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‘Carlota’, o maneras de reír

enero 14, 2014

No cabe duda de que el Centro Dramático Nacional se ha apuntado un tanto importante propiciando el regreso a los escenarios de Carmen Maura tras una larguísima temporada de ausencia. Así presentado, uno debería pensar que la institución va a poner todos los medios a su alcance para hacer de esta propuesta uno de los acontecimientos teatrales de la temporada. El título escogido, Carlota, recupera a Miguel Mihura –uno de los grandes autores teatrales de nuestro país, que debería aparecer con mayor frecuencia en esta compañía- en una de sus obras más difíciles de llevar a escena. El éxito de público está siendo incuestionable –las localidades agotadas cada noche con mucha antelación-, pero, sin embargo, conviene hacer alguna matización acerca del resultado de las funciones.

Carlota no solo es un texto complejísimo dentro de la producción teatral de Mihura –porque se distancia de esa “alta comedia” en la que se suele mover el autor para adoptar un tono mucho más oscuro, casi de “comedia negra” pura-, sino que además dista de ser, en mi opinión, uno de sus trabajos más redondos –sin ir más lejos, El Caso de la Mujer Asesinadita me parece un texto superior dentro de las semejanzas que hay entre ambos-. Poner en escena Carlota implica la toma de toda una serie de decisiones de las que quizá la más difícil sea saber equilibrar la balanza para que comedia –que la hay- y drama y misterio –que también los hay con generosidad- se den la mano de la mejor manera posible. De hecho, hay mucho humor en Carlota, pero no es humor fácil, sino decididamente irónico, fino y sutil; casi pariente del humor inglés: me atrevería a decir que lo verdaderamente importante en esta obra es la intriga.

Mariano de Paco enfoca su versión de una manera muy cinematográfica, como si de una película de suspense se tratase: no en vano, la representación se abre con unos títulos de crédito dignos de cualquier película de Alfred Hitchcock. La escenografía sobria y desnuda de Felipe de Lima también se mueve en esa dirección: han diseñado una casa elegante, pero a la vez fría y parca en mobiliario; en la que a pocos les gustaría realmente vivir. Todo envuelto en una fantástica iluminación de Nicolás Fistchel. Sin embargo y contra todo pronóstico –quizás con cierto afán de ofrecer una lectura más “comercial” de la pieza-, a la hora de enfocar a los personajes, De Paco parece ir contra esta atmósfera inicial, tratando de enfatizar especialmente y como sea los aspectos más cómicos de la trama, como si en Carlota –que no es tan comedia como otras de Mihura- hubiese que conseguir que el público se riese a toda costa con una cierta constancia. En este sentido, tal vez se le vaya un poco la mano -consciente o inconscientemente-: el humor de Mihura es lo suficientemente fino como para dejarlo fluir por sí solo, y algunas situaciones y personajes que la dirección escénica enfatiza pierden credibilidad –y hasta comicidad- precisamente por excesivas. Es cierto que el público se ríe, pero creo que todo debería haberse enfocado desde una óptica más lúgubre, más sobria y hasta más “inglesa” para conseguir el verdadero propósito que buscaba Mihura cuando escribió esta obra. Dibujar a Charlie Barrington –el marido de la protagonista- como un cobardica con mucho de pusilánime va en contra del desarrollo del personaje en sí mismo, por poner un ejemplo Es una lástima, porque a pesar de esto la función está bien enfocada, y la atmósfera de comedia de misterio bastante conseguida; pero algunas concesiones a la comedia más obvia resultan bastante fuera de lugar.

Así las cosas, los actores tienen que luchar con este enfoque en el que tiene tanto peso la comedia, y unos salen mejor parados que otros. Que Carmen Maura sea la protagonista del montaje no implica ni mucho menos que sea su razón de existir: no en vano, Carlota es una función fundamentalmente coral, por más que se hable del asesinato de la protagonista. No me malinterpreten: la señora se sale haciendo lo que mejor sabe hacer. Los que sean fans de la manera de trabajar de Maura –me cuento entre ellos- disfrutarán con una interpretación marca de la casa: su Carlota es irónica, pícara, juguetona y siempre elegante; y hasta se permite ciertos guiños a la galería homenajeando trabajos pasados con alguna coletilla. Es Carmen Maura en estado puro, domina el escenario como si siempre hubiese estado ahí arriba, y solo hay que lamentar la brevedad de la parte –está en escena aproximadamente la mitad de la función, hasta puede que algo menos-. Un dato que hay que apuntar tratándose de una estrella de cine: dicción y proyección son absolutamente irreprochables sobre un escenario. Si Alberto Jiménez –estupendo actor, como ya ha demostrado muchas veces- no consigue brillar puede que no sea tanto por su culpa como por la composición bastante errática que escoge el montaje de su personaje: hace muy bien lo que se le pide; pero choca verle convertido en un personaje bufo de sainete, sobre todo si se conoce el texto previamente. En el otro lado de la balanza está la estupenda creación que del detective Douglas Hilton hace Alfonso Vallejo, todo un ejercicio de contención expresiva y elegancia, con una presencia muy adecuada al personaje.

Del resto del reparto destacan la hermética Velda Manning de Pilar Castro –actriz fantástica que demuestra que es un animal de teatro por camaleónica-, llenando el escenario con su sola presencia y lo bien perfiladas que están las dos amigas de Carlota: son Natalia Hernández (Miss Margaret) –una de esas bestias de la comedia, que vuelve a hacer gala de su vis cómica, y es capaz de salir a bien hasta de un número musical bastante imposible que no viene a cuento…- y Antonia Paso (Mrs. Christie) –que sabe sacar auténtico oro de la escena de su encuentro con Carlota-: en ambas hay que aplaudir que han sabido encontrar el punto exacto de comicidad en sus estereotipados personajes, pero sin pasarse; es así como estos dos personajes alcanzan su máximo esplendor. El resto del reparto masculino se mueve entre lo correcto y lo discreto según los casos en papeles que –por unas cosas o por otras- aparecen peor perfilados psicológicamente que las mujeres.

En cualquier caso, esta función se ve con agrado, está bien ejecutada e interpretada y cumple su triple función: la de propiciar el regreso de una estrella de la interpretación a las tablas, repescar a Mihura para la más importante institución de teatro española y ofrecer al público un espectáculo entretenido. Ahora bien, si el enfoque de dirección hubiese dejado que algunas cosas fluyesen por sí mismas –se puede hacer-, el resultado hubiese sido aún más redondo; claro que quizá también algo menos comercial…

H. A.

Nota: 3.25 / 5

 

“Carlota”, de Miguel Mihura. Con: Carmen Maura, Alberto Jiménez, Pilar Castro, Alfonso Vallejo, Natalia Hernández, Jorge Machín, Carlos Seguí, Vicente Díez, Antonia Paso y Pedro G. de las Heras. Dirección: Mariano de Paco. CENTRO DRAMÁTICO NACIONAL.

Teatro María Guerrero, 8 de Enero de 2014

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