Skip to content

‘El Veneno del Teatro’, o jugando a buscar el método

octubre 20, 2013

La presente reposición de El Veneno del Teatro (El Verí del Teatre, 1978), de Rodolf Sirera, trae consigo una serie de marchas o regresos que la convierten en un acontecimiento importante del panorama teatral español: es el regreso a los escenarios de Miguel Ángel Solá tras los éxitos de Hoy: El Diario de Adán y Eva y Por el Placer de Volver a Verla, podría ser una de las últimas producciones de Concha Busto –que ha anunciado su retirada- y es, ante todo, la primera producción que dirige Mario Gas tras dejar la dirección del Teatro Español.

El clásico de Sirera es un complejo texto que mezcla –en apenas una hora y cuarto- el thriller, el metateatro y el debate sobre la técnica y el método actoral. En este debate está la verdadera razón de existir de esta pieza, que presenta a un noble que ha citado a un famoso actor en su palacio para que represente para él una obra de autoría propia sobre la muerte de Sócrates. Enseguida surgen los diferentes puntos de vista: ¿están caducas las convenciones del teatro clásico? ¿Puede un actor representar de forma convincente aquello que no ha experimentado en la realidad? ¿Es correcto que un intérprete se distancie emocionalmente del personaje? ¿Cómo se busca la verdad en el escenario? Actor y Marqués se enzarzan en una discusión en la que van apareciendo todas estas cuestiones, antes de que el thriller en sí mismo arranque cuando el Marqués proponga al Actor un sádico juego contrarreloj para probar su capacidad interpretativa mediante lo que el Marqués denomina “un experimento fisiológico aplicado a la técnica del actor”. Un juego en el que la realidad, la ficción, las identidades y los puntos de vista se encuentran en constante cambio hasta el último segundo.

Pero, como digo, más que un thriller en sí mismo, lo importante de este texto es el amplio debate sobre técnica y método, que ocupa buena parte de la función –más de la mitad de los 80 minutos de la obra- e interesará especialmente a aquel público que sea auténticamente de teatro y tenga una visión crítica y analítica –el público preocupado por el “hecho teatral”-, así como a intérpretes y creadores: puede que los más profanos, los que vayan al teatro buscando un mero divertimento de ficción –que, obviamente, los hay- se vean algo desbordados por la conversación –no exenta de tecnicismos- y ya se hayan distanciado emocionalmente del asunto cuando el conflicto en sí mismo arranca, bien pasada la media hora. Pero los que gusten de este tipo de tecnicismos metódicos, o alguna vez se hayan cuestionado las reglas de la verdad escénica se lo pasarán en grande; puede que más con el debate que con el conflicto en sí mismo, que quizá podría estar más desarrollado dada la relativa brevedad del texto. Esto es, sobre todo, teatro para gente de teatro.

Dicho esto, la versión que dirige Mario Gas parece querer dejar que el público saboree el texto –cosa importante en este caso-, porque se apoya en una escenografía mínima –puerta, ventana, sofá, sillas y mesa con licores- de Paco Azorín, muy bien iluminada por Cornejo; y ofrece un espectáculo sobrio y frío, con buen dominio de la pausa y el silencio como recurso dramático. En otras manos, esta misma función posiblemente hubiese durado un cuarto de hora menos, pero este ritmo premeditadamente lento que imprime Gas ayuda tanto a crear la atmósfera misteriosa que tan bien le va al thriller como a hacer que el espectador digiera un texto que invita muchas veces a la reflexión técnica y teórica. Sí es cierto que seguramente esta misma propuesta luzca mejor en salas pequeñas que en un teatro de 800 localidades como es este; pero lo potente del proyecto probablemente impida presentarlo en una sala de menores dimensiones.

Como sucede en cualquier thriller, los dos personajes están llenos de aristas, pasan por diferentes estados de ánimo –casi siempre extremos- y se guardan ases en la manga que van saliendo a la luz conforme avanza la función. Esto hace que se necesiten dos actores de raza para levantarla. Miguel Ángel Solá vuelve a dar –una vez más, y van ya…- una lección de absoluta elegancia escénica y saber estar teatral, pasando de la pusilanimidad inicial del supuesto mayordomo encogido a la fiereza del poderoso excéntrico que domina la situación en cuestión de segundos, de manera completamente convincente, sin perder nunca la elegancia y transmitiendo la sensación de extrema facilidad para hacer todo aquello que hace hace, si bien no escapa de un par de despistes con el texto que no ensombrecen sin embargo su extraordinario trabajo de caracterización psicológica. A Daniel Freire le toca en suerte un papel dificilísimo, por la amplísima paleta de sensaciones por las que ha de atravesar, en un personaje que está casi siempre puesto al límite: la distancia con respecto a Solá es importante –difícil que no lo fuese- pero mantiene el tipo y demuestra que, a pesar de su amplia experiencia en televisión, también sabe cómo pisar el escenario: ahora bien, quizás podría suavizar algún exceso y –sobre todo- trabajar mejor las capitales diferencias que existen entre las varias veces que ha de escenificar la obra del Marqués y lo que sucede al final; porque no siempre se observa una diferencia clara en el actor entre lo que es “real” y lo que es “falsa realidad” –lamentablemente, explayarse más en este punto implicaría peligrosos spoilers…-. En su favor hay que decir que el papel es complejísimo, y que lo saca adelante con bastante dignidad, aunque la historia pida un fuera de serie que brille en un personaje repleto de contradicciones.

Tras un fallo en la iluminación que provocó un final abrupto -reconocido por Solá al terminar la función- hubo aplausos más corteses que entusiastas de un público que quizá no supo cómo reaccionar ante un texto que, insisto, es todo un tratado sobre método teatral más que un thriller en sí mismo, y por tanto serán los interesados en técnica y método los que más la disfruten. La función, con todo, es elegante, estética, y está notablemente realizada y ejecutada.

H. A.

Nota: 3.5 / 5

 

“El Veneno del Teatro”, de Rodolf Sirera. Con: Miguel Ángel Solá y Daniel Freire.  Dirección: Mario Gas. CONCHA BUSTO PRODUCCIONES.

Teatro Rosalía de Castro (A Coruña), 18 de Octubre de 2013.

Anuncios
No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: