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‘La Llamada’, o y el séptimo Dios cantó

noviembre 2, 2013

Ya son unas cuantas las funciones que, tras arrasar en el hall del Teatro Lara en una temporada breve, han conocido una segunda vida igual de exitosa en la sala grande. Así empezó La Función por Hacer, así triunfó Los Miércoles no Existen, y ahora es el turno de La Llamada, el musical escrito por Javier Ambrossi y Javier Calvo, que protagoniza Macarena García. Tenía muy buenas referencias de su primera etapa en el hall, pero reconozco que también ciertas reticencias hacia lo que a priori pintaba como un coctel extrañísimo. Me cerraron la boca.

Hay espectáculos que funcionan sin que uno sepa muy bien por qué. Apuesto a que si les digo que aquí conviven en perfecta armonía Whitney Houston, Presuntos Implicados, Juan Magán y temas católicos como “Viviremos Juntos en la Fe” enmarcados en un argumento delirante, más de uno fruncirá el ceño. Y, sin embargo, casi contra cualquier pronóstico, esta pequeña función de extraños ingredientes consigue que el teatro en pleno termine en pie, volcado con lo que está viendo. Puede que se pregunten cómo es posible que se estén divirtiendo con lo que ven, pero les garantizo que se divertirán.

Dos adolescentes salidas que sueñan con triunfar en la música e integran un grupo de electro latino están pasando una temporada en un campamento católico en medio de la nada. Lo normal: se fugan cada noche para ir a perrear a la platea –quiero decir a la discoteca, claro-, intentan sin éxito ligarse a algún productor que las lance al estrellato musical y regresan al amanecer borrachas o resacosas, con el consabido broncazo. Y todo transcurre sin novedad, hasta que de pronto a una de ellas se le aparece Dios por las noches cantando canciones de Whitney Houston, vestido en frac y envuelto en humo desde lo alto de una escalera que conecta el primer piso de palcos con la platea, como si de una especie de Tom Jones se tratase: vamos, está claro que, para los autores de La Llamada, Dios debió dedicar el séptimo día a cantar más que a descansar. Estas apariciones provocan un arrebato de fe en María Casado, que cambia los focos de la discoteca por la soledad de su cuarto. Por si esto fuera poco, Susana Romero se enfrenta a una súbita crisis de identidad por motivos que es mejor no desvelar, en la que acaba siendo una de las mejores tramas del espectáculo. El cuadro se cierra con una joven monja a caballo entre la fidelidad a sus votos y un pasado musical que se quedó por el camino; y la nueva superiora, que intenta poner orden, pero enseguida comprende que tener a una discípula recibiendo las visitas del altísimo es un filón que hay que explotar de alguna manera.

Puede que leyendo el párrafo anterior se estén planteando si todo esto no será una locura o una ida de olla importane. Probablemente lo sea, y a mucha honra, porque, a pesar de los pesares, es casi imposible no dejarse arrastrar. Calvo y Ambrossi -dueños de una imaginación verdaderamente desbordante puesta al servicio de la comedia- parecen perfectamente conscientes de la astracanada que están levantando, y han escrito un texto sin complejos, sin miedo a que cada situación sea más delirante que la anterior, y posiblemente sin otra pretensión que arrancar la carcajada precisamente a través de esa especie de delirium tremens en que se convierte todo. Una vez que se entra en su juego el resultado es muy gratificante, y es que precisamente es el exceso presente en algunas escenas lo que hace que sea imposible no carcajearse. Es situación delirante tras situación delirante y sorpresa tras sorpresa; y cuando uno cree que ya lo ha visto todo, los autores aún se guardan un as en la manga: el hit de Suma Latina “Lo Hacemos y ya vemos”, que hay que ver la que lían en un momento… Lo mejor de todo es que toda esta locura tiene múltiples lecturas posibles –es el espectador el que decidirá si leer el espectáculo como un canto a la amistad, como una comedia ligera, como una crítica a ciertos sistemas religiosos o como una suma de todo lo anterior…-, y que el resultado no es nada pretencioso, sino más bien muy honesto: la pretensión es hacer que el público se divierta durante un par de horas, sin más; y el propósito se consigue. Sobra decir que cuando se maneja un material tan conscientemente excesivo hay que saber batirlo sin que se vaya de las manos, y aquí todo fluye con una naturalidad pasmosa, por más que pueda parecer recargado.

Hay más: como ocurría con la versión musical de ¡Ay, Carmela! que Andrés Lima presentó hace unos meses, La Llamada es más una obra de teatro de texto con música que un musical al uso. La mayoría de las canciones –casi todas sobradamente conocidas por el público- están planteadas como tal, y llegan cuando algún personaje tiene la necesidad real de cantar, lo que da bastante agilidad al discurso argumental. Hay un par de excepciones a esta regla –la balada que le canta María Casado a Dios, de escritura original, resulta un poco metida con calzador dentro del contexto, y casi se podría cortar…-, que quizá sean momentos que se podrían revisar para redondear el todo. También comparte este espectáculo con aquella versión de ¡Ay, Carmela! optar por una pequeña banda –4 músicos-, en vez de un gran conjunto. Es curioso, pero tengo la sensación de que en España funcionan mejor –y resultan más honestos- los musicales de pequeño formato que las grandes producciones: sin duda alguna La Llamada es otro ejemplo de ello.

Todo esto enfocado desde un minimalismo escénico que suplen con mucha imaginación, integrando toda la platea como parte del espacio de acción con frecuencia, en lo que es un espectáculo de “inmersión total”: absolutamente todos los personajes bajan a la platea en algún momento, y es en la platea donde transcurren algunos de los puntos álgidos, lo que provoca que sea imposible no dejarse arrastrar por el optimismo y la alegría de vivir que respira todo el conjunto. Este doble plano platea-escenario provoca que la función –dirigida por los propios autores- tenga un ritmo frenético que no decae casi en ningún momento; y ayuda claramente a encender al público.

Es una función dificilísima para los actores, porque es muy difícil tomarse esta locura tan en serio como para que lo que hacen parezca normal: si se pasan o se quedan cortos, el asunto pierde el chiste. Aquí hay cinco intérpretes que creen ciegamente en lo que están haciendo, y dan más la impresión de pasárselo en grande que de estar trabajando. Otra virtud. Que Macarena García tiene una de las miradas más luminosas y fascinantes de la interpretación actual en España no es algo que tenga que venir yo a descubrir a estas alturas; pero por si alguien tiene dudas, aquí va a bajar a mirarles cara a cara varias veces, para demostrarlo una vez más. Se agradece también la espontaneidad y el nervio absolutos con los que trabaja, desde la sinceridad más absoluta: hay luz y hay verdad. Me quedo con las ganas de ver algo más de Andrea Ros, porque, desde un aparente segundo plano, le han escrito un personaje que es un bombón –seguramente el más complejo de todos-, pero no está todo lo desarrollado que podría a nivel de trama, quizás por una cuestión de duración del espectáculo. Ros defiende la parte de Susana con convicción y fuerza arrolladora; pero sinceramente creo que el personaje da para más. Puede que sea conveniente recuperarlo en alguna clase de spin-off de cara al futuro, ya sea un “¿qué fue de?” o un “¿cómo llegó hasta aquí?”. La actriz lo merece, y lo dejo como idea. Tanto ella como García aportan el punto justo de sensualidad a sus personajes cuando la situación así lo requiere. Desconocía por completo el potencial cómico –ataque de risa incluido- de Belén Cuesta –aquí una especie de mezcla entre Gracita Morales y María León-, como su capacidad para el canto –es casi la mejor cantante del reparto-. Apunten su nombre. Veteranísima en estas lides, Gracia Olayo se maneja bien y con seguridad en el histrionismo de Sor Bernarda –otro personaje en el que si te pasas de rosca, te caes con todo el equipo, cosa que a ella no le pasa-; pero no puedo evitar imaginar cómo debió estar Llum Barrera –creadora del papel y única baja de esta reposición-, porque el rol parece escrito a su medida…

Párrafo aparte para Richard Collins-Moore, que empieza a ser motivo más que suficiente como para justificar la visión de un espectáculo. La arma con cada nuevo personaje, y este no es la excepción: obligado a permanecer toda la función en una escalera en mitad de la platea, sus excelentes versiones de Whitney Houston podrían ser grabadas en disco sin desmerecer. Es sin duda el puntal y la razón de ser de la función: han dado con la persona exacta para hacer esto, y montar La Llamada sin él parece casi inconcebible.

Y todo esto envuelto en un espectáculo sencillo, casi lowcost, sin otra pretensión que el divertimento –como tal hay que encajarlo-, y que parece pensado para tiempos de crisis a nivel de producción. El Lara es una auténtica fiesta y el público acaba aplaudiendo en pie. La cosa funciona, indudablemente. Seguramente se podrá reajustar la duración, y cuidar un poco más la amplificación, a veces algo excesiva –no hay que olvidar que el teatro es pequeño-, pero estamos ante una buena propuesta para desconectar, y dejarse llevar un rato por la estética freak. Ah, una última cosa: procuren no llevar gafas si están en platea, porque la humareda que les regalan cada vez que aparece Dios es bastante curiosa, y se las tendrán que acabar quitando a los pocos segundos del arranque. Pero si acuden con la mente abierta y sin complejos, saldrán del teatro con las pilas cargadas.

H. A.

Nota: 3.75/5

“La Llamada”, de Javier Ambrossi y Javier Calvo. Con: Macarena García, Gracia Olayo, Richard Collins-Moore, Andrea Ros y Belén Cuesta. Dirección: Javier Ambrossi y Javier Calvo.

Teatro Lara (Sala Principal), 27 de Octubre de 2013.

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2 comentarios leave one →
  1. Richard Collins Moore permalink
    noviembre 2, 2013 15:56

    Someone is a very happy man today. Thank you so much.

    • noviembre 4, 2013 21:49

      OMG, que mi blog también ha recibido la llamada de Dios!!!! My pleasure, Lord!
      Repito que me suelo quitar el sombrero con TODO lo que haces. Gracias por tu mensaje, gracias por tu talento y gracias a toooodo el equipo de ‘La Llamada’ por rehabilitar el género del musical en España demostrando que se pueden levantar cosas bien hechas y sencilas cuando hay ideas!
      Ya sabéis: compartid y difundid lo que queráis!
      H.

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