramón Barea, Rebeca Matelán, Yolanda Ulloa, Alfonso Torregrosa, Edu Soto, David Boceta, Janfri Topera, Esther Bellver, Mona Martinez, Pepa Zaragoza, Silvia Espigado, Fran Antón, Javier Caramiñana, Bruno Ciordia, Toni Márquez, Iñaki Rikarte, Juan Carlos Talavera, Paco Déniz, Marta Gómez, Carmen León y José Luis Sendarrubias. Músicos: Javier Coble y Kepa Osés. Versión y dirección: Ernesto Caballero. CENTRO DRAMÁTICO NACIONAL.

Teatro Valle-Inclán, 12 de Enero de 2014

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