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‘Doña Perfecta’, o perfecta imperfección

noviembre 12, 2013

La política de reposiciones del CDN en la presente temporada –tan criticada por algunos- está permitiendo que los foráneos podamos recuperar montajes importantes del ciclo anterior, como es el caso de la adaptación de Doña Perfecta de Pérez Galdós que firma Ernesto Caballero –si no me equivoco, éste fue su primer proyecto propio como director de la institución-, que vuelve a presentarse estos días en el Teatro María Guerrero.

A pesar de que Pérez Galdós concibió en su momento una versión teatral de su novela, Caballero ha preferido presentar su propia lectura personal, en una versión bastante recortada del original en la que hay soluciones para todos los gustos. La puesta en escena de Ernesto Caballero –que juega con un escenario giratorio de José Luis Raymond, e integra palcos y platea en la acción, sin que siempre sea necesario hacerlo- es visualmente atractiva y sugerente; y está muy bien iluminada por Paco Ariza, en una estética oscura a medio camino entre el realismo y el cuento. Hay soluciones videográficas –de Álvaro Luna-, que recuerdan bastante a los trabajos de Gerardo Vera en esta misma casa: algunas son audaces –ese loro gigante que preside la casa-, y otras más discutibles –la proyección del título…-. Hay además detalles de teatro que funcionan muy bien, como ese tren de juguete que atraviesa el escenario nada más comenzar la representación ante la atenta mirada de las Troyas, como símbolo de la llegada de Pepe Rey, en una escena hermosísima.

Hay que decir que la función se va viniendo arriba, se va encontrando conforme avanza y tiene momentos de gran altura –el enfrentamiento de Doña Perfecta y Pepe Rey o las últimas escenas de Remedios, por ejemplo, justifican la visión del espectáculo por sí solos-; pero también importantes caídas de tensión sobre todo hacia la primera parte –la de corte más costumbrista-. Solo cuando aflora el drama la cosa empieza a remontar verdaderamente. Y, sin embargo, guste más o guste menos; todo lo que sucede en escena es tan teatral que parece que la obra haya sido pensada originalmente para este formato.

Además, en su fidelidad general hacia la narración de la novela –bastante marcada-, Caballero se ha dejado por el camino sin embargo pasajes fundamentales: la función acaba con el asesinato de Pepe Rey –se ha buscado cerrar en un momento especialmente climático-, y se prescinde del epílogo, que considero importante para entender el mensaje de la obra. Además, los amplios saltos temporales que usa Caballero para explicar la historia no siempre tienen una justificación lógica: es complicado querer argumentar que Doña Perfecta es una historia “de hoy” o intemporal, porque está muy apegada a una época concreta. Por otro lado, nunca he sido especialmente partidario de bajar personajes a la platea si no es con un motivo poderoso: aquí, las carreras por el pasillo central no siempre aportan algo –mejor resuelta y más coherente resulta, sin embargo, la escena de Remedios con las Troyas en el balcón desde un palco de platea-. Así pues, la propuesta, pese a tener sus aciertos, peca de cierta irregularidad global.

También el reparto es tan amplio como irregular. Está extraordinaria Lola Casamayor como Doña Perfecta, porque se mueve en un abrir y cerrar de ojos de la beata meapilas que parece incapaz de romper un plato a la tigresa dispuesta a cualquier cosa por defender lo que es suyo: pura ira inesperada que te encoge en la butaca. La construcción del personaje es excelente, y encuentra momentos de fortísima tensión dramática –pero siempre convincente- hacia el final, cuando baja a la platea dispuesta a todo y con los ojos inyectados en ira: ya lo digo, no suelen gustarme las bajadas a la platea porque sí; pero he de reconocer es un gustazo sensacional ver esa mirada de ira final tan de cerca. ¡Qué actriz formidable! Le da perfecta y sincera réplica un Roberto Enríquez del que nadie diría que es un recién llegado a esta producción en sustitución del actor que se encargaba de este papel anteriormente. Aparece  elegante, segurísimo y contundente como un Pepe Rey que pisa el escenario con fuerza; y de voz perfectamente proyectada: en el enfrentamiento entre ambos, cuando por fin ponen las cartas sobre la mesa, como ya he dicho más arriba, saltan chispas, porque hay dos actores de verdadera raza venidos arriba.

Entre el comprimariado, amplísimo, hay que destacar sobre todo tres trabajos: el excelente Don Inocencio de Alberto Jiménez –de un histrionismo patético perfectamente medido, y en un registro muy diferente a otros trabajos suyos-; el divertidísimo Don Cayetano de José Luis Alcobendas –uno de esos actores que siempre destacan con lo que les toque en suerte, dando aquí otra muestra de ello -, y la rotundidad con la que Belén Ponce de León –otra eterna secundaria que nunca se conforma con la mera eficacia, y siempre avanza con seguridad hacia el sobresaliente- erige a Remedios en auténtica protagonista, solo con emplear el último tercio de la función; en un trabajo que ha de figurar entre los mejores del reparto, por tener una fuerza de rompe y rasga.

El resto del elenco –7 actores más en roles de mayor o menor envergadura; por lo que comentar el desempeño individual de cada uno haría estas líneas interminables…- se mueve en general en una línea más irregular, con trabajos mejores y trabajos peores; bien porque no tienen los perfiles necesarios para el personaje, o bien porque les falta profundidad psicológica, o trabajo de identificación con el personaje. Este es otro aspecto que resta puntos al espectáculo; y es una pena porque, como digo, hay interpretaciones francamente notables dentro del conjunto.

Función de domingo, teatro apenas mediado, y aplauso frío –poco más que de cortesía- para una función compleja, atrevida y con ideas que, sin embargo, no siempre termina de encontrar el vuelo y tiene alguna que otra imperfección. Así y todo, no deja de tener cierto interés.

H. A.

Nota: 3/5

 

“Doña Perfecta”, adaptación de Ernesto Caballero sobre la novela de Benito Pérez Galdós. Con: Lola Casamayor, Roberto Enríquez, Alberto Jiménez, Belén Ponce de León, Karina Garantivá, José Luis Alcobendas, Jorge Machín, Toni Márquez, Diana Bernedo, Julia Moyano, Vanessa Vega y Paco Ochoa. Dirección: Ernesto Caballero. Centro Dramático Nacional.

Teatro María Guerrero, 3 de Noviembre de 2013.

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